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  Martes, 31 de julio de 2007 Actualizado a las 00:51
 

Del hombre al mito

CARLOS JOVER


Hay hombres que originan un movimiento a su alrededor, como lo hacen los catalizadores o las enzimas en las reacciones bioquímicas, y son la causa de que ocurran ciertos sucesos que luego recoge la Historia. Ése el es caso de Coll Bardolet, pintor catalán adoptado por la villa de Valldemossa, y sin cuya intervención no podrían entenderse muchos acontecimientos que en la isla han ocurrido a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Nació el artista en Campdevánol, provincia de Girona, en 1912, pero tras el exilio de la Guerra Civil llegó a Mallorca, exponiendo por primera vez aquí en la célebres Galeries Costa en 1941. No fue sino tres años más tarde, en 1944, cuando se instaló definitivamente en Valldemossa, donde al principio pasaba sólo los veranos, hospedado en el famoso Hotel del Artista, tal y como cuenta Felio Bauzá en el libro dedicado a este insigne establecimiento. El círculo de ambiente culto y refinado que se congregaba en dicho hotel debía a Coll Bardolet su espíritu profundo, al que fue fiel hasta el cierre en mayo de 1966.

Coll Bardolet representa el apogeo, en pintura, de lo que en literatura pudo representar el movimiento de la Nova Renaixença, en el que el realismo mediterráneo, de culto al color, la sensibilidad y las emociones de la vida en general, no ignora los movimientos intelectuales de la primera mitad del siglo, provocando una renovación de los planteamientos estéticos de la pintura entendida como la forma plástica más académica, pintura de caballete, esfuerzo de escuela y reglas de proporción y armonía celeste.

Hombre de gran corazón e infatigable aliento, fue el promotor de los famosos conciertos en el Torrent de Pareis, lugar emblemático que él convirtió, desde 1964, en un centro espiritual de alto voltaje. En 1980 se exhibió una muestra antológica de su obra en La Lonja, y en 2004 el Govern le nombró, en su primera edición, Balear del Mundo en la modalidad de artes plásticas. Fue a principios de este mismo año cuando por fin se inauguró el museo Coll Bardolet de Valldemossa, pues hasta entonces sólo existían espacios dedicados a su obra en exclusiva en su pueblo natal y en el monasterio de Lluc.

Su obra, de estilo inconfundible, estará siempre relacionada con la costa norte de Mallorca, con Valldemossa, La Calobra, y todos los mitos y leyendas de este mágico rincón del mediterráneo, el Archiduque, Chopin, y las jóvenes payesas bailando al son de los tamboriles de piel de cerdo y corazón desgarrado. Aunque hace tiempo que su nombre ya integraba la mitología de esta costa, es ahora cuando por fin se esculpirá con toda su prestancia su nombre en el libro de leyendas. Descanse en paz, pues, quien acaba de entrar en el mito.

 
   
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