Es por demás, la cabra tira al monte, no
aprenden de los fracasos, se empeñan en
ignorar una realidad compleja e
inaprensible e insisten, erre que erre, en
el viejo y comprobado error del socialismo
de intervenir las sociedades de acuerdo con
un modelo -siempre un modelo ideológico-
que previamente han diseñado de acuerdo con
su creencia de que, ellos y sólo ellos,
saben lo que les conviene a los ciudadanos.
Como, a mayor abundamiento, la izquierda
tiende a instalarse en mundos virtuales,
acaba confundiendo la utopía con la
realidad. Y ya se sabe: si la teoría
utópica no coincide con la realidad, la que
está equivocada es la realidad, no la
utopía.
Jordi Borja -a quien
copio el título de este artículo- escribía
recientemente, a propósito de los
sistemáticos y recurrentes modelos
de ciudad que se saca de la manga la
izquierda que, por favor, experimentaran
con ratas que es lo que suelen hacer los
científicos cuando investigan una hipótesis
de trabajo. Y también advertía Borja que
los «modelos de ciudad» servían, en todo
caso, para «predecir» el pasado, es decir,
como instrumentos analíticos
racionalizadores de lo que fue. Confundir
los «tipos ideales» con la compleja
realidad -venía a concluir- era, además de
un disparate, un peligro.
Apenas
instalados en el poder municipal, empiezan
a aparecer síntomas inquietantes. La
Ramón no oculta su decidida voluntad
de convertirnos a los palmesanos en buenos
y obedientes catalanes, nos guste o nos
disguste, por las buenas o por las malas,
amén de reescribir la Historia
convirtiéndonos a posteriori a todos los
ciudadanos en republicanos -de la II
República- y en rojos, cuando fueron
exactamente lo contrario. Y El
Biodiverso, que tanto juego dio en
tiempos del primer Pacte de Progrés y que
ahora es concejal de Vivienda, vuelve a las
andadas con peregrinas tesis de que «va a
intervenir en el modelo de ciudad», que en
Corea evitará la aparición de guetos de
alto standing , que conseguirá
introducir el alquiler en el mercado de la
vivienda y que penalizará fiscalmente a los
propietarios de pisos vacíos que no se
instalen en la oferta del alquiler. Una
joya, el biodiverso Gómez: ya montó
un follón con los parques naturales,
prescindiendo por completo de los
propietarios que representaban el 90% de
las tierras, y ahora lo va a montar con su
enfebrecido modelo de Palma, sus
alquileres y sus dirigismos
iluminados.
Organizará un follón de
campeonato, pero fracasará. Los
modelos no funcionan porque es tan
compleja la ciudad y tan imprevisibles sus
habitantes -a Dios gracias- que ni siquiera
la ciencia infusa de El Biodiverso
es capaz de abarcarla. ¿Por qué los jóvenes
han vuelto al Borne, aunque sea con
patinetes y bicicletas, y no se han ido a
la plaza de los Patines o a la Cuña Verde?
Han pretendido mantener la identidad
del casco histórico, cerrándolo al tráfico
y peatonalizándolo pero han conseguido
expulsar a buena parte de sus residentes,
lo han desertizado de vida y de comercios y
lo han convertido, como advertía en
anterior artículo, en un arquetipo de
gentryficación, una especie de Son
Vida urbano con precios carísimos y nuevos
residentes que no tienen nada que ver con
aquel casco histórico interclasista, vital,
abigarrado y dinámico. El carril del Born
cerrado al tráfico ha tenido la virtud de
expulsar el comercio de la zona de Correos.
En Santa Catalina -un barrio con
personalidad, peculiar y en el que Ramon
Aguiló realizó espléndidas reformas- se
consiguió, gracias a estas reformas
embellecedoras, que sus habitantes
vendieran sus casas y se largaran con sus
millones a otras zonas. La próxima gran
especulación será Jacinto Verdaguer y esto
lo saben los de la Plataforma que maneja
Fermoselle y que, a mi juicio,
constituye, además de un lamentable ejemplo
de insolidaridad ciudadana -que
chinchen a los de la calle de
Aragón, que chinchen al resto de los
palmesanos- un puro y duro lobby
capitalista y especulativo en el peor
sentido de ambos conceptos.
En su
modelo de ciudad, Gómez quiere
intervenir el mercado del alquiler a través
de dos vías: convirtiendo al Ayuntamiento
en un gran casero y persiguiendo a los
propietarios de pisos vacíos. Piensa que,
de esta manera, conseguirá solventar en
parte la escasez de vivienda y drenar la
compra de pisos nuevos. Va listo El
Biodiverso. La cultura de la propiedad
de la vivienda está tan arraigada que es
imposible luchar en su contra. Salvo que
Gómez intervenga en el mercado hipotecario,
se convierta en Gobernador del Banco de
España, controle los tipos de interés y
penalice económicamente a los palmesanos
que aspiren a acceder a la legítima
condición de propietarios de su vivienda.
También deberá confiscar -es lo que le va,
conociendo su experiencia en tiempos del
Pacto- los pisos vacíos, con artilugios del
estilo de pagar el valor catastral o
cualquier otra mangurrinada de este tipo.
Para esto, Gómez precisa, no de una
democracia y un Estado de Derecho, sino de
los Planes Quinquenales al soviético
modo.
No, la ciudad es
inmodelizable y menos desde la
ideología. Ni siquiera las intervenciones
vergonzantemente añorantes del peor
socialismo histórico consiguen sus
propósitos, aunque, con frecuencia,
consiguen lo contrario de lo que se
proponían. Y es que estos ideólogos
proponen, pero los ciudadanos disponen de
acuerdo con unos mecanismos intelectuales,
culturales y sentimentales que nadie ha
conseguido aprehender. ¿Dónde están los
gozosos ciudadanos que iban a
invadir el casco histórico peatonizado y
sin coches? ¿Dónde se encuentran los
palmesanos que, en teoría, iban a disfrutar
de un Parque del Mar, devenido casi un
desierto lunar? La primera obligación de un
político es saber de qué va la cosa. Por lo
visto, ni Gómez ni Ramón lo saben
Y
la alcaldesa Calvo ¿qué piensa de
todos estos despropósitos que anuncian sus
colaboradores y que se supone ampara y
comparte? Desde su toma de posesión vengo
insistiendo en que constituye una incógnita
que no se ha despejado, pero que se está
despejando inquietantemente a medida que
estos compañeros de viaje fanáticos
anuncian políticas y medidas que, en buena
teoría, se supone que debería anunciar la
alcaldesa. Calvo accedió a la alcaldía con
una envidiable imagen y mejores
expectativas. Por el momento, no se van
confirmando, ni la imagen, ni las
expectativas. El tiempo se acorta.