ESTEBAN URREIZTIETA
PALMA.- Los
administradores concursales de la quiebra
de la cadena I.R. Hoteles sostienen que el
empresario Pedro Vidal ha venido falseando
la contabilidad de los establecimientos que
ha explotado desde 1991 en Cala Mayor. El
informe presentado ante el Juzgado de lo
Mercantil número uno de Palma acusa al
también socio del empresario de ocio
Bartolomé Cursach de haber ocultado la
realidad contable de los hoteles Santa Ana,
La Cala, y Playa Cala Mayor.
Unos
establecimientos que se encontraban, de
acuerdo con los parámetros legales, en
causa de disolución desde hacía varios
años. Y es que es así como se denomina
técnicamente la situación en la que «las
pérdidas dejan reducido el patrimonio a una
cantidad inferior a la mitad del capital
social».
Según el dictamen de Nuria
Tablate, Esteban Siquier y Juan Sitjar, la
quiebra en la que Vidal ha dejado un
agujero de 5 millones de euros así
como una interminable lista de proveedores
ha venido precedida de unas cuentas anuales
que «ni han insinuado» la crisis financiera
que atravesaban los tres hoteles. «Ni
durante los tres últimos ejercicios ni
anteriormente la administración de la
sociedad ha insinuado en la memoria el
estado de insolvencia», apuntan los mismos
administradores concursales.
Pero
tampoco «la situación de disolución de
acuerdo con la Ley de Sociedades Anónimas».
Y mucho menos, subrayan, Vidal «ha
convocado una Junta General de Accionistas
para resolver dicha
situación».
«Ningún tipo de
control»
Esta estrategia
encaminada a obviar la realidad financiera
escondía «una contabilidad que no se ha
estado llevando al día... ni con la debida
diligencia requerida». Y en medio de esta
dejadez, «los saldos tanto deudores como
acreedores por cierres anuales no se
encuentran conciliados con las operaciones
reales» y «no ha existido ningún tipo de
control interno que garantice un mínimo de
fiabilidad requerido en la llevanza de la
contabilidad». Asimismo añaden que «las
obras de acondicionamiento de los hoteles
para su explotación no se han financiado
con fondos -ni propios ni ajenos-... sino
con fondos procedentes del activo
circulante, estrangulando la operatividad
de las entidades».
Y apostillan que
«se ha procedido a cobrar fondos por
anticipado de las agencias... con el fin de
suplir la falta de financiación, circulante
y liquidez, aplicándoseles a las tarifas un
fuerte descuento debido al cobro por
anticipado, lo cual ha estrangulado aún más
la situación». Las descritas en el informe
de los administradores son algunas de las
causas que han llevado a Vidal a hundir el
Hotel Playa Cala Mayor -4 estrellas-; el
Hotel La Cala -3 estrellas-; y el Hotel
Santa Ana -3 estrellas-, todos ellos
situados en primera línea. Vidal ha
compartido con su hermano Guillermo la
explotación de los establecimientos a
través de las sociedades Beach Hotels;
Gesbal; y Annapurna. El mismo empresario
que ha quebrado estos hoteles y ha venido
falseando su contabilidad se presenta ante
las Administraciones públicas e incluso
ante la Fiscalía Anticorrupción como
paradigma de la legalidad y azote de los
establecimientos ilegales y de las fiestas
clandestinas. Después de décadas acudiendo
a los ayuntamientos y a los tribunales como
denunciante en calidad de presidente de la
Asociación de Salas de Fiestas de Baleares
ahora le ha tocado hacerlo como denunciado.
Y es que un buen número de los
acreedores de sus hoteles, tal y como han
confirmado a EL MUNDO/El Día de Baleares
fuentes judiciales, ya le han llevado ante
la Justicia reclamándole las cantidades que
adeuda. De manera paralela el Juzgado de lo
Mercantil número uno de Palma está
investigando la triple quiebra. Vidal ha
dejado a la primera de las empresas que
componen su compañía con unas deudas de 2,7
millones de euros; las de la segunda
ascienden a 195.000 euros; y las de la
tercera a 1,7 millones de euros.