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  Jueves, 14 de junio de 2007 Actualizado a las 01:25
 

LA LONJA / MARTA ZOREDA
Noticias aburridas que hacen vomitar


DEMOCRACIA. A ver si lo entiendo. La democracia representativa, también llamada gobierno del pueblo, consiste en que una vez que Maria Antònia Munar conoce la oferta de gobierno de Antich, se reúne con Matas para ver si tiene algo mejor que ofrecer y decidir finalmente lo que más le convenga, mientras Catalina Cirer, Rosa Estaràs, Miquel Nadal y todos los demás diputados y concejales electos, ya sean del PP, el PSOE o UM, que no tienen ni voz ni voto en la negociación, aguardan pacientemente en la puerta para conocer el resultado de las deliberaciones y su propio futuro político.

Lo gracioso del asunto es que a este reparto caciquil de cargos y poderes entre Munar, Matas o Antich le llaman democracia y lo más divertido todavía: hay gente que se lo toma en serio. Gente importantísima, con estudios y responsabilidades al más alto nivel.

NEGOCIAR. Y claro, como todo lo anterior es grotesco y no hay por dónde salvarlo, los sesudos e interesados analistas de la realidad política, los amigos del poder, llegan a una sublime conclusión: la culpa es del sistema. ¿Del sistema?, sí, del sistema electoral, como si el sistema tuviera vida propia y Munar se sentara a negociar con el sistema.

Bueno, bien, admitamos que una parte de la culpa es del sistema y cambiémoslo por otro, pero entonces, ¿cómo arreglamos el principal problema político de nuestra democracia, el de las personas? ¿Qué hacemos con los políticos que utilizan injustamente los sistemas para conveniencia propia y de su partido, saltándose los principios morales sin los cuales ningún sistema democrático es posible? ¿Qué hacemos con las personas? Ése es el problema.

PERSONAS. A lo mejor, si todos estos analistas que nos hablan de los problemas que nos causa el sistema, nos hablaran de los problemas que nos causan las personas, de los políticos con nombres y apellidos, quizás los ciudadanos, que no sienten el más mínimo interés por el sistema, porque los sistemas son un tema de debate aburridísimo, empezarían a interesarse por las personas, que eso sí que tiene interés humano, y entonces podría darse el caso de que las personas, convertidas en centro de interés ciudadano, se vean en la necesidad de imponer su personalidad, su valía y su moral a los sistemas, los intereses electorales y la conveniencias de partido.

Si en vez de decirnos, tenemos un problema con el sistema, nos dijeran, tenemos un gran problema con las personas, a lo mejor los sistemas funcionarían muchísimo mejor.

Estamos deshumanizando la política, sistematizando a las personas, y eso es muy aburrido y muy desolador.

VOMITAR. Pero no nos pongamos serios, por favor, que luego pasa lo que pasa. Por ejemplo, he leído un artículo del notario Rafael Gil Mendoza, que es un tipo estupendo, cargado de sensatez y sentido del humor, en el que explica que el trapicheo de cargos que está teniendo lugar estos días en Baleares le produce vómitos. Espero que lo diga en sentido figurado, porque si la gente inteligente y dotada de excelente sentido del humor, como Gil Mendoza, se pone a vomitar, ¿qué futuro nos espera a los de intelecto común, con lo que nos cuesta digerir las cosas? Nos vamos a tener que tirar por el balcón y tampoco se trata de eso. Por favor, pase lo que pase finalmente con los pactos, que no vomite nadie, que vamos a poner la ciudad perdida.

PLAYA. Cambio de tercio para comentar que alguien, no se sabe muy bien quién, porque estas cosas nunca se saben, ha tenido la ocurrencia de lanzar aguas fecales en la playa de Cala Gran, en Cala d'Or, lo que ha obligado a cerrar la playa en plena temporada turística, con el consiguiente cabreo para los bañistas y el deterioro que eso supone para nuestra buena imagen exterior. Y estas cosas pueden pasar, claro que sí, pero no en una sociedad que depende para su subsistencia del turismo de playa. Espero que Gil Mendoza no se entere de esta noticia porque seguro que vomita.

martazoreda@ccr.es

 
   
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