ENRIQUE FUERIS
PORRERES.- El
cadáver hallado en la funeraria
pirata de Porreres, Die Weisse Taube
(La Paloma Blanca), realizó un viaje de ida
a vuelta a Barcelona sin que ni tan
siquiera se hubiera certificado su
defunción. Fuentes cercanas a la
investigación confirmaron lo que ya
adelantó EL MUNDO / El Día de Baleares, que
el cuerpo de este difunto era uno de los
dos que habían sido trasladados ilegalmente
y por vía marítima hasta un crematorio de
L' Hospitalet de Llobregat para su
incineración.
El cuerpo en cuestión
era el de un individuo alemán fallecido el
28 de mayo en el Hospital Joan March de
Bunyola. Die Weisse Taube se hizo cargo del
mismo y lo embarcó a bordo de una furgoneta
hasta la Ciudad Condal. Junto con este
cadáver viajaba el de una mujer alemana
fallecida semanas antes.
Fue este
último cuerpo, el de la mujer, el que
finalmente fue incinerado en el crematorio
de Hospitalet. Sus cenizas fueron
posteriormente trasladadas a Alemania. Los
responsables del crematorio no autorizaron
la incineración del segundo cuerpo, un
auténtico cadáver fantasma que tuvo que ser
embarcado de regreso a la Isla debido a la
falta de documentación legal.
En todo
caso ambos cuerpos podrían haber sido
catalogados como fantasmas. Los
restos de la mujer alemana llegaron a su
país natal casi de puntillas, con las
autoridades autonómicas intentado seguir un
rastro legal que no existía. La funeraria
alemana, que ni siquiera contaba con
licencia municipal de apertura, lo retiró
del Instituto Anatómico Forense -de donde
debía ser trasladado hasta el cementerio de
Son Valentí para ser incinerado- y lo alojó
en el almacén del que dispone en Porreres.
Los cadáveres reposaban en una cámara
frigorífica constituida por un habitáculo
con el aire acondicionado al máximo.
A raíz del seguimiento del caso de la
mujer se inició una investigación que
desembocó en la redada en el almacén. Sólo
un día antes, la Conselleria de Sanidad y
Consumo citó al propietario de la empresa,
Ernst Friedrich Hackl, para interrogarle.
Interrogatorio
El
alemán mintió cuando le preguntaron si
había realizado algún otro servicio aparte
del de la mujer. Hackl negó que hubiera un
segundo cuerpo. Ésta fue la puntilla que
propició la inspección sorpresa. El segundo
cuerpo apareció en la cámara frigorífica de
marras.
El almacén fue precintado,
la funeraria cerrada y el dueño trasladado
hasta la Comandancia de la Guardia Civil de
Palma para prestar declaración. Al
empresario alemán se le imputa un delito
contra la salud pública.
La
inspección sobre las actividades de Hackl,
que concentra su oferta en clientela de su
misma nacionalidad, sigue en curso. En todo
caso, su intento de ampararse en el hecho
de que la burocracia funciona de manera
diferente cayó pronto en saco roto. Las
leyes para el traslado de cadáveres son las
mismas aquí que en Alemania.