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  Martes, 31 de julio de 2007 Actualizado a las 00:44
 

EN VENA
Un caldo soso

ROMÁN PIÑA VALLS


En la consejería de Medio Ambiente hay una dirección general sin director general. Mejor dicho, sin directora general, porque esa silla la tiene que ocupar una mujer por ovarios, o sea por la ley de paridad. No encuentran a nadie del sexo femenino, de momento, para dirigir o al menos para hacer como que dirige ese departamento. Los funcionarios no tienen a quién pedir el ok de su trabajo. No tienen a quién pedirle el visto bueno al último informe, o a la última idea genial que han gestado en la ebullición de sus despachos caniculares.

¿Es que no encuentran a nadie cualificada para el cargo? Ni cualificada ni no cualificada. Por desgracia esa consejería ha caído en manos del señor Grimalt, de UM, lo que nos alucina, habiendo en el Pacto hexapartito formaciones políticas en principio más interesadas en asuntos de conservación de la naturaleza. A UM se le ha acabado el contingente de parásitos, después de colocarlos a todos como altos cargos en Cort, con permiso extraordinario de Aina Calvo. Calvo, tan elogiada por su perfil profesional, parece que prefiere cultivar a su alrededor un caldo soso de mediocridad e incompetencia. Los cargos inyectados por UM en Cort no han necesitado acreditar ningún currículo de funcionarios, ni ningún título de licenciados.

UM, como sabemos, lo único que te pide para colocarte es que le votes, después de afiliarte, previa aceptación de desviar parte de tu sueldo al partido. En momentos de extrema alarma, va a buscar votantes a la puerta de colegios electorales el día de las elecciones para comprar votos por treinta euros. Ahora va a ir por la calle a pedirle a la primera hembra que pase si quiere ser directora general en Medio Ambiente. Porque los militantes de UM, al menos las hembras, ya tienen todas prebenda, y los machos, sintiéndolo mucho, no entran en el sorteo.

A los funcionarios de esa dirección general les da igual en el fondo quién les dirija. Lo único que quieren es que venga alguien ya a dar la cara y a llevarse las bofetadas, en caso de polémica. Les importa un pito si la nueva directora general es funcionaria, licenciada, experta en el tema o viene de fregar patios o vender helados en un chiringuito de playa. Les basta con que firme los papeles que se acumulan en la mesa del despacho, con que tome las decisiones que nadie tiene ahora los huevos de tomar, porque no es su responsabilidad y porque ahora esas decisiones no son cosa de huevos, sino, como hemos dicho ya, de ovarios.

¿Han pillado los guardias de la consejería a unos cazadores furtivos celebrando una misa negra con sacrificio masivo de anfibios protegidos? Sería todo un notición. Pero nadie tiene ovarios para coger el teléfono y convocar una rueda de prensa, para escarmiento de los delincuentes.

Entre los machos de UM sin silla ya empieza a hablarse de cambios de sexo, ahora que los paga Antich.

 
   
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