GABRIELA CORRAZO
POLLENÇA.- Y la
gota que colmó el vaso de la paciencia en
Cala Sant Vicenç (Pollença) fue
precisamente la que no cayó del grifo.
«Desde hace 4 años, cada verano, cuando no
hay suministro de agua potable nos dicen lo
mismo: 'falta una pieza'. Entendemos que no
se puede tener cuatro días sin agua a una
población que en temporada alta alcanza las
2.000 personas. La Cala está dejada de la
mano de Dios».
Al dejar la
carretera, el turista llega al paradisíaco
paisaje de bosque, mar y -claro está-
urbanizaciones. Si disfruta de 10 días de
vacaciones en una vivienda privada, no
imagina que le puede tocar estar cuatro
jornadas enteras sin agua. Si ha escogido
un hotel, pudo tener mejor suerte, pues el
dueño habrá pagado varias decenas de
camiones que le habrán permitido
sobrevivir. Y es que la mayor parte de la
cala se ha quedado sin agua.
Pero la
situación es especialmente intolerable para
quienes viven todo el año desde hace varias
décadas. Aman la Cala, pero asisten a la
creciente degradación de sus servicios. Y
encima deben padecer al menos dos veces al
año la situación de estar sin agua por
algún tipo de avería y, según afirman,
pagar por agua potable lo que es poco menos
que agua de mar. En estos días varios de
ellos han tenido que comprar agua para
abastecerse y llenar sus cisternas. Ahora
han dicho basta.
Denuncian a
este periódico que desde el fin de semana
pasado han intentado infructuosamente
ponerse en contacto con autoridades del
Ayuntamiento y, especialmente, con el
delegado de la zona. Además han intentado,
sin éxito, obtener información de la
empresa constructora Crespí, que tiene la
concesión del servicio de agua potable bajo
el nombre «Aguas de Cala
Carbó».
Trabajan para arreglarlo
Para algunos, lo que pasa en un
pueblo es un botón de muestra de lo que
acontece a gran escala y así lo señalan
comparando su situación con el corte de luz
en Barcelona. Señalan que desde el
Consistorio la única respuesta ha sido que
la empresa encargada del suministro de agua
es privada. Pero los vecinos razonan que es
el Ayuntamiento el responsable subsidiario,
por lo que debe abastecerlos de agua más
allá de la concesión.
Según la
versión oficial a cargo del ahora concejal
de Cultura del PSM y ex gerente de Aguas de
Cala Carbó, Biel Cerdà, la avería se
originó por la ruptura de la bomba
impulsora de agua que contaba con un año en
funciones. El pozo de abastecimiento se
encuentra en una propiedad privada, en la
montaña en el Paso de Síller, y desde
anteayer los operarios trabajaban en la
solución del problema. Para ello debieron
pedir turbinas nuevas al constatar que las
que tenía el sistema eran incompatibles con
la bomba. La bomba nueva y las turbinas
fueron traídas desde Barcelona, alegan. Y
esta es, al parecer, la causa de la
demora.
Para los conocedores del
tema la solución está en instalar dos
bombas en el pozo. De esta manera se
evitaría el corte de agua en la zona por
defecto de una de ellas. Pero Cerdà asegura
que no es posible instalar dos bombas
debido al diámetro del pozo.
Otro
aspecto del suministro del agua en la zona
es la calidad del agua del pozo, que si
bien no disminuye en cantidad durante el
verano, si lo hace en calidad al
salinizarse. El pozo en cuestión tiene
contacto con el mar y a medida que
disminuye el agua dulce ingresa la
salada.
El concejal del PSM, Biel
Cerdá Buades, ex gerente de la empresa que
gestiona el servicio, defiende que la
solución pasa por la futura llegada del
agua de la desaladora de Alcúdia a Pollença
y, en este sentido, señaló «que ahora es
momento de insistir en ello».
Los
vecinos de Cala Sant Vicenç vaticinan
también que cuando lleguen las primeras
lluvias estarán sin luz debido a que unas
75 farolas de la vía pública están
estropeadas. Asimismo, destacan que el
entorno se está degradando con el paso del
tiempo ya que no hay mantenimiento de las
instalaciones, de luz o de las aceras. Y
menos aún reparaciones reales de la red de
aguas, la cual aseguran que se encuentra a
día de hoy muy deteriorada.