Olimpia era noticia el domingo porque
quedaba cercada por las llamas de docenas
de incendios desatados en el Peloponeso,
con su estela de vidas humanas como melenas
negras o como esa bestia del universo
llamada Galactus que aparece en
Los cuatro fantásticos y Silver
Surfer, polvo cósmico que penetra por
los poros de cualquier cuerpo celeste para
reventarlo con una explosión devoradora.
Más de sesenta muertos. Cientos de casas
devastadas. Árboles, ni se
sabe.
¿Cuánto papel hemos perdido y
estamos perdiendo en la UE con estos
incendios griegos? Las rodajas de columnas
estriadas que descansan sobre la hierba de
Olimpia, producirán la misma desazón
después que antes de la catástrofe. Si por
casualidad se declarase un luto oficial en
Europa ante la ruina de la cuna de los
juegos olímpicos, un poco de respeto por la
Grecia cuyo legado decimos reconocer, para
no ser hipócritas, nos debería poner de
rodillas ante toda la ceniza amontonada por
el infierno advenido. Por cada árbol
extinguido, decretemos un ahorro de varias
toneladas de papel.
En sintonía con
esta propuesta, la conselleria de Educación
del Pacto ha lanzado la idea de montar un
banco de libros de segunda mano, para
mantener el logro del libro de texto
gratuito que el curso pasado inauguró el
PP. Pero el Pacto no quiere pagar libros
nuevos, sino dar gratis libros usados. Es
una idea tan feliz, tan oportuna, que no sé
si detener mis lágrimas por Grecia
calcinada o intensificarlas de
emoción.
Todo es posible, con
ambición. La primera lección de Educación
para la Ciudadanía estará dedicada, no hay
duda, a dar a los chicos instrucciones
urgentes sobre cómo conseguir que su libro
de texto (nuevo o usado) llegue lo más
entero posible a fin de curso, impecable
para su reutilización el curso siguiente.
Editores y libreros no están muy de
acuerdo. Se comprende, pero deberían
solidarizarse con las generaciones futuras.
El libro ha de morir. O por lo menos el
libro de texto, que es la versión perfecta
de la hoja de árbol más caduca.
En
realidad los profesionales de la enseñanza
deberían exigir la inmediata eliminación
del papel como herramienta de trabajo. La
fotocopia debería estar racionada. Los
libros de texto ser Cds que poder leer en
un ordenador. Y puestos a educar a los
chicos en el respeto al medioambiente,
prohibir los exámenes escritos, que gastan
papel, para beneficio de los orales. La
educación del futuro, para niños y adultos,
ha de tener como reto la proscripción del
almacenamiento: fuera libros, libretas,
apuntes y fotocopias. Lo que la mente no
asimile, no nos interesa. Para refrescarse
la memoria está Internet, el gran invento
que nos permitirá volver a las tablillas de
cera de los antiguos. La tablilla de cera
donde escribían los estudiantes griegos o
romanos, que se reutilizaba eternamente, es
hoy la pantalla del ordenador.
Vamos
a ver si Baleares se atreve a ser pionera
en ecologismo educativo. Libros gratis no:
ordenadores.