ESTEBAN URREIZTIETA
ALCÚDIA.-
Antonio Garau se ha lucrado durante 14 años
-entre 1992 y 2006- con el multimillonario
negocio de la playa de Alcúdia que él mismo
tramitó siendo el jefe de Costas de
Baleares. Garau entró en el accionariado de
la empresa Explotaciones Playeras, S.A.,
apenas 5 meses después de abandonar el
cargo público que ocupó de manera
ininterrumpida durante casi 3 décadas. Los
propietarios de esta sociedad, Jaime
Verdaguer, Jaime Domenech y Jaime Enseñat,
consintieron que el histórico funcionario
público se adhiriera a la concesión
administrativa como pago por los servicios
que había prestado para obtenerla.
De
esta manera, desde el 10 de julio de 1992
hasta el día de hoy el actual presidente
del Círculo de Bellas Artes forma parte del
accionariado de la entidad que ha explotado
la playa durante más de dos décadas
seguidas. El título concesional que obraba
en su poder expiró el pasado año y
solicitaron uno nuevo también por mediación
de Garau. Pero en esta ocasión la respuesta
del Ministerio de Medio Ambiente fue
negativa.
A partir de 2007 la
titularidad de la nueva orden ministerial
ha recaído en el Ayuntamiento de Alcúdia,
que ha sacado a concurso las diferentes
instalaciones ubicadas en esta zona de
dominio público marítimo-terrestre. Entre
otras, las hamacas y los 6 chiringuitos
sobre los que gravita una concesión que ha
venido reportando unos dividendos que han
oscilado entre los 600.000 y los 800.000
euros de media por temporada.
Los
antecedentes
Garau ha dispuesto
de un 2,5% de Explaya, S.A., y ha venido
percibiendo los beneficios proporcionales a
su participación accionarial. De hecho, en
sus manos siguen obrando, hasta que se
disuelva la entidad en los próximos meses,
25 acciones de un total de un millar. La
entrada de Garau tuvo lugar después de que
durante el mismo mes en que abandonó la
Jefatura de Costas de las Islas Explaya
-distintivo comercial de la histórica
concesionaria de la playa de Alcúdia-
realizase una ampliación de capital en la
que se dio entrada a un nuevo socio: Miguel
Gomila.
Éste se limitó a recibir el
paquete accionarial que inmediatamente
después traspasaría a Garau. Gomila se hizo
con las 25 acciones el mismo mes de febrero
y las puso en manos del ex jefe de Costas
de Baleares en julio.
La presencia
de Garau en los negocios que supervisaba
desde la Administración no es nueva. El
caso más célebre fue revelado por EL
MUNDO/El Día de Baleares hace varias
semanas y tiene como escenario otra playa
que también estuvo al cargo de Garau
durante décadas: la de Sa Coma, en el
municipio de Sant Llorenç des Cardassar.
Los casos de Alcúdia y de esta última
presentan numerosas similitudes. Tanto en
uno como en otro aparece la intervención de
Garau desde la Jefatura de Costas y, acto
seguido, algún tipo de contraprestación
económica a su favor.
Verdaguer,
Domenech y Enseñat gratificaron a Garau
permitiéndole entrar en su empresa. El
hotelero Jaime Moll, tenedor de la
concesión de la playa de Sa Coma, aceptó
suscribir una serie de contratos de
asesoría con su esposa. A cambio de los
mismos el que fuera dueño de la cadena
hotelera Royaltur quedaba obligado a pagar
mientras tuviera la concesión pública
30.000 euros anuales al ex responsable de
la Demarcación de Costas de las Islas.
Los informes sobre los que se
vertebraba esta vinculación mercantil se
limitaban a concluir una serie de
obviedades tales como que la Playa de
Palma, donde tenía establecimientos
Royaltur, «es un destino turístico
preferentemente alemán». O que los germanos
que escogen esta zona lo hacen guiados
«fundamentalmente por el clima». Otro de
los informes realizados por Concepción
Obrador se centraba en la playa de Sa Coma
y sentencia que la explotación de los
bares, sombrillas, hamacas y velomares que
la integran constituye «un negocio muy
interesante». Moll aceptó pagar anualmente
por estos informes a Garau durante años
para evitar que éste le boicotease desde su
cargo público uno de sus principales
negocios. En 2003 dejó de hacerlo «harto de
ser extorsionado» y el caso se encuentra ya
en los tribunales.