En la consejería de Medio Ambiente hay
una dirección general sin director general.
Mejor dicho, sin directora general, porque
esa silla la tiene que ocupar una mujer por
ovarios, o sea por la ley de paridad. No
encuentran a nadie del sexo femenino, de
momento, para dirigir o al menos para hacer
como que dirige ese departamento. Los
funcionarios no tienen a quién pedir el
ok de su trabajo. No tienen a quién
pedirle el visto bueno al último informe, o
a la última idea genial que han gestado en
la ebullición de sus despachos
caniculares.
¿Es que no encuentran a
nadie cualificada para el cargo? Ni
cualificada ni no cualificada. Por
desgracia esa consejería ha caído en manos
del señor Grimalt, de UM, lo que nos
alucina, habiendo en el Pacto hexapartito
formaciones políticas en principio más
interesadas en asuntos de conservación de
la naturaleza. A UM se le ha acabado el
contingente de parásitos, después de
colocarlos a todos como altos cargos en
Cort, con permiso extraordinario de Aina
Calvo. Calvo, tan elogiada por su
perfil profesional, parece que prefiere
cultivar a su alrededor un caldo soso de
mediocridad e incompetencia. Los cargos
inyectados por UM en Cort no han necesitado
acreditar ningún currículo de funcionarios,
ni ningún título de licenciados.
UM,
como sabemos, lo único que te pide para
colocarte es que le votes, después de
afiliarte, previa aceptación de desviar
parte de tu sueldo al partido. En momentos
de extrema alarma, va a buscar votantes a
la puerta de colegios electorales el día de
las elecciones para comprar votos por
treinta euros. Ahora va a ir por la calle a
pedirle a la primera hembra que pase si
quiere ser directora general en Medio
Ambiente. Porque los militantes de UM, al
menos las hembras, ya tienen todas
prebenda, y los machos, sintiéndolo mucho,
no entran en el sorteo.
A los
funcionarios de esa dirección general les
da igual en el fondo quién les dirija. Lo
único que quieren es que venga alguien ya a
dar la cara y a llevarse las bofetadas, en
caso de polémica. Les importa un pito si la
nueva directora general es funcionaria,
licenciada, experta en el tema o viene de
fregar patios o vender helados en un
chiringuito de playa. Les basta con que
firme los papeles que se acumulan en la
mesa del despacho, con que tome las
decisiones que nadie tiene ahora los huevos
de tomar, porque no es su responsabilidad y
porque ahora esas decisiones no son cosa de
huevos, sino, como hemos dicho ya, de
ovarios.
¿Han pillado los guardias de
la consejería a unos cazadores furtivos
celebrando una misa negra con sacrificio
masivo de anfibios protegidos? Sería todo
un notición. Pero nadie tiene ovarios para
coger el teléfono y convocar una rueda de
prensa, para escarmiento de los
delincuentes.
Entre los machos de UM
sin silla ya empieza a hablarse de cambios
de sexo, ahora que los paga
Antich.