MITOS COLOM. «MISIÓN 1977... Y SE
HIZO EL SILENCIO»
Galería La
Caja Blanca. Hasta el 30 de
junio.
CARLOS JOVER
PALMA.- La
irrupción de manera individual de Mitos
Colom (Palma, 1977) en el circuito del arte
no ha podido ser más estimulante. Hasta
ahora sólo había podido apreciarse su
personalísimo trabajo en exposiciones
colectivas, como es el caso de la muestra
Metápolis 2001 en el Mercat de les
Flors de Barcelona, Art Futura 2001
en el CCCB de la misma ciudad, A
GESA en la Fundació Pilar i Joan Miró,
y en el espectáculo Pol de Marcel.lí
Antúnez, miembro fundador de la Fura dels
Baus, obra que fue premiada en Ars
Electrónica 2003. Y ahora, de la mano de
los galeristas gestores de La Caja Blanca,
los hermanos Eva y Amir Shakouri, que en
este caso ejercen también de comisarios de
la muestra, tenemos en Palma la primera
exposición individual de este mirlo
blanco del arte emergente, para cuya
ocasión ha sido editado también un libro de
artista con las imágenes sorprendentes de
la muestra, así como los textos no menos
heterodoxos de un misterioso escritor
postcultural que se esconde tras la marca
de Nöel Zinc.
El punto de partida es
la distancia, puesto que sin su
contribución no se da la aparición de la
perspectiva, y entonces lo que se dice está
demasiado salpicado por la eventual
crepitación del continuo
cotidiano-anodino-reiterante sopor que
corresponde a una gradación entrópica
equivalente al cero medular. La distancia,
en el lenguaje posteuclidiano aunque
todavía prezinc que estamos
obligados a utilizar por el momento, se
centra no sólo en el espacio, sino también,
ya lo indicábamos, en el tiempo.
Es
por eso, sin duda, que Mitos Colom proyecta
su visión exterior, como si de un
extraterrestre se tratase, a una realidad
extraña también en el tiempo, puesto que
toda la acción que se narra transcurre,
tras un silencio nuclear, y
cuando toda ya no es lo que era, ni será
jamás como lo hemos contemplado, 6
octrenos después (ya diremos luego de qué),
teniendo en cuenta que el planeta Mimetrón
tarda 8 octrenos en dar la vuelta completa
a la estrella Ross 42, y que Mimetrón es el
séptimo planeta de la galaxia Axioneta,
formada por 23 planetas en órbita alrededor
de la estrella Ross 42.
El futuro
con nosotros
El juego entre
realidad, ciencia-ficción y creación
artística es de tal intensidad que, como en
el caso de algún trabajo celebérrimo de
Joan Fontcuberta, reconocido por Colom como
uno de sus padres espirituales, uno pierde
el sentido de lo posible y se encuentra de
bruces en un mundo en el que todo está
compuesto por restos ordenados de
residuos industriales, estructurados con
una funcionalidad incomprensible para
nosotros, pero cuya estética se impone con
abrumadora potencia. Fruto de la
utilización de tecnologías multimedia y de
procedimientos de tratamiento industrial de
la imagen y de su reproducción
fisicoquímica, entre los que destaca la
incorporación de plotters capaces de
imprimir sobre soportes rígidos, la
exposición se desarrolla bajo el prisma de
la novación de la realidad, y la atmósfera
metálica que nos inunda hace que después,
al salir a la supuesta calle denominada vía
Can Verí donde estaba en el siglo XXI la
galería La Caja Blanca, desconfiemos de lo
que las fuerzas de la ortodoxia nos
proponen de manera banal como sustrato
indiscutible por el que transitar 6
octrenos antes.
Como en toda gran
obra que se precie, existe un plan previo,
y además la estrategia ha sido urdida con
inteligencia, sentido del humor y capacidad
contextualizadora en lo que se refiere a la
historia del arte. Las imágenes, se nos da
a entender, han sido conseguidas después de
un arduo trabajo de desencriptado por parte
del Dr. Omarkatic, tras muchos keytos de
investigación (un octreno se compone de
8 keytos), de la información contenida en
un objeto de forma circular, seguramente
uno de los dos discos de oro lanzados al
espacio a bordo de las sondas espaciales
Voyager I y II en 1977.
En ambos
discos se encuentra grabada una selección
de hora y media de música de varias
culturas de nuestro mundo actual, saludos
en 55 idiomas y, sobre todo, 115 imágenes
donde se dan informaciones sobre nuestro
sistema solar, características de la Tierra
y el cuerpo y sociedad humanos. Parece ser
que en el proceso de desencriptado se ha
producido una alteración creativa, o tal
vez la información contenida en el disco es
tan fidedigna que contiene no sólo la
reproducción del pasado, sino también su
tránsito hacia el presente tras el
estallido de un silencio en el que todas
las imágenes se han defragmentado para
luego alcanzar un orden de nueva lógica.
En este mundo los árboles y los
edificios están formados por el ensamblaje
de elementos industriales de nuestro
tiempo. Mitos Colom ha fotografiado árboles
reales de Barcelona, y después ha urdido
con artesanal tecnología punta las imágenes
de nuestro actual desorden fabril para
componer, bajo una luz metálica en blanco y
negro, la naturaleza amenazante que enerva
nuestra mala conciencia.
La
yuxtaposición de imágenes de edificios
contemporáneos de Londres o Barcelona para
formar unas nuevas formas de agresiva
apariencia, como mausoleos vivos donde se
destila el sentido del poder y de la
opresión que reside de manera subrepticia
en la estética Gothan de nuestros
días, se culmina con el hallazgo técnico de
utilizar en la elaboración de la imagen
final el propio fondo del soporte, en este
caso de aluminio, que se incorpora a la
obra confiriéndole una realidad más cruda
si cabe, que además destella diferente
según el ángulo de nuestra mirada. Todo
ello se consigue gracias a aquellos
plotters antes citados, que son capaces de
imprimir sobre el aluminio rígido que
constituye a la postre el cuerpo cierto de
la obra.
En la base teórica de ese
mundo recompuesto con una nueva lógica y un
nuevo orden podría citarse, por su carácter
maligno bajo el suspiro del buen fin, aquel
célebre razonamiento del último Kurt
Vonnegut: «Nada impide que el bien triunfe
sobre el mal, bastaría con que los ángeles
se organizaran al estilo de la mafia». Cada
fragmento tiene una razón de ser
constructiva, bondadosa podríamos
decir, pero el nuevo orden nos habla de una
mafia de ángeles que pretenden saber lo que
nos conviene. Y esa es, como todo el mundo
reconoce, la semilla del auténtico
mal.
Los mimbres del
mal
La imaginería se completa con
el perfil asexual del artista, a modo de un
Antony Hegarty futurista, que emerge
paulatinamente desde el silencio,
como viajero del tiempo e intérprete de la
nueva realidad que nos avecina, al fin y al
cabo somos nosotros los productores de los
elementos ensamblados por el nuevo orden. Y
también, desde luego, con el libro editado
al efecto por la galería La Caja Blanca,
titulado Misión 1977... y se hizo el
silencio, cuyos textos misteriosos
hemos comentado a lo largo de estas
líneas.
Nos encontramos, pues, ante
un artista total, una nueva voz que promete
aventuras artísticas insospechadas, que se
ha erigido en su primera exposición
individual con una contundencia inusual que
presagia el claro relevo generacional
tantas veces vaticinado en los corrillos
isleños del mundo del arte. Una muy
afortunada forma de hacer realidad un
proyecto a medio camino entre la iniciativa
institucional y la privada, con la
colaboración del departamento de cultura
del Consell de Mallorca y la Asociación de
galerías de arte de Baleares AIGAB,
denominado Noves Presenciès, y que
en nuestra opinión ha alcanzado una de sus
dianas con esta magnífica exposición, así
como con la edición del libro de artista
con los textos de Nöel Zinc y las imágenes
de ese mundo metalizado que nos espera al
otro lado del estallido del disco de oro.