Violín, piano y danza. Consagrados como
Belkin y Vásáry junto a otros más que
jóvenes intérpretes. Todos los ingredientes
para el mejor cóctel: la clausura de
Serenates d'Estiu y el 50 aniversario de
Juventudes Musicales de Palma. La 'gran
fiesta de la música' bajo el embrujo de la
luna llena.
LAURA JURADO
Será
una especie de concierto degustación»,
comentaba ayer el pianista Tamás Vásáry
durante la presentación. Un menú especial
para la vista y el oído que Serenates
d'Estiu cocinará con mimo para la noche de
su clausura y para conmemorar los 50 años
de la delegación en Palma de Juventudes
Musicales.
Gonzalo Company, director
artístico del festival, será también el
encargado de dirigir la gala de esta noche
para la que ha reservado la actuación de
los que él considera ya «amigos»: grandes
intérpretes a nivel internacional que han
pasado por Serenates d'Estiu un mínimo de
cinco veces en sus 37 años de
historia.
Como en todo banquete que
se precie, cuatro serán los platos fuertes
de la noche: los violines de Boris Belkin y
Kyoko Yonemoto, el piano de Tamás Vásáry y
la voz de la mezzo-soprano Zandra McMaster.
Pero será también la noche de los aderezos
y las guindas.
Por primera vez se
incorporará la danza a Serenates d'Estiu de
la mano de la bailarina húngara Henriett
Tunyogi, acompañada al piano por Vásáry,
quien interpretará piezas de Liszt y
Saint-Saens entre otros. Cuando suene
Claire de Lune de Debussy, la luna
llena prevista para esta noche iluminará el
patio de armas del Castillo de Bellver. «Lo
tenemos todo organizado», bromeó
Company.
Otra de las novedades será
la presentación de la Orquesta de las
Juventudes Musicales de Palma: una
iniciativa creada con «vocación de
continuidad» para su presencia en
diferentes festivales aunque no con una
nómina fija.
Sus 35 músicos tendrán,
además, el reto de actuar bajo la batuta de
tres directores diferentes en la misma
noche. Un desafío que, en palabras de
Vásáry, demuestra «el alto nivel» y la
flexibilidad de sus músicos.
Una de
las guindas de la noche será la actuación
de un grupo de niños de entre seis y doce
años que interpretarán la Sinfonía de
los Juguetes de Mozart dirigidos por el
director de la coral de la UIB, Joan
Company.
El concierto de esta noche
-que comenzará a las 22 horas en el patio
de armas del Castillo de Bellver- pondrá
punto final a los actos organizados en
conmemoración del 50 aniversario de
Juventudes Musicales de Palma, que
comenzaron en el verano de 2006.
La
institución -fundada en 1956 por Joan Moll-
es una institución pionera en la defensa y
promoción de la música clásica en Mallorca.
Una de las primeras en potenciar este tipo
de música entre los escolares además de
colaborar actualmente en la parte musical
de la mayor parte de eventos de la Isla
como la Semana de Santa Cecilia, la fuesta
del Corpus o el Cicle de Música de
Cambra.
«Para nosotros es un gran
orgullo poder cumplir medio siglo. Sobre
todo porque nuestra delegación nació en un
momento en que la música clásica tenía una
presencia muy escasa en Mallorca», afirmó
ayer la actual presidenta de la institución
en Palma, Concepció Oliver.
Doce años
después de su fundación, las Juventudes
Musicales de Palma organizaron la primera
edición de Serenates d'Estiu que se celebró
en el claustro de Sant Francesc hasta que
en 1989 se trasladó a Bellver.
La
XXXVII edición del festival ha estado
marcada por su tono conmemorativo: el
programa de actuaciones ha pretendido ser
un recopilatorio de todos los
artistas que han pasado por este ciclo en
años anteriores.
A lo largo de los
cinco conciertos que componían el festival
-que se inauguró el pasado 2 de agosto- han
pasado por Palma intérpretes de la talla de
la Academy of Saint Martin in the Fields
Chamber Ensemble, la violinista Leila
Josefowicz o la pianista John Novaceck.
Éste fue, además, el marco elegido por la
cantante Maria del Mar Bonet para presentar
su nuevo disco Terra secreta y para
celebrar, también, sus cuarenta años de
trayectoria musical.
Platos
tentadores y de gran éxito: un día antes
del concierto las entradas ya estaban
prácticamente agotadas. El público
mallorquín y los turistas -«cada vez más
los nacionales», apuntaba Company- han
tomado buena cuenta de este nuevo elemento
en la dieta mediterránea. Una cita
ineludible. «Quizá sea demasiado tarde para
esperar a que cumplamos otros cincuenta
años», bromeó Concepció Oliver. Y tiene
razón.