A pesar de la estafa intelectual y moral
que supone tanto el falso
liberalismo de UM como el
liberalismo edulcorado de un
Jaume Matas que, como apuntaba el
martes pasado Joan Font Rosselló,
apenas se le puede definir como
liberal, siendo más apropiado
calificarlo como un socialista que gestiona
bien a la luz de la expansión ilimitada que
ha experimentado lo público en sus años de
gobierno, el verdadero liberalismo sigue
ganando terreno en círculos cada vez más
amplios de nuestra sociedad.
La
semana pasada, del día 2 al 6 de julio,
tuvo lugar en la Universidad Rey Juan
Carlos (Aranjuez) el segundo curso de
verano patrocinado por el Instituto Juan de
Mariana, titulado El liberalismo ante
los retos del siglo
XXI.
Conclusión: a pesar de la
ignorancia que subyace a tanto discurso
liberal hueco, el liberalismo está
vivo. No sólo por el interés que despierta,
pues ha sido el curso más solicitado de
entre los que se celebrarán a lo largo del
mes de julio en dicha universidad, sino por
la calidad, el rigor, y el nivel de los
conferenciantes, que en todo momento,
lograron despertar con sus propuestas la
activa implicación de los alumnos.
Gabriel Calzada, doctor en
Economía y presidente del Instituto Juan de
Mariana, reunió a lo largo de cinco
jornadas, a especialistas provenientes de
España, Argentina, Perú, Estados Unidos y
Suiza, para tratar cuestiones de
actualidad, como el cambio climático, el
futuro del liberalismo y los fundamentos
filosóficos e históricos de la filosofía
liberal.
Sin embargo, para quien
escribe estas líneas, lo mejor de todo es
constatar que la LOGSE ha dañado a muchos,
pero no ha podido con todos. Jóvenes de
diversas partes de España, entre los 19 y
los 28 años, espoleados por las ganas de
aprender, estudiantes de derecho, economía,
e incluso algún músico, formaban la mayor
parte del alumnado. Dotados de un honesto
interés por el conocimiento, y haciendo
gala de un sentido analítico que sólo tiene
quien no ha hecho suyos los dogmas del
pensamiento políticamente correcto, esos
chicos son la cantera de la que un día
surgirán profesionales, especialistas o
profesores que no caerán fácilmente en las
redes de la propaganda. Pues sabrán, por
ejemplo, que existe un debate vivo en las
ciencias medioambientales sobre los mitos y
realidades del cambio climático (el público
en general sólo conoce los primeros), que
hay maneras diferentes de enfocar los
problemas que la Ley del Suelo sólo agrava,
que los enemigos de las libertades
individuales acechan bajo los pelajes más
insospechados, que la Escuela Austriaca de
Economía sigue vigente en sus propuestas
básicas y sobre todo, que la economía y la
política en nuestro país, necesitan de
personas valientes dispuestas a aplicar
ideas y principios innovadores que los
políticos, erigidos en casta, intentan
silenciar, aunque algunos las hagan suyas
vagamente de vez en cuando con tal de
hacerse con nuestro voto, para no
aplicarlas nunca, pues reducirían la
mastodóntica maquinaria de un estado torpe
e ineficaz, a costa del cual se perpetúan
en el poder.
La participación final
de especialistas tan reconocidos como
Carlos Rodríguez Braun y Jesús
Huerta de Soto, complementarios pero
opuestos en cierto sentido, fue el punto
culminante de las jornadas. El segundo,
abanderado del anarcocapitalismo de
Murray Rothbard, expuso con la
vehemencia de quien cree en lo que dice,
las líneas generales de un pensamiento que
se construye a partir de las deficiencias
que lastran al liberalismo de corte
clásico. No es extraño que irradie
influencia entre quienes estudian y
trabajan con él aunque uno, vea elementos
en sus teorías de muy difícil realización
en sociedades complejas como las modernas,
y por tanto, se identifique más con la
postura del primero, pues no mantengo un
concepto decimonónico del Estado.
Aun
así, no se debe olvidar que prima la
coincidencia en reducir el intervencionismo
de los organismos públicos para devolver
competencias a una sociedad civil que
necesita de think tanks
independientes como el Instituto Juan de
Mariana. Al fin y al cabo, también los
liberales necesitan el estímulo de
propuestas osadas para emprender cambios
progresivamente más incisivos.