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  Martes, 28 de agosto de 2007 Actualizado a las 01:24
 

CORRUPCIÓN
Garau fue socio hasta 2006 de una concesión que él mismo tramitó: la playa de Alcúdia

La empresa que explota las hamacas metió al ex jefe de Costas en el negocio a cambio de sus gestiones

  A D E M A S
 EL MUNDO OPINA La 'vella' Mallorca
 Garau utiliza de nuevo a su esposa como 'pantalla'
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ESTEBAN URREIZTIETA

ALCÚDIA.- Antonio Garau se ha lucrado durante 14 años -entre 1992 y 2006- con el multimillonario negocio de la playa de Alcúdia que él mismo tramitó siendo el jefe de Costas de Baleares. Garau entró en el accionariado de la empresa Explotaciones Playeras, S.A., apenas 5 meses después de abandonar el cargo público que ocupó de manera ininterrumpida durante casi 3 décadas. Los propietarios de esta sociedad, Jaime Verdaguer, Jaime Domenech y Jaime Enseñat, consintieron que el histórico funcionario público se adhiriera a la concesión administrativa como pago por los servicios que había prestado para obtenerla.

De esta manera, desde el 10 de julio de 1992 hasta el día de hoy el actual presidente del Círculo de Bellas Artes forma parte del accionariado de la entidad que ha explotado la playa durante más de dos décadas seguidas. El título concesional que obraba en su poder expiró el pasado año y solicitaron uno nuevo también por mediación de Garau. Pero en esta ocasión la respuesta del Ministerio de Medio Ambiente fue negativa.

A partir de 2007 la titularidad de la nueva orden ministerial ha recaído en el Ayuntamiento de Alcúdia, que ha sacado a concurso las diferentes instalaciones ubicadas en esta zona de dominio público marítimo-terrestre. Entre otras, las hamacas y los 6 chiringuitos sobre los que gravita una concesión que ha venido reportando unos dividendos que han oscilado entre los 600.000 y los 800.000 euros de media por temporada.

Los antecedentes

Garau ha dispuesto de un 2,5% de Explaya, S.A., y ha venido percibiendo los beneficios proporcionales a su participación accionarial. De hecho, en sus manos siguen obrando, hasta que se disuelva la entidad en los próximos meses, 25 acciones de un total de un millar. La entrada de Garau tuvo lugar después de que durante el mismo mes en que abandonó la Jefatura de Costas de las Islas Explaya -distintivo comercial de la histórica concesionaria de la playa de Alcúdia- realizase una ampliación de capital en la que se dio entrada a un nuevo socio: Miguel Gomila.

Éste se limitó a recibir el paquete accionarial que inmediatamente después traspasaría a Garau. Gomila se hizo con las 25 acciones el mismo mes de febrero y las puso en manos del ex jefe de Costas de Baleares en julio.

La presencia de Garau en los negocios que supervisaba desde la Administración no es nueva. El caso más célebre fue revelado por EL MUNDO/El Día de Baleares hace varias semanas y tiene como escenario otra playa que también estuvo al cargo de Garau durante décadas: la de Sa Coma, en el municipio de Sant Llorenç des Cardassar. Los casos de Alcúdia y de esta última presentan numerosas similitudes. Tanto en uno como en otro aparece la intervención de Garau desde la Jefatura de Costas y, acto seguido, algún tipo de contraprestación económica a su favor.

Verdaguer, Domenech y Enseñat gratificaron a Garau permitiéndole entrar en su empresa. El hotelero Jaime Moll, tenedor de la concesión de la playa de Sa Coma, aceptó suscribir una serie de contratos de asesoría con su esposa. A cambio de los mismos el que fuera dueño de la cadena hotelera Royaltur quedaba obligado a pagar mientras tuviera la concesión pública 30.000 euros anuales al ex responsable de la Demarcación de Costas de las Islas.

Los informes sobre los que se vertebraba esta vinculación mercantil se limitaban a concluir una serie de obviedades tales como que la Playa de Palma, donde tenía establecimientos Royaltur, «es un destino turístico preferentemente alemán». O que los germanos que escogen esta zona lo hacen guiados «fundamentalmente por el clima». Otro de los informes realizados por Concepción Obrador se centraba en la playa de Sa Coma y sentencia que la explotación de los bares, sombrillas, hamacas y velomares que la integran constituye «un negocio muy interesante». Moll aceptó pagar anualmente por estos informes a Garau durante años para evitar que éste le boicotease desde su cargo público uno de sus principales negocios. En 2003 dejó de hacerlo «harto de ser extorsionado» y el caso se encuentra ya en los tribunales.

 
   
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