El nuevo escenario político que se ha
creado en Baleares a raíz de las elecciones
municipales y autonómicas celebradas el
pasado mes de mayo y los cambios que esta
situación ha provocado en el PP balear con
la marcha de Jaume Matas y la designación
de Rosa Estaràs como coordinadora hasta la
celebración del próximo congreso del
partido está dando lugar a todo tipo de
reacciones y especulaciones sobre quién
debe ser el sucesor de Matas al frente del
partido.
En un momento en el que la
prudencia aconseja unidad, trabajo en
equipo y respaldo a la persona que lidera
el partido, han saltado a la palestra
diversos nombres de posibles sucesores y
cada día nos desayunamos en la prensa con
declaraciones de unos y otros sobre la
conveniencia o no de esperar al congreso,
sobre las cualidades de los distintos
aspirantes, y sobre el rumbo que debe tomar
a partir de ahora el PP balear. Sé
perfectamente que muchas de las personas
cuyos nombres se han barajado han intentado
a toda costa que no fuera así por no ser un
momento oportuno, pero entre que estamos en
agosto y hay que llenar las páginas de los
periódicos y el morbo que parece suscitar
el PP en determinados sectores mediáticos
no ha sido posible evitarlo. En lo que a mí
respecta, he atendido cortésmente a los
medios de comunicación para hablar de un
tema del que no debía ni quería hablar,
para evitar que al día siguiente se me
hiciera responsable de la muerte de
Manolete.
Y en medio de estas idas y
venidas, determinados medios de
comunicación y articulistas se han
apresurado a exponer ante los ojos de la
opinión pública las dos opciones
existentes, a su entender, en el PP balear:
la corriente moderada, centrista y
regionalista, por la que abogarían la
mayoría de los altos cargos del partido, y
la corriente radical, extremista y
españolista representada por mí mismo, como
aglutinador de todos los males habidos y
por haber y del que hay que huir y alejarse
como alma que se lleva el
diablo.
Dejando claro de antemano,
para que nadie se lleve a engaño, que yo ya
he manifestado públicamente cuál es mi
postura en todo este asunto, que no es otra
que la de apoyar de manera firme e
incondicional a Rosa Estaràs, las
circunstancias actuales ya comentadas me
obligan a explicar cuál es la política de
las ideas claras y de los principios
irrenunciables que siempre he defendido y
he puesto en práctica junto al resto de
miembros del PP de Calvià, miembros que
tenemos muy claro que pertenecemos a un
partido de ámbito nacional,
constitucionalista y no
nacionalista.
Esa manera de gobernar,
que algunos tildan de radical, es la que ha
otorgado al PP de Calvià una clamorosa
mayoría absoluta, obteniendo 8.666 votos,
el 49,59% de los sufragios emitidos en las
pasadas elecciones, suponiendo ello que,
por primera vez, la candidatura municipal
del PP ha tenido más votos que la
autonómica. El PP de Calvià obtuvo 1.831
votos más que los que logró en 2003,
superando en 2.727 a los obtenidos por el
PSOE. Ojo, no estoy hablando de un
municipio cualquiera, estoy hablando de
Calvià, con todo lo que ello significa por
sus peculiaridades sociológicas. Y no estoy
hablando del mejor resultado del PP en el
municipio, estoy hablando del mejor
resultado que ningún político o partido
político ha tenido en la historia de
Calvià.
Y que nadie se engañe, un
porcentaje muy elevado de ese incremento de
votos obtenido por el PP de Calvià son
votos procedentes de simpatizantes del
PSOE, de personas, que por encima de las
ideologías y las siglas de un partido
determinado, han valorado una forma de
pensar y de hacer las cosas en la que no
tiene cabida la ambigüedad, tan común en la
clase política.
Las cifras que se
exponen más arriba ya son indicativas por
sí mismas de lo que significa gobernar sin
complejos, que no es, ni mucho menos, hacer
lo que a uno le viene en gana, sino marcar
un rumbo claro y defender las ideas y los
principios en los que uno cree. Eso es lo
que a fin de cuentas el ciudadano valora en
un político, la fidelidad a sus principios
y el cumplimiento a rajatabla de un
programa electoral, que es el compromiso
del político con el ciudadano y por el que
se supone que ha sido elegido.
La
definición de radical, según el diccionario
de la Real Academia de la Lengua Española
es la persona «partidaria de reformas
extremas, especialmente en sentido
democrático». Pues bien, vamos a realizar
un repaso rápido a la gestión municipal
realizada en Calvià desde el año 2003 y a
algunas de las ideas que siempre he
defendido, para ver en qué se traduce ese
extremismo que algunos se empeñan en
atribuirme.
1.-¿Es radicalizarse
poner en marcha la gratuidad de los libros
de texto?
2.-¿Es radicalizarse bajar
un 20% el IBI y congelar el resto de tasas
e impuestos municipales?
3.- ¿Es
radicalizarse pagar el 80% de los gastos de
las familias que deciden adoptar un niño
procedente de un país
desfavorecido?
4.- ¿Es radicalizarse
abrir una guardería laboral en el
Ayuntamiento para ayudar a la conciliación
de la vida laboral y familiar de los
empleados municipales?
5.- ¿Es
radicalizarse convertir en público el 10%
del término municipal mediante la compra de
la finca Galatzó?
6.-¿Es
radicalizarse poner en marcha la tarjeta de
familia numerosa que otorga ventajas
fiscales y descuentos a sus
usuarios?
7.- ¿Es radicalizarse poner
en marcha el servicio integral de playas
para personas con discapacidad?
8.-
¿Es radicalizarse aumentar un 40% la
plantilla de la policía municipal, instalar
cámaras de seguridad y abrir una oficina
municipal de atención a las víctimas del
delito para incrementar la seguridad
ciudadana?
9.- ¿Es radicalizarse
mostrar preocupación sobre un hecho real y
patente en nuestra Comunidad como es la
falta de una aplicación real del
bilingüismo?
10.- ¿Es radicalizarse
manifestarse no catalanista? ¿Por qué ese
interés premeditado en asimilar
nacionalismo a la izquierda y españolismo a
la derecha? ¿Acaso es incompatible el amor
a Mallorca con el amor a España? ¿No
deberíamos ser españolistas todos los
españoles? ¿Por qué es éste el único país
del mundo en el que enorgullecerse de tu
nación o bandera nacional es de
fascistas?
11.- ¿Es radicalizarse
manifestar públicamente que el PP balear
nunca logrará aumentar su número de
votantes e incluso volver a ilusionar a
muchos de los suyos con medias tintas e
intentando aproximar de manera temerosa,
débil y acomplejada su discurso al de sus
oponentes?
12.- ¿Es radicalizarse
mostrar preocupación sobre la ruptura de
los consensos de la transición que el
Gobierno de Zapatero ha llevado a cabo y el
futuro de la unidad de
España?
Sinceramente, creo que mal
vamos si todo lo expuesto anteriormente se
considera radical, si no somos capaces de
dar un paso al frente, poner las cartas
sobre la mesa y, como se suele decir, coger
de una vez el toro por los cuernos, y
actuar con decisión y sin titubeos en
cuestiones en las que nos jugamos ya no
sólo nuestro futuro sino el de las
generaciones venideras.
No hay tal
radicalismo, como pretenden hacernos creer
quienes escriben día sí y otro también
sobre esto; más bien aprecio en todas esas
críticas un temor real a que el PP balear
asuma su futuro con la claridad de ideas y
la coherencia a la que está obligado y que
he intentado resumir en estas
líneas.
En cualquier caso, una cosa
tengo clara, por mucho que haya aclarado o
intentado aclarar mi postura y mis
intenciones públicamente, para los de
siempre seguiré siendo el radical de
extrema derecha que se postula para suceder
a Matas, y por mucho que represente a la
institución más importante de Baleares
gobernada por el PP seguiré siendo el peor
candidato para mi partido y el que hundiría
al Partido Popular. Que cada uno saque sus
propias conclusiones.
Carlos
Delgado es alcalde de Calvià