El histórico contable de la Policlínica
Miramar no sólo ha relatado ante el juez
con todo lujo de detalles la existencia de
una caja B sino que ha detallado la
procedencia de su contenido. Martín Henales
asegura que el dinero de los pacientes que
pagaban en efectivo era trasladado de
manera inmediata a una cuenta de impagados,
pasando así a figurar acto seguido como si
fueran morosos.
Es decir, que
cualquier paciente que acudiera a consulta
y abonase en metálico la visita engrosaba
una especia de lista negra sin saberlo y
sin su previo consentimiento. Así
permanecían durante varios años los
pacientes que habían pagado en efectivo las
consultas hasta que la Policlínica Miramar
cambiaba su condición de «morosos» por la
de «incobrables».
De manera paralela
a estas artimañas el dinero que habían
desembolsado a cambio de los servicios
médicos iba a parar a la caja B que está
siendo investigada en estos momentos por el
Juzgado de Instrucción número 10 de Palma.
A esta caja sólo tenían acceso, siempre
según el testimonio del contable, Miquel
Dalmau y Crisóbal Pizá.
Este depósito
B fue instrumentado informáticamente
«mediante una cuenta de sociedad titulada
Hit». «Allí es donde se hacía todo lo de la
contabilidad B», apostilló Martín Henales
en su declaración judicial.