La autopsia de los cadáveres de los tres
alemanes asesinados en de Ses Barraques no
ofrecía lugar a dudas: todos recibieron
tiros de ajusticiamiento, según el informe
forense. Les sujetaron, les tumbaron en el
suelo y les dispararon con un arma corta en
la sien.
Contrariamente a lo que se
pensó inicialmente tras la primera
inspección ocular, los dos primeros en
morir fueron el empresario Manfred Meisel y
la empleada del hogar, Claudia
Liestein.
Según la teoría de los
forenses, los asesinos -las pesquisas
confirmaron que se trataba de más de uno,
aunque sólo usaron una pistola- entraron en
Ses Barraques alrededor de las doce de la
noche y se dirigieron a una nave donde se
guardaban aves tóxicas. Allí se encontraban
Manfred y Claudia. Al parecer, a punta de
pistola, fueron obligados a
tumbarse.
Los disparos se efectuaron
a muy corta distancia. De hecho, los
impactos se efectuaron a muy corta
distancia e, incluso, se sospecha que
pudieran haber apoyado el arma. Alguien les
sujetó los pies mientras otra les giraba el
cuello.