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  Viernes, 15 de junio de 2007 Actualizado a las 02:00
 

CULTURA
El director de la Documenta, «frustrado» porque Adrià no cocina

Críticas a la muestra en Alemania por el elitismo de la propuesta del cocinero catalán


CARLOS ÁLVARO ROLDÁN

Enviado especial

KASSEL (ALEMANIA).- La mastodóntica Documenta 12 de Kassel (Alemania) espera que en los próximos 100 días cerca de un millón de personas cruce sus puertas. Es la gran apuesta de su director, Roger Buergel, acercar la vanguardia del arte al «gran público». Pero a su Pabellón G, a los revolucionarios raviolis líquidos y al foiegras en polvo de la cocina de Ferràn Adrià en el restaurante El Bulli de Cala Montjoi (Girona), sólo accederán dos personas cada día durante tres meses. Y seleccionadas de manera «arbitraria» por el propio Buergel.

Ésta era ayer la mayor crítica ante la gran sorpresa de la gran cita quinquenal del arte -la presencia virtual de uno de sus principales invitados- en la prensa alemana, que por otra parte en el primer día de su presentación en sociedad apenas le dedicó atención en sus páginas.

Sin embargo, en Kassel, Buergel y el propio Adrià se sintieron en la obligación de conceder una nueva rueda de prensa, esta vez conjunta, para salir del paso de las habladurías. El director de Documenta 12, que un día antes decía estar más interesado en las «obras que en los nombres», rechazaba la insinuación de que la presencia en el certamen del cocinero español, número dos en la lista oficial de artistas presentes por orden alfabético, sea una operación «mediática». «No es un imán», insistió, pese a que otra de las críticas en esta edición es la escasez de «grandes nombres». En todo caso se admitió «frustrado» por no poder contar sino «parcialmente» con el genio catalán.

Una vez más Buergel explicó que «ampliar» la Documenta a Girona, a más de 2.000 kilómetros de Kassel, era la única manera «posible» de que Adrià estuviera en la cita alemana. No se podía «reproducir su experiencia culinaria», subrayaba defendiendo que la cocina del catalán «no encaja en una cocina de gran formato».

Totalmente lanzado, Buergel comparó la «cocina molecular» del catalán, como la definía ayer el diario Die Welt, con una intervención quirúrgica en el cerebro, «no se puede hacer en otro sitio». «Pero pensamos que la frustración es un componente inherente de la educación estética», aseguraba el máximo responsable de la muestra de Kassel.

Un extrovertido Adriá, por su parte, volcado en las últimas 48 horas con los periodistas desplazados a Kassel en una alocada y mutua persecución, explicó que su meditada decisión no es fruto de la «frivolidad» y se mostró sorprendido: «Nunca hubiera imaginado que desataría tal revuelo». Para él, cocinar directamente en la Documenta «hubiera sido un catering, no cocina de vanguardia».

Con una moderada presencia en los grandes medios de comunicación alemanes, Buergel era ayer aguijoneado principalmente por el Frankfurter Rundschau y el Frankfurter Allgemeine Zeitung a costa de Adriá.

Ambos destacaban el hecho de que sólo 200 invitados de los cientos de miles que se esperan, elegidos personalmente por el director, podrán acudir a El Bulli.

El semanario Der Spiegel, en su edición digital, más contundente, calificaba de ocurrencia o truco mediático la idea de que la Documenta tenga un enclave en el norte de España. Asimismo, y así lo confirmaba el jueves el propio Adrià a EL MUNDO, la revista destaca que el vanguardista cocinero pasará unos días en Kassel y luego regresará a su laboratorio gerundense.

En la conversación que mantuvo con este periódico minutos después de hacerse público su sorpresivo «proyecto», Ferran Adriá defendía que «el primer mandamiento del arte es la libertad». Para sentenciar después: «La experiencia de ir a El Bulli, que es mi museo, no es sólo sentarse en sus mesas, sino el año de espera media para lograr una reserva, el camino que se hace hasta llegar a Cala Montjoi… y luego comer mi obra».

 
   
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