Yo quería escribir sobre el Día de la
Música, que se celebra en todo el mundo el
próximo jueves (y no precisamente porque
esté a favor de este tipo de celebraciones
burocráticas, urdidas en despachos y no en
locales de ensayo). Quería hablar de
Doctor Feelgood, de Quimi
Portet y de Milladoiro, pero la
actualidad manda y toca hablar una vez más
de la hipocresía con que se trata el tema
de las drogas en nuestra sociedad. No es el
único tema que tratamos aquí con nuestro
simpático doble rasero, pero es el tema de
hoy.
Hace exactamente una semana se
echó el cierre temporal a las discotecas
Amnesia, Bora Bora y DC10 de Eivissa, en
una medida supuestamente ejemplarizante que
no deja de causar sorpresa. No porque en
esos locales no se consuman drogas, que
probablemente sí. Pero cualquier persona
que salga de noche sabe que el consumo de
drogas está tan extendido que no entiende
de clases, edades ni, por supuesto, de
estilos musicales. En las discotecas de
Eivissa se consumen drogas, seguro (¿ahora
se han dado cuenta? ¿en 2007?). Pero
también se droga la gente en la Feria de
Abril, por poner un ejemplo, aunque las
autoridades no se atrevan a hacer una
redada en sus casetas. Tampoco debería
hacer falta recordarles esos experimentos
que hacen de vez en cuando los programas
televisivos de investigación, que acaban
proporcionando datos tan reveladores como
que en los baños del Congreso hay restos de
cocaína, o que un elevado porcentaje de los
billetes de cinco y diez euros en
circulación también dejan caer partículas
de polvillo blanco. Imagino que plantear
una redada en el Congreso sería algo
descabellado, pero también lo era detener a
un alcalde en su despacho del ayuntamiento
y está últimamente a la orden del día, así
que quién sabe.
Una de las
perversiones más intolerables de la lucha
contra las drogas tal y como está planteada
(aquí capturamos un alijo, allí cerramos
una discoteca, ya hemos cumplido el
expediente) es que, cuando se hace una
redada, el dueño del local es el
responsable de las drogas que se encuentren
¡aunque procedan de los bolsillos de su
clientela! Cuando la policía entra en el
local, obviamente, los bolsillos de los
clientes están más vacíos que mi nevera.
Las drogas, pobrecillas, están esparcidas
por el suelo para que las recojan los
agentes y se las encasqueten a los
propietarios o encargados con la
correspondiente multa y apercibimiento de
cierre.
El motivo del cierre de estos
locales ibicencos es, supuestamente, la
tolerancia ante el consumo de drogas.
Hablamos de locales enormes, normalmente
oscuros, y de policías de paisano que
observan esas conductas y las denuncian.
Ante el encargado de seguridad de la sala,
a quien se ve venir de lejos, es evidente
que no se muestra el cargamento
abiertamente, pero los policías de paisano
pueden detectar el consumo clandestino sin
ser reconocidos. ¿Qué opción le queda pues
al dueño del local? Seamos sensatos: a
alguien que salga de noche, ¿le gustaría
que le cacheasen de arriba abajo (vaciado
de bolsillos incluido, claro) antes de
entrar a un local profusamente iluminado
donde se vea con nitidez la cara de
espectro que se le pone a uno a medida que
avanza la madrugada? Luchen contra la
droga, pero sean coherentes y no jueguen a
cumplir el expediente.