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  Domingo, 17 de junio de 2007 Actualizado a las 00:37
 

LOS GATOS MAÚLLAN
Aquest endoll no és cap doi

ROMÁN PIÑA VALLS


El jueves pasado en Palma coincidieron dos actos de mucho tirón a las ocho de la tarde. Lo típico, ya sabemos que Palma está que revienta de vida social y concretamente cultural. Este mes la librería Literanta saca humo de tanta actividad. Allí, hace diez días, Ramón Aguiló aprovechó la celebración de Entre la carne y la rosa, poemario de Emilio Arnao, para recitar a Dámaso Alonso y Rubén Darío, con la pasión que le caracteriza y consiguiendo lo imposible: que nadie estallase en carcajadas cuando aparecían, entre los versos de Arnao, metáforas insólitas del estilo «el fornicio de los melones» o «la vida real como ano de camello». Allí, el miércoles presentaba Inés Matute su novela Autorretrato con isla, con éxito de público y solemnes discursos de Juan Luis Calbarro y Miquel Àngel Lladó, un poeta que está de suerte porque a él no le quitan la lengua en la que escribe de los premios Ciutat de Palma, por gentileza de UM y el PSM. Matute se descolgó con una explicación brillante, arrolladora como su cabellera negra, acerca de esta historia de una ex-etarra exiliada en Canarias que medita sobre la culpa, la guerra de los Balcanes y el amor.

Matute no es ex-etarra sino todo lo contrario, una entre miles de vascos que decidieron apostar por la felicidad y escapar del infierno abandonando aquella Euskadi de hace veinte años. Tampoco ha estado nunca en Canarias, y se ha marcado un tanto de buena ficcionadora al engañar a su propio editor.

El jueves Literanta volvió a ponerse de largo para presentar el libro de Falko Haase, el niño más veterano de nuestro panorama literario. Su libro Surreal fue presentado por dos magistrales cómicos, Antonio Rigo y Salvador Bonet, que montaron un número circernse perfectamente adaptado al espíritu del escultor alemán y su propuesta artística. El texto de Haase es una fiesta de humor e ingenio, un juego de absurdo y borrosas fronteras entre sueño y realidad, o sea hiperrealidad, súper-realidad, surrealismo. Salvador Bonet, que deberían fichar en la nueva IB3 para deleite de los telespectadores, homenajeó a Haase y su dedicación a las esculturas aeronáuticas convirtiéndose en un espantapájaros que luego se transformó en cometa. Rigo tiraba de una cuerda y Bonet volaba en Literanta. Fue lo más divertido que nunca se le ha visto hacer a este gran cómico, famoso por contar el cuento de Caperucita al revés (sílaba a sílaba) y por no tener teléfono móvil.

Pero a esa misma hora actuaban en el salón de actos de Caixafórum Guillamino y Pedrals, un músico y un poeta que han fundido sus artes en un disco titulado En/doll. Josep Pedrals es un poeta muy conocido ya, cuya fama de audaz rapsoda le precede hace años. Me lo perdí en su actuación en la segunda y última Tertùlia@Deià, y el jueves no quería reincidir. Así que dejé a Bonet volando y me teletransporté al Gran Hotel, a un recital con música electrónica. Bueno, me dije, tratándose de Pedrals nada es imposible. El estruendo me indicó el camino. Entré en la sala y me quedé patidifuso. Me senté en la primera butaca que vi, en la última fila, como para asimilar la impresión.

Tres tipos cantaban hip hop en catalán en un escenario. Ahí estaba Josep Pedrals, el autor de Furgatori y Escola italiana, micro en mano, demostrando un dominio indudable del lenguaje corporal y musical. Puro espectáculo, y extasiante cuando salieron las dos chicas a hacer coros añadiendo una corografía de caderas. Poesía es ritmo, y el maestro de los recursos fonéticos, del juego verbal que es Pedrals, tiene mucho ganado a quienes intentan hacer hip hop sin más bagaje que su ilusión. Las canciones de En/doll tienen muchísima gracia, desde la propuesta para convertirnos en ranas en el retrete a la descripción de un Arca de Noé como una Babel intemporal. En la actuación Pedrals hizo un «solo» a base de nombres de dictadores del planeta realmente desternillante y técnicamente chapeau. Ya lo dijo hace no mucho Nadal Suau: el hip hop es la poesía de hoy. Si es un estilo musical que deja el protagonismo a los textos, al menos que los textos sean obra de buenos poetas. Pedrals abre un camino lógico en la poesía que cultiva: acerca este arte a nuestro siglo. Fernández Mallo puede brindar por ello.

 
   
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