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  Jueves, 14 de junio de 2007 Actualizado a las 01:30
 

'CASO POLICLÍNICA' / Los resultados de la investigación judicial
Dalmau utilizó la 'caja B' de la Policlínica para pagar a su jardinero y Pizà para jugar a la lotería

Los históricos dueños del centro sanitario llegaron a gastarse en un solo año 1.700 € en décimos de lotería y 2.900 € en arreglar el jardín de su casa Sacaban el dinero para sus gastos sin avisar al resto de accionistas

  A D E M A S
 «Se blanqueaba dinero cuando lo pedía Dalmau», asegura Henales
 El contable dice que el 'negro' procedía de los pagos en efectivo de los pacientes
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ESTEBAN URREIZTIETA

PALMA.- La caja B de la Policlínica Miramar ya se encuentra en poder del Juzgado de Instrucción número 10 de Palma. El histórico contable del centro sanitario, Martín Henales, la ha depositado a petición de la juez Carmen Abrines y su contenido alberga un buen número de sorpresas. Los ya ex socios mayoritarios Miquel Dalmau y Cristóbal Pizá recurrieron a la contabilidad paralela que instauraron, oculta a los ojos de Hacienda, para, entre otros gastos, pagar -el primero- a su jardinero, y -el segundo- sus décimos de lotería.

Los ficheros informáticos de la cuenta denominada como «Ameba complementaria» reflejan decenas de salidas de dinero que siempre iban acompañadas del siguiente concepto: «Lotería Dr. Pizá». Estos pagos oscilaron, si se tiene en cuenta a modo de ejemplo tan sólo uno de los ejercicios investigados, el de 2002, entre los 162 euros y los 1.400 en época navideña.

De tal manera que a lo largo de un solo año la Policlínica Miramar pagó por este concepto un total de 1.742 euros sin que el resto de accionistas, en total unos 400, tuvieran conocimiento de ello. A lo largo del citado ejercicio y con una periodicidad casi mensual, la instalación a cuyo frente se encuentra ahora el hotelero Francisco Miralles como máximo accionista, fue pagando al jardinero particular de Dalmau. Bajo el concepto de «trabajos jardín Dr. Dalmau»; «jardinero Dr. Dalmau»; o simplemente «jardín Dr. Dalmau», fue saliendo progresivamente dinero de las arcas de la Policlínica Miramar.

Lo hizo en cantidades que rondaban los 500 euros pero que ascendieron en ocasiones a casi los 800 euros. Así, año tras año. Siguiendo con el referido ejercicio, un total de 2.900 euros fue empleado a cubrir el gasto personal de un Dalmau que ahora se ha quedado con un 7% de las acciones después de vender un nuevo paquete a Miralles, que atesora ya el 45% de la sociedad que explota la clínica.

A los gastos particulares de Dalmau y Pizà hay que sumar en el fichero de la contabilidad paralela el pago de una serie de nóminas así como de pagas extraordinarias a varios miembros del personal médico. La existencia de esta doble contabilidad fue destapada públicamente por Henales en su declaración ante la juez Abrines.

Los responsables

Este ex empleado de la Policlínica fue el máximo responsable del departamento de Contabilidad desde 1972 hasta febrero de 2006, fecha en la que abandonó el centro tras jubilarse. Reveló que este sistema contable supuestamente fraudulento se remonta a hace décadas. «Desde los tiempos de Jerónimo Albertí hay dos contabilidades, la oficial o A, y una contabilidad en B», precisó en una primera declaración jurada ante notario que remitió al juzgado que investiga la situación financiera de la Policlínica Miramar. Henales ha señalado como principal culpable del mantenimiento de este sistema presuntamente fraudulento a «Miquel Dalmau». «Ha controlado la contabilidad B desde su nombramiento y dirigía y supervisaba todas las operaciones», agregó el contable durante su exposición.

Una vez examinado el contenido de la declaración jurada de Henales, la juez le citó para interrogarle personalemente. Fue entonces cuando el teniente fiscal de Baleares, Ladislao Roig, presente en la comparecencia, pidió que fuera suspendida su declaración como testigo y que pasara a declarar como imputado a la vista de la gravedad de sus aseveraciones.

Fue hace varias semanas cuando el contable volvió a pisar el juzgado ya en calidad de imputado y aportó todavía más datos. Explicó que, si bien los gastos del laboratorio corrían en su totalidad a cargo de la Policlínica Miramar, los beneficios no recaían en la misma proporción en las arcas del centro sanitario. Así, siempre según especificó Henales ante el juez, la mitad de los beneficios acababan en una cuenta B de la sociedad Consaba, propiedad de Dalmau y Pizá.

Cifró además en unos 600.000 euros las disposiciones que salían de la caja B y subrayó que este dinero no se declaraba fiscalmente en ningún momento. De esta contabilidad opaca se beneficiaron Dalmau y Pizá, pero también el actual segundo máximo accionista del centro, el doctor Pau Ramis. No obstante, este último especialista, propietario del 20% de las participaciones, ya ha realizado una declaración complementaria para abonar los impuestos que había evadido al cobrar en negro.

 
   
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