Antonio Garau siempre actúa de la misma
manera. El histórico jefe de Costas de
Baleares y actual presidente del Círculo de
Bellas Artes se oculta, una y otra vez,
detrás de su esposa, Concepción Obrador.
Sobre todo si las relaciones mercantiles
que establece están relacionadas con el
cargo público que ocupó durante casi 30
años. Obrador aparece como supuesta autora
de informes de asesoría relacionados con
los establecimientos que su marido
inspeccionaba o directamente como
accionista de emporios turísticos cuyas
licencias pasaban por las manos de
Garau.
La mujer del ex jefe de Costas
de las Islas reaparece ahora al frente de
la sociedad Tocamara, S.L., a través de la
cual aterrizó por indicación de su marido
en la empresa concesionaria de la playa de
Alcúdia. Garau siempre presenta
oficialmente a su mujer como «técnico en
empresas turísticas» aunque su único oficio
conocido siempre ha sido el mismo: el de
ama de casa.
Obrador ha estado
presente en la playa de Alcúdia con un 2,5%
del negocio. Con un porcentaje similar
también hizo acto de presencia en el Grupo
Royaltur de Jaime Moll. Este hotelero pagó
un favor que le hizo su entonces íntimo
Garau ante la Jefatura de Costas de Cádiz
con acciones de una de sus empresas. Como
Garau era entonces el jefe de Costas de
Baleares la receptora fue su mujer. En la
práctica el único dueño era él.