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  Jueves, 14 de junio de 2007 Actualizado a las 00:48
 

El cadáver de la funeraria de Porreres hizo un viaje de ida y vuelta sin permisos a Barcelona

El cuerpo hallado en la funeraria 'pirata' había sido trasladado a un crematorio de L'Hospitalet sin que se hubiera certificado la defunción - La falta de documentación motivó su regreso a Mallorca


ENRIQUE FUERIS

PORRERES.- El cadáver hallado en la funeraria pirata de Porreres, Die Weisse Taube (La Paloma Blanca), realizó un viaje de ida a vuelta a Barcelona sin que ni tan siquiera se hubiera certificado su defunción. Fuentes cercanas a la investigación confirmaron lo que ya adelantó EL MUNDO / El Día de Baleares, que el cuerpo de este difunto era uno de los dos que habían sido trasladados ilegalmente y por vía marítima hasta un crematorio de L' Hospitalet de Llobregat para su incineración.

El cuerpo en cuestión era el de un individuo alemán fallecido el 28 de mayo en el Hospital Joan March de Bunyola. Die Weisse Taube se hizo cargo del mismo y lo embarcó a bordo de una furgoneta hasta la Ciudad Condal. Junto con este cadáver viajaba el de una mujer alemana fallecida semanas antes.

Fue este último cuerpo, el de la mujer, el que finalmente fue incinerado en el crematorio de Hospitalet. Sus cenizas fueron posteriormente trasladadas a Alemania. Los responsables del crematorio no autorizaron la incineración del segundo cuerpo, un auténtico cadáver fantasma que tuvo que ser embarcado de regreso a la Isla debido a la falta de documentación legal.

En todo caso ambos cuerpos podrían haber sido catalogados como fantasmas. Los restos de la mujer alemana llegaron a su país natal casi de puntillas, con las autoridades autonómicas intentado seguir un rastro legal que no existía. La funeraria alemana, que ni siquiera contaba con licencia municipal de apertura, lo retiró del Instituto Anatómico Forense -de donde debía ser trasladado hasta el cementerio de Son Valentí para ser incinerado- y lo alojó en el almacén del que dispone en Porreres. Los cadáveres reposaban en una cámara frigorífica constituida por un habitáculo con el aire acondicionado al máximo. A raíz del seguimiento del caso de la mujer se inició una investigación que desembocó en la redada en el almacén. Sólo un día antes, la Conselleria de Sanidad y Consumo citó al propietario de la empresa, Ernst Friedrich Hackl, para interrogarle.

Interrogatorio

El alemán mintió cuando le preguntaron si había realizado algún otro servicio aparte del de la mujer. Hackl negó que hubiera un segundo cuerpo. Ésta fue la puntilla que propició la inspección sorpresa. El segundo cuerpo apareció en la cámara frigorífica de marras.

El almacén fue precintado, la funeraria cerrada y el dueño trasladado hasta la Comandancia de la Guardia Civil de Palma para prestar declaración. Al empresario alemán se le imputa un delito contra la salud pública.

La inspección sobre las actividades de Hackl, que concentra su oferta en clientela de su misma nacionalidad, sigue en curso. En todo caso, su intento de ampararse en el hecho de que la burocracia funciona de manera diferente cayó pronto en saco roto. Las leyes para el traslado de cadáveres son las mismas aquí que en Alemania.

 
   
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