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  Martes, 7 de agosto de 2007 Actualizado a las 01:16
 

AL MARGEN
El hundimiento del nacionalismo en Mallorca

JOAN FONT ROSSELLÓ


Si por un momento obviáramos que la política es una descarnada lucha para obtener el poder a cualquier precio, dejáramos de lado lo que he ido denominando como la moral del éxito como único criterio para interpretar los resultados electorales y consideráramos en cambio las preferencias de los ciudadanos al emitir su voto, no hay duda de que la principal novedad de las pasadas elecciones es la confirmación del declive, un hundimiento sin paliativos, del nacionalismo de izquierdas y por extensión del nacionalismo en general.

Los comicios de 1995 -tomo como referencia para el análisis los comicios autonómicos que son en definitiva sus elecciones y en los que obtienen sus mejores resultados- son el zenit para el nacionalismo en Mallorca. Los cuatro partidos que hoy integran el Bloc (PSM, EU, Els Verds, ERC) se presentan por separado y logran en total el 23,5% del porcentaje de voto y nada menos que 72.086 votos, superando incluso al PSIB-PSOE. Uno de cada cuatro mallorquines que fueron a votar entonces eligieron alguna de estas cuatro opciones.

En 1999 Esquerra Unida se presenta en coalición con Els Verds y el experimento no suma: EU-EV obtiene menos votos que los comunistas (EU) en solitario cuatro años antes. El PSM se mantiene a la baja y ERC no deja de tener un papel testimonial que nunca abandonará: apenas logran superar el millar de votos absolutos. En conjunto, en 1999 estos cuatro partidos obtienen 58.018 votos, un 19,7%, es decir, uno de cada cinco mallorquines que se acercaron a las urnas.

En 2003 el PSM se derrumba y pierde más de ocho mil votos mientras EU-EV y ERC repuntan levemente. En total, los cuatro partidos logran sólo 51.681 votos lo que, unido a una mayor participación que en 1999, representa únicamente el 15% de los votos.

El batacazo definitivo está por llegar. Ante la monótona tendencia declinante, en 2007 se crea el Bloc con la intención de salvar los muebles. El Bloc se presenta agrupando a las cuatro opciones que en 1995 por separado habían logrado 72.086 votos. Esta vez apenas obtendrá la mitad, 37.572 votos y un escaso 11,16%. Si en 1995 un mallorquín de cada cuatro se decantaba por el PSM, EU, EV ó ERC, doce años después, uno de cada nueve opta por el Bloc.

La serie de los porcentajes de votos no deja lugar a dudas sobre la tendencia declinante del nacionalismo de izquierdas: 23,5% en 1995, 19,7% en 1999, 15% en 2003 y 11,2% en 2007. Estos guarismos, siendo graves, son más graves todavía en términos de apoyo electoral entre toda la ciudadanía. En doce años el nacionalismo de izquierdas no sólo ha perdido la mitad de los votos absolutos, sino que lo ha hecho habiendo aumentado significativamente el censo, un 15,68% con respecto al de 1995. El censo electoral en Mallorca en 1995 era de 479.508 (votantes + no votantes) y los 72.086 votantes de PSM, EU, EV y ERC representaban el 15% del censo electoral. Es decir, en 1995 tres de cada veinte mallorquines con derecho a votar apostaban por alguna opción enmarcada en el nacionalismo de izquierdas. En 1999, el censo ya era 516.360 votantes y los votantes de PSM, EU-EV y ERC representaban únicamente el 11,23% del censo electoral, algo más de uno cada diez mallorquines. En 2003, los 51.681 de las cuatro fuerzas representaban apenas el 9,46% respecto del censo total (545.809 posibles votantes). En 2007, los 37.572 votantes del Bloc sólo representan el 6,77% del total del censo electoral (554.697). Poco más de un mallorquín de cada veinte con derecho a voto ha optado por el Bloc.

Si al análisis sumamos a Unió Mallorquina que progresivamente se ha ido pesemizando también percibimos un bajón significativo en la confianza de la ciudadanía hacia el conjunto de opciones nacionalistas. En 1995 los cuatro partidos nacionalistas de izquierda reseñados más UM representaban al 30,1% del electorado mallorquín, nada menos que 92.052 votos. En 2007, este porcentaje se ha reducido al 19,53% y sólo 65.750 votos con un censo mayor. Aun contando que el pasado 27 de mayo una porción de desencantados ex pesemeros optó por UM, la formación de Munar no ha engordado, sino que incluso ha disminuido 3.603 votos con respecto a 2003, cuando obtuvo sus mejores resultados.

El nacionalismo en Mallorca ha entrado en barrena. Nunca fue un movimiento del pueblo, ciertamente. Sin embargo, los excelentes resultados electorales de 1995 parecían haber cambiado su destino. Fue un espejismo. Desde entonces, elección tras elección, su apoyo ciudadano declina sin parar con el agravante de que el censo electoral no ha dejado de aumentar. El nacionalismo pierde votos cada día que pasa mientras la población en Mallorca aumenta sin cesar.

La tentativa del nacionalismo mallorquín de convertirse en un movimiento de masas ha fracasado estrepitosamente. Y ello a pesar de que ninguna otra ideología rival -la conservadora, la liberal, la socialista- ha contado con los recursos y los dineros con que ha contado el nacionalismo para extenderse entre la ciudadanía y persuadirla de sus bondades. Hay que recordar un dato que a menudo se olvida. Las tesis nacionalistas son las que legitiman in nuce a nuestra autonomía como tal: el consenso lingüístico en torno al catalán y la normalización lingüística, los derechos históricos de nuestro pueblo, la consideración de nacionalidad histórica o la descentralización competencial como principio de acción no son sino invenciones del nacionalismo asumidas por nuestras instituciones y nuestro estatuto como principios fundantes de nuestra razón de ser como autonomía. Sin embargo, a pesar de la respetabilidad que desde las altas esferas se ha otorgado a este imaginario colectivo fraguado por el nacionalismo, convirtiéndolo en la verdad oficial que aparece en la exposición de motivos del estatuto, asignando un presupuesto público al cultivo y al fomento de este imaginario, los mallorquines en su inmensa mayoría lo siguen rechazando porque sencillamente no se reconocen en él. Que hoy ni siquiera la denominación de catalán sea aceptada por la inmensa mayoría de mallorquines pone de manifiesto el fracaso rotundo de nuestra clase política y de un movimiento, el nacionalista, que más que suscitar adhesiones en torno a una identidad que se percibe como impostada, provoca un rechazo mayoritario y cada vez mayor entre los mallorquines, como expresan una y otra vez las urnas.

 
   
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