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  Martes, 28 de agosto de 2007 Actualizado a las 01:07
 

EN VENA
Los libros de texto

ROMÁN PIÑA VALLS


Olimpia era noticia el domingo porque quedaba cercada por las llamas de docenas de incendios desatados en el Peloponeso, con su estela de vidas humanas como melenas negras o como esa bestia del universo llamada Galactus que aparece en Los cuatro fantásticos y Silver Surfer, polvo cósmico que penetra por los poros de cualquier cuerpo celeste para reventarlo con una explosión devoradora. Más de sesenta muertos. Cientos de casas devastadas. Árboles, ni se sabe.

¿Cuánto papel hemos perdido y estamos perdiendo en la UE con estos incendios griegos? Las rodajas de columnas estriadas que descansan sobre la hierba de Olimpia, producirán la misma desazón después que antes de la catástrofe. Si por casualidad se declarase un luto oficial en Europa ante la ruina de la cuna de los juegos olímpicos, un poco de respeto por la Grecia cuyo legado decimos reconocer, para no ser hipócritas, nos debería poner de rodillas ante toda la ceniza amontonada por el infierno advenido. Por cada árbol extinguido, decretemos un ahorro de varias toneladas de papel.

En sintonía con esta propuesta, la conselleria de Educación del Pacto ha lanzado la idea de montar un banco de libros de segunda mano, para mantener el logro del libro de texto gratuito que el curso pasado inauguró el PP. Pero el Pacto no quiere pagar libros nuevos, sino dar gratis libros usados. Es una idea tan feliz, tan oportuna, que no sé si detener mis lágrimas por Grecia calcinada o intensificarlas de emoción.

Todo es posible, con ambición. La primera lección de Educación para la Ciudadanía estará dedicada, no hay duda, a dar a los chicos instrucciones urgentes sobre cómo conseguir que su libro de texto (nuevo o usado) llegue lo más entero posible a fin de curso, impecable para su reutilización el curso siguiente. Editores y libreros no están muy de acuerdo. Se comprende, pero deberían solidarizarse con las generaciones futuras. El libro ha de morir. O por lo menos el libro de texto, que es la versión perfecta de la hoja de árbol más caduca.

En realidad los profesionales de la enseñanza deberían exigir la inmediata eliminación del papel como herramienta de trabajo. La fotocopia debería estar racionada. Los libros de texto ser Cds que poder leer en un ordenador. Y puestos a educar a los chicos en el respeto al medioambiente, prohibir los exámenes escritos, que gastan papel, para beneficio de los orales. La educación del futuro, para niños y adultos, ha de tener como reto la proscripción del almacenamiento: fuera libros, libretas, apuntes y fotocopias. Lo que la mente no asimile, no nos interesa. Para refrescarse la memoria está Internet, el gran invento que nos permitirá volver a las tablillas de cera de los antiguos. La tablilla de cera donde escribían los estudiantes griegos o romanos, que se reutilizaba eternamente, es hoy la pantalla del ordenador.

Vamos a ver si Baleares se atreve a ser pionera en ecologismo educativo. Libros gratis no: ordenadores.

 
   
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