Hemeroteca Agenda cultural Cartelera Titulares

Tienda Restaurantes De copas Loterías
 BALEARES
 24HORAS
 Opinión
 Illes Balears
 Palma
 Menorca
 Part Forana
 Deporte
 Cultura
 Ibiza y
 Formentera
 SUPLEMENTOS
 La Economía
 Balear
 Fora Vila Verd
 EDICIÓN
 NACIONAL
 España
 Internacional
 Economía
 Deportes
 Cultura
 Ciencia
 Tecnología
 60 segundos
 Edición
 impresa
 Catalunya
 Madrid24horas
 OTROS
 Fotos del día
 Álbum
 Vídeos
 
  Sábado, 30 de junio de 2007 Actualizado a las 01:19
 

LA MODE
Apatrullando la ciudad

AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO



El otro día murió El Fary, inmenso donde los haya, jefe de las casetes de giratorio de bar y gasolinera, muñequito de espejo retrovisor vestido de Elvis, protagonista indiscutible de Torrente, el brazo tonto de la ley. El Fary era pequeño, llevaba tacones y mariconera, un caso de pelo y anillos en los dedos. Si te fijabas bien, de medio perfil, se parecía a Julio Cortazar. Su París fue el madrileño barrio Bilbao; su Maga fue su madre, a la que le dedicó más de un tema; su Rayuela sus más de 300 canciones, que puedes escuchar en cualquier orden y el resultado siempre es el mismo, inmejorable; sus cronopios y sus famas, los colegas del rastro de Madrid, que tan bien conocía, donde comenzó vendiendo sus propias grabaciones en el suelo antes de pasar a la vertical de las gasolineras. Participó en alguna serie de televisión, Menudo es mi padre, pero fue a las órdenes de Santiago Segura en Torrente donde llegó a todos los públicos con el hit Apatrullando la ciudad.

A él se le deben frases memorables como La calle ha sido mi Cambridge -esta frase se la copió la Munar el día que entró a negociar en el despacho de Matas-. O, «soy recortadito y no muy agraciado de morros» -que fue lo que le contestó Matas para hacerse el pobrecito y darle pena-. O, «No soy feo, soy abstracto» -impagable sentencia que llevaba Munar escrita a boli en la ropa interior aquel día, respondiendo a la exigencia de las bases de su partido de hacer un eslogan que bien los definiera. Por no hablar del clásico, «Luego encontré mi estímulo en los fandanguitos, pero como el flamenco da poco dinero, y yo necesitaba una casa, me di a la cosa coplera, sin dejar mis pellizquitos, eso sí» -excusa que le esgrimió ella a él, ya subida a la mesa, para justificar su ascenso de defensora del pequeño agricultor a defensora de las gravas.

También la parejita se agenció canciones como, Paloma que pierde el vuelo -cuando ya las cosas entre ambos comenzaban a ir mal, y él se arrepentía de haberse quemado en tantos reproches. O El bichito del amor -un día que ella regresó haciendo eses de un dijous bo, y así se lo espetó. O aquella otra célebre, «toro, torito, torito bravo, lleva botines, no va descalzo», -canción que, según dijeron, ella le cantó en un conocido karaoke de la parte izquierda del Nervión, con esos ojos tristes y bovinos que sabe poner a lo Pantoja.

Cuando llegó el final, a él, abatido como un pájaro en vuelo, solo ante un peligro que siempre había sido más ficticio que real, pero a la postre igualmente mortífero, no le quedó más remedio que arrodillarse, y con la Mont Blanc por micro dedicarle con los ojitos cerrados Apatrullando la ciudad: «Lo mismo rescata a un perro de morir atropellao/, que evita que den un golpe/ en el Vizcaya-Bilbao». Después, en un doloroso gesto de adiós, le regaló la Mont Blanc.

 
   
BUSQUEDAS

Otros buscadores
 LA VIDA MÁS FÁCIL
Hemeroteca
Agenda cultural
Cartelera
Restaurantes
De copas
Busca piso
Rutas de viajes
Callejero
Farmacias
Horóscopo
Televisión
Aeropuertos
Estado de la mar
Líneas Marítimas
Teléfonos útiles
Tráfico
Gasolineras
© EL MUNDO / EL DIA DE BALEARES
Política de privacidad