En Mallorca gozamos de magníficos
profesionales del cuidado de la boca.
Amablemente nos recuerdan que si no vamos a
visitarles mínimo una vez al año, existen
altas posibilidades de que un autocar -esa
es la sensación que se tiene la primera vez
que nos colocan una prótesis removible-, va
a acompañar a nuestras cuerdas vocales
durante el resto de la existencia. Tienen
razón, ya que sólo el 63% de los baleares
acude al dentista anualmente, reduciéndose
al 30% en las revisiones de cada 6 meses,
porcentaje bastante inferior a la media
española.
Por lo que he escuchado y
visto existen dos tipos de dentistas, aquel
que desconociendo su auténtica vocación de
promotor inmobiliario -generalmente suele
ser foráneo-, cuando abrimos la boca y
mientras señala con el índice las distintas
áreas carentes de molares, nos informa:
«7.000, 7.000, 7.000, 7.000, 7.000. Creo
que por 35 ó 40.000 euros y a través de un
implante general, usted puede tener una
boca como la de Burt Lancaster en la
película Veracruz». Y el otro, que
siendo fiel seguidor de la escuela del
Doctor Aguilar -es decir, como los
médicos de antes-, utiliza un léxico bien
distinto: «Vaya, vaya, aquí hay un diente
careado, habría que empastarlo. Ojo,
observo que una muela está presionando a la
de al lado, será cuestión de ver si
poniendo…». En efecto, en todas las
profesiones cuecen habas.
Amigo
lector a usted pueden dolerle las muelas
durante un día laborable, pero como la
incómoda punzada le aparezca un sábado o
domingo, o quizás en fechas tan
significativas como Semana Santa, Navidad e
incluso en plena canícula, lo tiene
francamente mal.
En
Mallorca no hay dentistas de guardia. El
porqué no implantan este servicio las
clínicas en colaboración con los
profesionales y se anuncia al lado de las
farmacias de 24 horas, se desconoce. En
honor a la verdad la Clínica Juaneda tiene
abierto un Centro permanente de asistencia
bucal, ¡en Magaluf!. Objetivamente un poco
lejos para los palmesanos y no digamos si
se trata de atender a los ciudadanos que
viven en Binissalem, Consell, Lloseta,… A
quien corresponda: ¿Poner en funcionamiento
esta prestación que además de social es
rentable, sería tan difícil?
Al
dentista no es conveniente engañarle. Usted
puede hacerlo con su santa esposa y si me
apura con Hacienda, pero con este
profesional no es aconsejable. En una
cartulina que aparece el grafiado de su
boca va anotando con aspas o redondelitos
las piezas que le faltan o están tocadas,
de ahí que si se le ocurre ir a otro
profesional a realizarse una extracción y
luego tiene que volver al redil, le van a
pescar.
Para no sonrojarse lo más
práctico es decir que estuvo en San
Sebastián y debido a que los muchachos de
la «kale borroka» le tiraron una piedra a
la mandíbula, al sentir dolor no tuvo más
remedio que ir a un odontólogo de esa
localidad quién le aconsejó extraer la
pieza. Es bastante creíble, ya que si esta
incidencia sucede durante esos periodos que
Rodríguez Zapatero califica «de
tregua», es un excelente tema de
conversación.
Para el articulista ha
sido un placer entrar en la etapa de la
madurez junto a su dentista. Los
respectivos hilitos de plata comenzaron a
aparecer en el cabello con escasos meses de
diferencia y cuando me enfrento a
situaciones que exigen asentar los
principios, siempre me acuerdo de su amable
rostro cubierto con el protector, diciendo:
«El canino Javier, hay que cuidar el
canino porque si nos falla el resto con
esta pieza podemos sostener el
andamiaje».