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  Martes, 28 de agosto de 2007 Actualizado a las 22:15
 

COMERCIO
Los consumidores creen que la imposición del catalán al comercio es un «debate ficticio»

La Unión de Consumidores de Eivissa no ha recibido ni una sola queja por «derechos lingüísticos» y asegura que los consumidores tienen «otros problemas más importantes»

  A D E M A S
 Una copia de la 'Ley del Catalán' de Pujol
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Mariano hidalgo

EIVISSA.- La Unión de Consumidores (UCE) de Eivissa ha señalado que la imposición del catalán a los comerciantes pitiusos es un «debate ficticio» que no afecta en absoluto a usuarios ni a clientes. La UCE de Eivissa no ha recibido ni una sola queja en reclamación de «derechos lingüísticos» ni antes ni después de la entrada en vigor de la Ley 11/2001, de Ordenación de la Actividad Comercial en las Islas Baleares, que establece la obligación de rotular los establecimientos «al menos, en catalán».

El portavoz de la UCE en Eivissa, Carlos Salinas, ha asegurado que los consumidores y usuarios de las Pitiüses no plantean «problema alguno» con la lengua usada en sus transacciones comerciales, por lo que se está generando un «debate ficticio» en torno al comercio y a la lengua, que «no afecta para nada al consumidor».

Esta organización privada que vela por la defensa de los derechos de los consumidores nunca ha recibido una reclamación por vulneración de los «derechos lingüísticos» de sus asociados, ni tampoco de aquellos usuarios no afiliados, cuyas consultas son desviadas a las Conselleria de Consumo cuando derivan en reclamaciones.

Salinas también ha advertido sobre la obligatoriedad de acatar lo dispuesto en la normativa del Govern balear, porque «las leyes se hacen para cumplirlas». No obstante, ha querido aclarar que los consumidores y usuarios de las Pitiüses tienen «otros problemas más importantes que la lengua», entre los que menciona las cuestiones relativas a precios, calidad de los productos y competencia.

Desde UCE de Eivissa, se ha indicado que estas materias que sí afectan a la seguridad y a los derechos de los consumidores deberían «estar mucho más vigiladas por consumo», ya que «las reclamaciones que nos llegan no van por la línea lingüística, sino por otro lado». La Unión de Consumidores de Eivissa ha aprovechado para reivindicar de nuevo un mayor número de inspecciones rutinarias para garantizar los derechos de los usuarios.

En este sentido, el mayor número de quejas que viene recibiendo la UCE de Eivissa tienen su origen en los servicios que prestan las compañías de telefonía móvil y fija, así como las conexiones a Internet.

En la misma línea que la Unión de Consumidores de Eivissa, el anterior titular de Comercio, Industria y Energía del Govern balear, el 'popular' Josep Juan Cardona, aseguraba recientemente en una entrevista concedida a este diario que la polémica generada por el Ejecutivo de Antich al retomar la imposición del catalán a los comerciantes es «una cuestión de consumo interno; un gesto destinado a la galería, no a los ciudadanos», ya que -en su opinión- «al consumidor no le preocupa realmente que se aplique el artículo 8.3 de la Ley de Comercio».

Curiosamente, el artífice de la Ley de Comercio de Baleares y entonces vicepresidente del Govern balear, Pere Sampol (PSM), justificó en su momento la redacción de la norma amparándose en una supuesta «defensa de los consumidores».

Sampol llegó a retar al Gobierno de José María Aznar a «llevar al Govern balear al Tribunal Constitucional», si se planteaba un conflicto de competencias de la ley autonómica con la Ley de Liberalización del Comercio que, en esos momentos, elaboraba la Administración central.

La Ley del Comercio establece en el capítulo dedicado a los 'Derechos Lingüísticos' de los consumidores la obligación de que la rotulación, tanto exterior como interior, de todos los comercios de Baleares debe estar redactada «al menos, en catalán». Además, las tiendas que tengan una plantilla de más de tres personas deben estar en condiciones de atender en cualquiera de las dos lenguas co-oficiales de la Comunidad que elija el cliente. La norma impone multas que oscilan entre los 1.500 y los 15.000 euros a los establecimientos que no acaten estas medidas lingüísticas.

 
   
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