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  Viernes, 15 de junio de 2007 Actualizado a las 01:23
 

A LA PALESTRA
A tope sin drogas

JOAN VICH


Yo quería escribir sobre el Día de la Música, que se celebra en todo el mundo el próximo jueves (y no precisamente porque esté a favor de este tipo de celebraciones burocráticas, urdidas en despachos y no en locales de ensayo). Quería hablar de Doctor Feelgood, de Quimi Portet y de Milladoiro, pero la actualidad manda y toca hablar una vez más de la hipocresía con que se trata el tema de las drogas en nuestra sociedad. No es el único tema que tratamos aquí con nuestro simpático doble rasero, pero es el tema de hoy.

Hace exactamente una semana se echó el cierre temporal a las discotecas Amnesia, Bora Bora y DC10 de Eivissa, en una medida supuestamente ejemplarizante que no deja de causar sorpresa. No porque en esos locales no se consuman drogas, que probablemente sí. Pero cualquier persona que salga de noche sabe que el consumo de drogas está tan extendido que no entiende de clases, edades ni, por supuesto, de estilos musicales. En las discotecas de Eivissa se consumen drogas, seguro (¿ahora se han dado cuenta? ¿en 2007?). Pero también se droga la gente en la Feria de Abril, por poner un ejemplo, aunque las autoridades no se atrevan a hacer una redada en sus casetas. Tampoco debería hacer falta recordarles esos experimentos que hacen de vez en cuando los programas televisivos de investigación, que acaban proporcionando datos tan reveladores como que en los baños del Congreso hay restos de cocaína, o que un elevado porcentaje de los billetes de cinco y diez euros en circulación también dejan caer partículas de polvillo blanco. Imagino que plantear una redada en el Congreso sería algo descabellado, pero también lo era detener a un alcalde en su despacho del ayuntamiento y está últimamente a la orden del día, así que quién sabe.

Una de las perversiones más intolerables de la lucha contra las drogas tal y como está planteada (aquí capturamos un alijo, allí cerramos una discoteca, ya hemos cumplido el expediente) es que, cuando se hace una redada, el dueño del local es el responsable de las drogas que se encuentren ¡aunque procedan de los bolsillos de su clientela! Cuando la policía entra en el local, obviamente, los bolsillos de los clientes están más vacíos que mi nevera. Las drogas, pobrecillas, están esparcidas por el suelo para que las recojan los agentes y se las encasqueten a los propietarios o encargados con la correspondiente multa y apercibimiento de cierre.

El motivo del cierre de estos locales ibicencos es, supuestamente, la tolerancia ante el consumo de drogas. Hablamos de locales enormes, normalmente oscuros, y de policías de paisano que observan esas conductas y las denuncian. Ante el encargado de seguridad de la sala, a quien se ve venir de lejos, es evidente que no se muestra el cargamento abiertamente, pero los policías de paisano pueden detectar el consumo clandestino sin ser reconocidos. ¿Qué opción le queda pues al dueño del local? Seamos sensatos: a alguien que salga de noche, ¿le gustaría que le cacheasen de arriba abajo (vaciado de bolsillos incluido, claro) antes de entrar a un local profusamente iluminado donde se vea con nitidez la cara de espectro que se le pone a uno a medida que avanza la madrugada? Luchen contra la droga, pero sean coherentes y no jueguen a cumplir el expediente.

 
   
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