Sólo un sector muy minoritario de UM
parece estar dispuesto a pactar con el
tibio y melifluo Partido Popular de
Matas. El resto de integrantes de
UM, enraizados básicamente en la Part
Forana, prefiere antes coaligarse con el
PSOE y el Bloc. No se trata sólo de la
venganza uemita a las «ofensas»
sufridas durante la campaña electoral ni de
evitar el abrazo del oso del PP que asegure
la supervivencia de UM. Existe también un
mar de fondo de tipo ideológico que no
conviene soslayar: el escoramiento de UM
hacia la izquierda. Nada tiene que ver la
UM de ahora con aquel partido de derechas
que en los ochenta llegó incluso a
presentarse coaligado a unas elecciones con
la Alianza Popular de Gabriel
Cañellas. De entrada, es imposible
obviar algunos hechos relevantes: siempre
que UM ha tenido capacidad de maniobra, ha
dejado en la cuneta al PP. En el Consell de
Mallorca en 1995, y en el Govern y Consell
en 1999, aliándose las dos veces con toda
la izquierda, incluso con la más
levantisca. Han sido vanos los esfuerzos de
Matas -regalo incluido del Consell en 2003-
de buscarse un aliado, una «rueda de
recambio» por si las moscas.
Y es
que en el plano ideológico el liberalismo
de la UM actual es tan falso como el cartón
piedra y el «centrismo» del que presume no
pasa de simple oportunismo grosero
consistente en olfatear las corrientes de
la opinión pública antes de definirse sobre
cualquier tema. Hoy UM es un partido
nacionalista que ha asumido por completo la
cosmovisión progre de la vida. Si
estudiáramos la evolución ideológica de UM
-parecida a la del PP- de los últimos diez
años, observaríamos una profunda
desideologización que ha consistido en
renunciar a cualquier atisbo
liberal-conservador para adecuarse a una
realidad marcada por el triunfo de la
ideología progre. Este vuelco ideológico se
produjo tras abrir las puertas de par en
par a tutti quanti bajo la consigna
«lo importante es sumar, no restar». Si en
los ochenta los idearios de Cañellas y el
de Albertí apenas se distinguían, en los
noventa fueron legión los simpatizantes más
moderados situados en la órbita del PSM que
se fueron encuadrando en torno a UM,
dejando a los liberal-conservadores en
franca minoría y asumiendo, suavizado, el
mensaje pesemero cuyo eje fundamental
siempre ha sido la satanización del PP.
Esta tendencia ha sido incluso más
pronunciada en estos últimos años, debido a
la crisis interna del PSM, propiciando el
ensanchamiento de su masa electoral con los
pesemeros desencantados.
Un motivo
ideológico nada desdeñable -este poso de
odio hacia el PP- por el cual, por
catalanistas, socialdemócratas,
insularistas, «progresistas» y «centradas»
que sean las políticas del PP, hoy UM
prefiere la izquierda al PP.