CARLOS ÁLVARO ROLDÁN
Enviado
especial
KASSEL (ALEMANIA).- La
mastodóntica Documenta 12 de Kassel
(Alemania) espera que en los próximos 100
días cerca de un millón de personas cruce
sus puertas. Es la gran apuesta de su
director, Roger Buergel, acercar la
vanguardia del arte al «gran público». Pero
a su Pabellón G, a los revolucionarios
raviolis líquidos y al foiegras en
polvo de la cocina de Ferràn Adrià en el
restaurante El Bulli de Cala Montjoi
(Girona), sólo accederán dos personas cada
día durante tres meses. Y seleccionadas de
manera «arbitraria» por el propio
Buergel.
Ésta era ayer la mayor
crítica ante la gran sorpresa de la gran
cita quinquenal del arte -la presencia
virtual de uno de sus principales
invitados- en la prensa alemana, que por
otra parte en el primer día de su
presentación en sociedad apenas le dedicó
atención en sus páginas.
Sin embargo,
en Kassel, Buergel y el propio Adrià se
sintieron en la obligación de conceder una
nueva rueda de prensa, esta vez conjunta,
para salir del paso de las habladurías. El
director de Documenta 12, que un día antes
decía estar más interesado en las «obras
que en los nombres», rechazaba la
insinuación de que la presencia en el
certamen del cocinero español, número dos
en la lista oficial de artistas presentes
por orden alfabético, sea una operación
«mediática». «No es un imán», insistió,
pese a que otra de las críticas en esta
edición es la escasez de «grandes nombres».
En todo caso se admitió «frustrado» por no
poder contar sino «parcialmente» con el
genio catalán.
Una vez más Buergel
explicó que «ampliar» la Documenta a
Girona, a más de 2.000 kilómetros de
Kassel, era la única manera «posible» de
que Adrià estuviera en la cita alemana. No
se podía «reproducir su experiencia
culinaria», subrayaba defendiendo que la
cocina del catalán «no encaja en una cocina
de gran formato».
Totalmente lanzado,
Buergel comparó la «cocina molecular» del
catalán, como la definía ayer el diario
Die Welt, con una intervención
quirúrgica en el cerebro, «no se puede
hacer en otro sitio». «Pero pensamos que la
frustración es un componente inherente de
la educación estética», aseguraba el máximo
responsable de la muestra de
Kassel.
Un extrovertido Adriá, por su
parte, volcado en las últimas 48 horas con
los periodistas desplazados a Kassel en una
alocada y mutua persecución, explicó que su
meditada decisión no es fruto de la
«frivolidad» y se mostró sorprendido:
«Nunca hubiera imaginado que desataría tal
revuelo». Para él, cocinar directamente en
la Documenta «hubiera sido un
catering, no cocina de
vanguardia».
Con una moderada
presencia en los grandes medios de
comunicación alemanes, Buergel era ayer
aguijoneado principalmente por el
Frankfurter Rundschau y el
Frankfurter Allgemeine Zeitung a
costa de Adriá.
Ambos destacaban el
hecho de que sólo 200 invitados de los
cientos de miles que se esperan, elegidos
personalmente por el director, podrán
acudir a El Bulli.
El semanario
Der Spiegel, en su edición digital,
más contundente, calificaba de
ocurrencia o truco mediático la idea
de que la Documenta tenga un enclave
en el norte de España. Asimismo, y así lo
confirmaba el jueves el propio Adrià a EL
MUNDO, la revista destaca que el
vanguardista cocinero pasará unos días en
Kassel y luego regresará a su laboratorio
gerundense.
En la conversación que
mantuvo con este periódico minutos después
de hacerse público su sorpresivo
«proyecto», Ferran Adriá defendía que «el
primer mandamiento del arte es la
libertad». Para sentenciar después: «La
experiencia de ir a El Bulli, que es mi
museo, no es sólo sentarse en sus mesas,
sino el año de espera media para lograr una
reserva, el camino que se hace hasta llegar
a Cala Montjoi… y luego comer mi obra».