El quinto disco de Marea, grupo de rock
urbano que pronto acutará en Felanitx, se
titula Las aceras están llenas de
piojos. ¿A qué aceras se refieren estos
epígonos de la llamada poesía barriobajera?
Si se refieren a las aceras de Palma,
estamos de suerte. Ha tardado en llegar,
pero ha llegado. Tenemos la solución. Es
verdad que los piojos no discriminan
socialmente, que lo mismo saltan a una
cabeza recién lavada en Llongueras
que a una melena de rockero. Pero hace unos
días Catalina Cirer, que no
tiene piojos porque toda su cabeza en una
fortaleza en posición de ataque, lanzas en
ristre, presentó a los medios una máquina
milagrosa, un invento que de haber sido
presentado en plena campaña electoral
habría conquistado los miles de votos que
el PP esta vez necesitaba para librarse de
una negociación repugnante con UM. Nos
referimos a la máquina para quitar chicles
de las aceras. Y que, se supone, de paso
quita piojos, esputos y hasta gatos
aplastados por el trasiego de los
peatones.
Le pregunté a Francisca
Armengol si acabar con los chicles de
las aceras de Palma era la gran asignatura
pendiente de Palma, y respondió que ojalá.
Ojalá Cirer hubiese sacado a la calle esta
máquina maravillosa que, dicen, puede
quitar esas manchas de chicles que hacen de
Palma una ciudad con personalidad propia.
Ver de repente nuestras aceras sin esos
topos inmundos, hechos ya piel de nuestros
días, parece tan milagroso que hasta
podríamos empezar a creer que todo puede
ser limpiado. Si podemos quitar esos
quistes que echan raíces en nuestro
subsuelo con tanta arrogancia como unas
ruinas romanas, es que lo podemos
todo.
Para invento tan sorprendente
el Ayuntamiento de Palma puede que haya
recurrido a Hayao Miyazaki, que es
un experto en magia e higiene. En sus
magistrales películas (La princesa
Mononoke, El viaje de Chihiro),
Miyazaki ha sabido ilustrarnos de
manera impactante sobre la capacidad de
penetración y la fuerza invasora de la
inmundicia. Los chicles en nuestras aceras
son como ese profundo saco de deshechos y
putrefacción que Chihiro consigue
extirpar del dios río, con ayuda de pócimas
poderosas. Si podemos borrar las pecas de
la epidermis de Palma, a lo mejor podemos
borrar esos otros tumores mucho más nocivos
que se han instalado en nuestras
instituciones. Hay algunos políticos que no
se van nunca, son ese chicle pegado a la
tapizería del sillón que, damos por
supuesto, seguirá ahí cuando nos muramos, a
menos que quememos el sillón. Ahora, en
Mallorca, viene una nueva raza de chicles,
que son ya quiste, son ya mancha antes
incluso de tocar la acera. Viene ya
inflados, en forma de globo. Son sólo una
chuchería que merece acabar en la papelera
en cinco minutos, pero con vocación de
saltar a la vía pública, a la vida pública,
para pegarse como lapas
indefinidamente.
Hay que encargar una
nueva máquina para extirpar a estos
temibles parásitos.