LORENZO MARINA
PALMA.- «Si un
médico le hubiese atendido, se podría haber
salvado». Inmaculada Fiol lamenta que, de
haber funcionado los timbres de aviso a las
enfermeras del hospital, su marido quizas
podría estar aún con vida.
Rafael
Cárdenas, de 54 años, ingresó en el
Hospital General de Muro con problemas de
oxigenación. Un día después, su cadáver
apareció bloqueando la puerta de entrada a
su habitación.
«No podía abrir la
puerta. Vi su camisón en el suelo y me di
cuenta de que era él. Un médico llegó
después y me dijo que ya estaba muerto»,
explicó ayer la viuda de Rafael a EL
MUNDO/El Día de Baleares.
El Juzgado
de Instrucción número cinco de Inca ha
abierto diligencias para averiguar si
existió algún tipo de irregularidad en el
centro sanitario. Tras la muerte del
paciente, agentes de la la Guardia Civil se
personaron en el hospital. En su atestado
hicieron constar que, al menos seis timbres
del centro sanitario no funcionaban para
avisar a las enfermeras del centro
sanitario.
Rafael Cárdenas ingresó en
el Hospital General de Muro el pasado 22 de
julio. «Estaba cansado y quedó ingresado en
observación. A la mañana siguiente le
practicaron un TAC, pero el neumólogo no le
apreció nada», insistió su esposa.
El
paciente se quedó solo un corto periodo de
tiempo. Apenas una media hora. El tiempo
que tardó su esposa en ir a Pollença a
«recoger algo de ropa». Los timbres de las
enfermeras no funcionaban, aunque no le
dieron mayor importancia. No se imaginaron
que pudiera tener fatales
consecuencias.
Al parecer, no era
algo nuevo. Un mes antes de este ingreso,
Rafael Cárdenas acudió también al Hospital
General de Muro. El 22 de junio se
hospitalizó para ser operado del menisco.
La intervención quirúrgica se hizo mediante
una artroscopia.
Según puntualizó la
viuda de la víctima, entonces tampoco
funcionaban los timbres para llamar al
personal de enfermería en el centro
sanitario. Entonces no le dieron la menor
importancia. La intervención no requería
apenas
hospitalización.
Autopsia
<
P>El informe de la autopsia fue
concluyente. Rafael Cárdenas falleció como
consecuencia de una fibrilación
ventricular. Una lesión cardiaca muy
similar a la que costo la vida al joven
jugador del Sevilla Antonio Puerta. Tanto
en un caso como en otro, había pasado
totalmente desapercibida en la exploración
médica.Inmaculada sostiene que el
nulo funcionamiento de los timbres de
enfermería del hospital restaron a su
esposo oportunidades de sobrevivir. «No se
tendría que haber levantado o le podrían
haber aplicado el fibrilador»,
puntualiza.
A pesar de las
reticencias iniciales de la familia a
interponer denuncia alguna contra el
hospital, al conocer los resultados de la
autopsia se animaron a denunciar los
hechos.
Rafael Cárdenas era una
persona muy conocida en Pollença. De hecho,
era el propietario de una armería en el
centro de la localidad. También trabajaba
en el departamento de recursos humanos de
una cadena hotelera.
El secretario
general del Sindicato de Enfermería
(Satse), Jorge Tera, insistió ayer en la
importancia que supone que los timbres de
aviso al personal se encuentren en perfecto
estado. «Es imprescindible que el paciente
tenga un sistema de comunicación para
ponerse en contacto con el personal de
enfermería»,
abundó.
«Desasistido»
A
pesar de enterarse por este periódico, Tera
abundó en la «gravedad» de este caso
particular. «El personal de enfermería es
escasísimo en las clínicas privadas. Si
además no funciona el timbre, el paciente
está desasistido».
En términos
similares se manifestó ayer el responsable
de organización de la Federación de Sanidad
de CCOO, Jaume Pou. «El dispositivo de
aviso a enfermería a pie de cama es algo
necesario e imprescindible».
Pou
insistió en que este dispositivo es
utilizado con frecuencia tanto por los
pacientes como por los familiares. «Si un
paciente está encamado, la familia no tiene
por qué estar 24 horas con él. Tiene que
estar comunicado en todo momento por si
ocurre algo», resaltó. «Pudo haber una
negligencia en el mantenimiento»,
destacó.