M
SUSANA BEGARA / M. E.
V.
PALMA- Nació en una cuarta Luna
del 1983. Historiador del arte y con
vocación filosófica, admite que escribe por
necesidad. Persigue algo que nunca sabe qué
es. Ha publicado 9+9=18+9=27 y
Casi 30 poemas escogidos al azar. Fue
ganador del primer Premio Art Jove de
Poesía en Castellano con el libro
Pájaros de plomo. En estos momentos
está preparando una antología de poetas
jóvenes de Mallorca en
catalán.
Armamento: Desde
siempre, a pluma. Ahora mismo tengo siete.
Cuando no hay pluma, un Pilot. En casa, al
ordenador.
Santuario
literario: No elijo donde escribo. El
poema te sorprende en los bares, en la taza
del water, en la cocina, en la
cama... Gran parte de mi producción la
realizo en el escritorio de mi habitación.
Si se puede considerar que el Amor es un
lugar, diría que ése es mi sitio
favorito.
Momento del día:
Cuando hay un dictado de algo externo a mí
que me sorprende. Ha habido días que he
comenzado por la mañana y he acabado de
madrugada. A las 7 de la mañana los pájaros
traen mensajes, augurios. Durante la noche
hablan los infiernos que arden en el ron.
Modus operandi: Cada vez que
creo que ya he resuelto el misterio de cómo
escribo todo me cambia. Si dejo de
sorprenderme ya no me interesa. Necesito
afilar todos los lápices de la intuición.
Recomendación veraniega: Los
libros que se han de leer en verano deben
ser aquellos que se han dejado de leer
durante el resto del año.
Un buen
título para un mal libro: Les
genives cremades de Hèctor Bofill o
Metall de Xavi Grimau
Baqués.
Un mal título para
un buen libro: Edad de Antonio
Gamoneda no es que sea un mal título, pero
los otros títulos de sus obras son más
brillantes, y los poemas que contiene
siempre son excepcionales. También La
caja negra de Josep Maria Rodríguez es
una joya con un título normal.
Mi
primer escrito: Mi madre me enseñó un
poema que escribí a los 11 años
aproximadamente, y que era una sátira a una
profesora a la que no tenía demasiado
afecto. Luego también escribí unas rimas
fáciles sobre otros compañeros de clase o
profesores para reírnos y para ser
cantadas. Pero yo aún no sospechaba que
acabaría escribiendo poemas de manera
seria. Luego tuve una profesora de catalán
que nos encargó emular una albada y dijo
que le había gustado mucho la mía. Ella me
animó a escribir. Creo que fue en ese
momento, con trece o catorce años, cuando
descubrí que debía hacer aquello. Cuando me
enamoré por primera vez se despertaron
todos los sentidos, todos los vendavales,
las tormentas que solo existen en la
víscera que destila sentimientos. No
concibo a nadie escribiendo por primera
vez, y que no lo haga emocionalmente; lo
cerebral, lo que de construcción tiene la
escritura llega después. Hace poco, y
después de muchos años, me encontré de
nuevo con ese primer amor al que hacía
referencia, y me dijo que conservaba una
carta que le escribí, que la leía algunas
noches, y como si de algo profético se
tratara, me comentó que todo lo que en esa
carta le decía se ha ido cumpliendo. Yo
creo mucho en la poesía como captación de
energías, como momento en que uno se
dispone como médium.