ESTEBAN URREIZTIETA
PALMA.- La
juez Carmen Abrines obliga ahora a los
históricos dueños de la Policlínica Miramar
a depositar 3,5 millones de euros de
fianza. La titular del Juzgado de
Instrucción número 10 de Palma ha acordado
a petición del Ministerio Fiscal que Miquel
Dalmau y Cristóbal Pizá hagan frente de
manera solidaria a la citada cantidad
después de comprobar la existencia de una
caja B, es decir una contabilidad
cuya finalidad pasa por evadir impuestos,
en el centro sanitario privado balear de
referencia.
Asimismo la juez
instructora Carmen Abrines ha advertido a
ambos que si no depositan el dinero en un
plazo de 24 horas procederá al embargo de
todos sus bienes hasta alcanzar la cuantía
exigida. La decisión judicial se produce
poco después de que el contable de la
Policlínica Miramar durante las últimas
décadas, Martín Henales, entregase hace
varios meses una copia de la caja B
en el juzgado y revelase en su declaración
la existencia de la citada fórmula
contable.
Henales culpó directamente
a Dalmau de ser la persona que instauró
este sistema así como su máximo
responsable. Tras analizar la caja B
montada durante la época en la que Dalmau y
Pizá disponían de la mayoría accionarial,
Abrines se ha topado con un buen número de
sorpresas.
Pagos
particulares
En la relación de
pagos realizados empleando esta fórmula
presuntamente delictiva aparecen, por citar
algunos ejemplos, salidas de dinero
empleadas por Dalmau para pagar a su
jardinero particular y otras a las que
recurría Pizá para sufragar sus décimos de
lotería. Los ficheros informáticos de la
cuenta denominada como «Ameba
complementaria» y que ascendía a más de un
millón de euros, reflejan decenas de
salidas de dinero que siempre iban
acompañadas del siguiente concepto:
«Lotería Dr. Pizá».
Estos pagos
oscilaron, si se tiene en cuenta a modo de
ejemplo tan sólo uno de los ejercicios
investigados, el de 2002, entre los 162
euros y los 1.400 en época navideña. De tal
manera que a lo largo de un solo año la
Policlínica Miramar pagó por este concepto
un total de 1.742 euros sin que el resto de
accionistas, en total unos 400, tuvieran
conocimiento de ello.
A lo largo del
citado ejercicio y con una periodicidad
casi mensual, la instalación a cuyo frente
se encuentra ahora el hotelero Francisco
Miralles como máximo accionista, fue
pagando al jardinero particular de Dalmau.
Bajo el concepto de «trabajos jardín Dr.
Dalmau»; «jardinero Dr. Dalmau»; o
simplemente «jardín Dr. Dalmau», fue
saliendo progresivamente dinero de las
arcas de la Policlínica Miramar. Lo hizo en
cantidades que rondaban los 500 euros pero
que ascendieron en ocasiones a casi los 800
euros.
Así, año tras año. Siguiendo
con el referido ejercicio, un total de
2.900 euros fue empleado a cubrir el gasto
personal de un Dalmau que ahora se ha
quedado con un 7% de las acciones después
de vender un nuevo paquete a Miralles, que
atesora ya el 45% de la sociedad que
explota la clínica.
A los gastos
particulares de Dalmau y Pizà hay que sumar
en el fichero de la contabilidad paralela
el pago de una serie de nóminas así como de
pagas extraordinarias a varios miembros del
personal médico.
Henales cifró
además en unos 600.000 euros las
disposiciones que salían de la caja
B y subrayó que este dinero no se
declaraba fiscalmente en ningún momento. De
esta contabilidad opaca se beneficiaron
Dalmau y Pizá, pero también el actual
segundo máximo accionista del centro, el
doctor Pau Ramis.
No obstante, este
neumólogo, propietario del 20% de las
participaciones, ya ha realizado una
declaración complementaria para abonar los
impuestos que había evadido al cobrar en
negro. Por el momento las principales
medidas judiciales se centran en Dalmau y
Pizà.