ROBERTO DÍEZ YAGÜE
PALMA.- Él no
se acuerda, pero todo comenzó soplando
cinco velas de una tarta. Entonces el
pequeño Ángel miró a su padre y le espetó:
«Papá, ¿sabes que deseo he pedido? Ser
piloto de motos». Ahora el chaval está a
punto de cumplir los 12 y vislumbra un
futuro prometedor a los lomos de una
motocicleta.
Ángel Poyatos (Palma,
1985) compite desde hace tres años en la
Cuna de Campeones-Copa Bancaja, donde ha
destacado hasta el punto que es el único
que ha recibido beca completa durante las
tres ediciones. En cuanto cumpla la docena
de primaveras, dará el salto a 125 cc para
competir en el potentísimo Campeonato de
Cataluña. «La intención es correr también
el de Baleares», apunta Miguel Ángel, el
padre que, sin embargo, es consciente de
que todo pasa por cruzar el charco. «En
Cataluña hay un nivel enorme. Compiten 90 y
unos 50 se quedan fuera», añade.
La
siguiente estación será, a los 14 años, el
Campeonato de España, pero eso ya es otra
historia. «Ahora ya empieza a ser caro»,
lamenta Miguel Ángel, que no desaprovecha
ninguna ocasión para buscar posibles
patrocinadores. Él ha guiado desde el
inicio de los tiempos la carrera de su
hijo. «Yo le dije desde el principio que le
ayudaría en todo lo que pudiera, pero había
que tomárselo en serio, que no era un
juego», detalla. Por eso fijaron un día
fijo de entrenamiento con la moto -el
miércoles-, a los que se añaden varios
fines de semana, sesiones de trabajo con un
preparador físico, footing y salidas
en bicicleta.
«Del trabajo sacas el
beneficio». La máxima del padre ha quedado
grabada a sangre y fuego en el hijo, así
que lo repite en cuento puede. «¿Ser
campeón del mundo? Por qué no, pero tengo
que seguir trabajando duro», asegura
sonriente mientras juguetea con un colgante
recuerdo de Formentera. De hecho, ha
mejorado notablemente en el colegio desde
que sus correrías con la moto van en serio.
«Cuando empezó con las minimotos, en
Porreres Sense Barreres, ya le exigían
aprobar todas las asignaturas, pero tras ir
por primera vez a la Copa Bancaja, dio un
cambio. Simplemente aplicó esta filosofía
también a los estudios», asegura su
progenitor.
Cubierta la retaguardia
de los estudios, el objetivo ahora es
mantener la línea ascendente, aunque no
haya pepino de por medio. Ha estado
a punto de abandonar en la Copa Bancaja
porque le ha tocado por sorteo una moto del
pelotón de las lentas, que marchan tres
segundos por debajo de las buenas.
«Conduzco mejor, pero voy más lento». Ésa
es la paradoja de su tercer año en la Cuna
de Campeones. «Incluso Bancaja ha llamado
para disculparse, pero es que a estas
edades pasar un año como este puede hundir
al chaval», afirma Miguel Ángel.
La
etapa en la Copa Bancaja ha terminado y
llega la hora del salto a Cataluña.
«Tenemos alguna propuesta y esperemos poder
compaginarla con el Mallorca New Limit, que
es nuestro equipo ahora mismo», señala el
padre de esa pequeña promesa que luce una
tímida sonrisa. Parece mentira que este
ángel -nunca mejor dicho- se transforme en
un gladiador del asfalto. No ha cumplido
todavía los 12 años, pero ya se ha curtido
en batallas con chavales más mayores que él
durante los campeonatos de Baleares. En su
primer contacto con una 125 cc -este año en
Mallorca-, ganó la carrera con 16 segundos
de ventaja. Su estatura ya está pidiendo a
gritos el salto de 70 cc a 125 cc, pero
antes ha de concluir con la cabeza alta las
tres carreras que restan de la Copa
Bancaja. «¡Qué le vamos a hacer!», dice con
resignación.
Las plusmarcas que firmó
Jorge Lorenzo en su tiempo ya están
fulminadas desde hace años. El baby
boom ha llegado a todos los deportes
y el motociclismo no es una excepción.
¡Parece que maman gasolina!