Arbitro: Teixeira Vitienes
Tarjetas amarillas: Agüero,
Reyes, Maniche, Pernía, Ballesteros, Jonás,
Fernando Navarro.
Tarjetas rojas:
No.
Goles: 0-1: Güiza
(min. 18). 1-1: Pernía (min. 76).
LUCAS SÁEZ-BRAVO
MADRID.-
Cuestión de precisión. De que el pase
llegue al pie del compañero a la altura y
la velocidad adecuadas, o al espacio antes
que el defensa rival. El Atlético sólo pudo
rescatar un empate anoche ante el Mallorca
en gran parte por su falta de concreción.
Las intenciones son las correctas, los
jugadores parecen más que adecuados para la
labor, pero el grupo de Javier Aguirre aún
no tiene tino. Cuando ya parecía condenado
al puesto de colista, un zarpazo de Pernía
colocó la justa igualada. Ni siquiera ese
lance del gol fue limpio. El remate del
lateral hispano-argentino llegó tras una
fallida pared que rebotó en un
contrario.
Se plantó el equipo de
Aguirre con buenas maneras. Presionaba muy
arriba la salida del balón del Mallorca,
buscando el K.O. por asfixia. Pero
los riesgos eran demasiados y la línea
defensiva no mostró el nivel de alerta
suficiente. Cuando el conjunto balear
superaba el centro del campo atlético, se
intuía el peligro. Ya se evidenció en el
minuto 2, cuando Güiza desperdició un
tremendo pase largo de Ibagaza. Perea se
tropezó y el delantero la echó fuera en su
intento de vaselina.
Similar fue la
jugada del gol, 16 minutos después.
Sorprendió el saque rápido de Moyà -el
mejor de su equipo anoche- que encontró a
Jonás, libre en la banda derecha, presto al
contragolpe. El argentino puso otro
excelente pase al gaditano, que esta vez,
optó por regatear a Leo Franco -a
trompicones, eso sí- y marcó a puerta
vacía. La actuación de Seitaridis en el
tanto visitante fue lamentable.
El
mazazo frustró el ímpetu inicial
rojiblanco, que no se encontró a sí mismo
hasta que no pasaron varios minutos. Fue
una ocasión del hiperactivo Agüero, que
intentó, sin éxito, batir por alto a Moyá.
El rechace del portero bermellón tampoco lo
pudo aprovechar Forlán, gafado ante la
portería en los últimos
encuentros.
Antes había sacado el
guardameta del Mallorca un lanzamiento de
falta de Simao, y en el de Maxi, en el
minuto 36, sólo pudo observar como se
estrellaba en el larguero. Fue la
oportunidad más clara antes de que llegara
el descanso.
Otra vez la salida de
vestuarios fue meritoria. Dominio total y
fe en la remontada, aunque el Calderón
estaba más frío que de costumbre. Tres
ocasiones claras que no se materializaron
por pequeños detalles, y la vuelta de la
frustración... Inyectó morfina a la noche
Gregorio Manzano y ya parecía que el
Atlético fracasaría en su primer partido
liguero en casa. Ni el cambio valiente de
Aguirre (Reyes por Seitaridis) consintió la
reacción.
Ya sólo quedaron
oportunidades sueltas, porque el Mallorca
amenazó con sentenciar a la contra. Una de
ellas la marró el Kun, peinando un
centro de Simao que rozó el palo. Y en la
otra llegó el merecido empate, ante un
rival que se limitó a defender su portería
más de una hora. Tuvo que ser Pernía, de
tiro cruzado, el que pusiera justicia,
cuando ya todo parecía agonizar, aunque
para que el internacional acabara con la
imbatilibilida de Moyà fue necesario que
Pereyra cometiera la pifia del partido
regalando al rival la asistencia que Agüero
no había podido facilitar.
Quedaba
todavía un cuarto de hora para la
conclusión y el Atlético dio muestras de
querer ir a por los tres puntos. Pero le
duró poco esa predispoción, porque nada más
igualar Pernía fue el Mallorca quien tuvo
la oportunidad de asestar el mazazo
definitivo en un cabezazo de Arango que no
encontró portería. Con el susto en el
cuerpo, los colchoneros trataron de no
perder la cabeza y fijar mejor las marcas
en defensa para evitar otro zarpazo
bermellón, mientras que el conjunto balear
se daba por satisfecho con un empate que le
permite escalar hasta la segunda posición
de la tabla y mantener a cero el casillero
de derrotas. Sin protagonizar una gran
actuación, el Mallorca dejó estela de
equipo sólido y bien armado en el Calderón,
poderoso en el contragolpe y aplicado en
defensa, donde Nunes y Ballesteros brillan
con luz propia.