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  Martes, 28 de agosto de 2007 Actualizado a las 01:07
 

Por un PP sin complejos

CARLOS DELGADO


El nuevo escenario político que se ha creado en Baleares a raíz de las elecciones municipales y autonómicas celebradas el pasado mes de mayo y los cambios que esta situación ha provocado en el PP balear con la marcha de Jaume Matas y la designación de Rosa Estaràs como coordinadora hasta la celebración del próximo congreso del partido está dando lugar a todo tipo de reacciones y especulaciones sobre quién debe ser el sucesor de Matas al frente del partido.

En un momento en el que la prudencia aconseja unidad, trabajo en equipo y respaldo a la persona que lidera el partido, han saltado a la palestra diversos nombres de posibles sucesores y cada día nos desayunamos en la prensa con declaraciones de unos y otros sobre la conveniencia o no de esperar al congreso, sobre las cualidades de los distintos aspirantes, y sobre el rumbo que debe tomar a partir de ahora el PP balear. Sé perfectamente que muchas de las personas cuyos nombres se han barajado han intentado a toda costa que no fuera así por no ser un momento oportuno, pero entre que estamos en agosto y hay que llenar las páginas de los periódicos y el morbo que parece suscitar el PP en determinados sectores mediáticos no ha sido posible evitarlo. En lo que a mí respecta, he atendido cortésmente a los medios de comunicación para hablar de un tema del que no debía ni quería hablar, para evitar que al día siguiente se me hiciera responsable de la muerte de Manolete.

Y en medio de estas idas y venidas, determinados medios de comunicación y articulistas se han apresurado a exponer ante los ojos de la opinión pública las dos opciones existentes, a su entender, en el PP balear: la corriente moderada, centrista y regionalista, por la que abogarían la mayoría de los altos cargos del partido, y la corriente radical, extremista y españolista representada por mí mismo, como aglutinador de todos los males habidos y por haber y del que hay que huir y alejarse como alma que se lleva el diablo.

Dejando claro de antemano, para que nadie se lleve a engaño, que yo ya he manifestado públicamente cuál es mi postura en todo este asunto, que no es otra que la de apoyar de manera firme e incondicional a Rosa Estaràs, las circunstancias actuales ya comentadas me obligan a explicar cuál es la política de las ideas claras y de los principios irrenunciables que siempre he defendido y he puesto en práctica junto al resto de miembros del PP de Calvià, miembros que tenemos muy claro que pertenecemos a un partido de ámbito nacional, constitucionalista y no nacionalista.

Esa manera de gobernar, que algunos tildan de radical, es la que ha otorgado al PP de Calvià una clamorosa mayoría absoluta, obteniendo 8.666 votos, el 49,59% de los sufragios emitidos en las pasadas elecciones, suponiendo ello que, por primera vez, la candidatura municipal del PP ha tenido más votos que la autonómica. El PP de Calvià obtuvo 1.831 votos más que los que logró en 2003, superando en 2.727 a los obtenidos por el PSOE. Ojo, no estoy hablando de un municipio cualquiera, estoy hablando de Calvià, con todo lo que ello significa por sus peculiaridades sociológicas. Y no estoy hablando del mejor resultado del PP en el municipio, estoy hablando del mejor resultado que ningún político o partido político ha tenido en la historia de Calvià.

Y que nadie se engañe, un porcentaje muy elevado de ese incremento de votos obtenido por el PP de Calvià son votos procedentes de simpatizantes del PSOE, de personas, que por encima de las ideologías y las siglas de un partido determinado, han valorado una forma de pensar y de hacer las cosas en la que no tiene cabida la ambigüedad, tan común en la clase política.

Las cifras que se exponen más arriba ya son indicativas por sí mismas de lo que significa gobernar sin complejos, que no es, ni mucho menos, hacer lo que a uno le viene en gana, sino marcar un rumbo claro y defender las ideas y los principios en los que uno cree. Eso es lo que a fin de cuentas el ciudadano valora en un político, la fidelidad a sus principios y el cumplimiento a rajatabla de un programa electoral, que es el compromiso del político con el ciudadano y por el que se supone que ha sido elegido.

La definición de radical, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es la persona «partidaria de reformas extremas, especialmente en sentido democrático». Pues bien, vamos a realizar un repaso rápido a la gestión municipal realizada en Calvià desde el año 2003 y a algunas de las ideas que siempre he defendido, para ver en qué se traduce ese extremismo que algunos se empeñan en atribuirme.

1.-¿Es radicalizarse poner en marcha la gratuidad de los libros de texto?

2.-¿Es radicalizarse bajar un 20% el IBI y congelar el resto de tasas e impuestos municipales?

3.- ¿Es radicalizarse pagar el 80% de los gastos de las familias que deciden adoptar un niño procedente de un país desfavorecido?

4.- ¿Es radicalizarse abrir una guardería laboral en el Ayuntamiento para ayudar a la conciliación de la vida laboral y familiar de los empleados municipales?

5.- ¿Es radicalizarse convertir en público el 10% del término municipal mediante la compra de la finca Galatzó?

6.-¿Es radicalizarse poner en marcha la tarjeta de familia numerosa que otorga ventajas fiscales y descuentos a sus usuarios?

7.- ¿Es radicalizarse poner en marcha el servicio integral de playas para personas con discapacidad?

8.- ¿Es radicalizarse aumentar un 40% la plantilla de la policía municipal, instalar cámaras de seguridad y abrir una oficina municipal de atención a las víctimas del delito para incrementar la seguridad ciudadana?

9.- ¿Es radicalizarse mostrar preocupación sobre un hecho real y patente en nuestra Comunidad como es la falta de una aplicación real del bilingüismo?

10.- ¿Es radicalizarse manifestarse no catalanista? ¿Por qué ese interés premeditado en asimilar nacionalismo a la izquierda y españolismo a la derecha? ¿Acaso es incompatible el amor a Mallorca con el amor a España? ¿No deberíamos ser españolistas todos los españoles? ¿Por qué es éste el único país del mundo en el que enorgullecerse de tu nación o bandera nacional es de fascistas?

11.- ¿Es radicalizarse manifestar públicamente que el PP balear nunca logrará aumentar su número de votantes e incluso volver a ilusionar a muchos de los suyos con medias tintas e intentando aproximar de manera temerosa, débil y acomplejada su discurso al de sus oponentes?

12.- ¿Es radicalizarse mostrar preocupación sobre la ruptura de los consensos de la transición que el Gobierno de Zapatero ha llevado a cabo y el futuro de la unidad de España?

Sinceramente, creo que mal vamos si todo lo expuesto anteriormente se considera radical, si no somos capaces de dar un paso al frente, poner las cartas sobre la mesa y, como se suele decir, coger de una vez el toro por los cuernos, y actuar con decisión y sin titubeos en cuestiones en las que nos jugamos ya no sólo nuestro futuro sino el de las generaciones venideras.

No hay tal radicalismo, como pretenden hacernos creer quienes escriben día sí y otro también sobre esto; más bien aprecio en todas esas críticas un temor real a que el PP balear asuma su futuro con la claridad de ideas y la coherencia a la que está obligado y que he intentado resumir en estas líneas.

En cualquier caso, una cosa tengo clara, por mucho que haya aclarado o intentado aclarar mi postura y mis intenciones públicamente, para los de siempre seguiré siendo el radical de extrema derecha que se postula para suceder a Matas, y por mucho que represente a la institución más importante de Baleares gobernada por el PP seguiré siendo el peor candidato para mi partido y el que hundiría al Partido Popular. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Carlos Delgado es alcalde de Calvià

 
   
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