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  Lunes, 11 de junio de 2007 Actualizado a las 02:06
 

CULTURA
Nada es más real que el futuro, que todo lo contiene

Extraordinario debut individual de un gran artista: Mitos Colom



MITOS COLOM. «MISIÓN 1977... Y SE HIZO EL SILENCIO»

Galería La Caja Blanca. Hasta el 30 de junio.

CARLOS JOVER

PALMA.- La irrupción de manera individual de Mitos Colom (Palma, 1977) en el circuito del arte no ha podido ser más estimulante. Hasta ahora sólo había podido apreciarse su personalísimo trabajo en exposiciones colectivas, como es el caso de la muestra Metápolis 2001 en el Mercat de les Flors de Barcelona, Art Futura 2001 en el CCCB de la misma ciudad, A GESA en la Fundació Pilar i Joan Miró, y en el espectáculo Pol de Marcel.lí Antúnez, miembro fundador de la Fura dels Baus, obra que fue premiada en Ars Electrónica 2003. Y ahora, de la mano de los galeristas gestores de La Caja Blanca, los hermanos Eva y Amir Shakouri, que en este caso ejercen también de comisarios de la muestra, tenemos en Palma la primera exposición individual de este mirlo blanco del arte emergente, para cuya ocasión ha sido editado también un libro de artista con las imágenes sorprendentes de la muestra, así como los textos no menos heterodoxos de un misterioso escritor postcultural que se esconde tras la marca de Nöel Zinc.

El punto de partida es la distancia, puesto que sin su contribución no se da la aparición de la perspectiva, y entonces lo que se dice está demasiado salpicado por la eventual crepitación del continuo cotidiano-anodino-reiterante sopor que corresponde a una gradación entrópica equivalente al cero medular. La distancia, en el lenguaje posteuclidiano aunque todavía prezinc que estamos obligados a utilizar por el momento, se centra no sólo en el espacio, sino también, ya lo indicábamos, en el tiempo.

Es por eso, sin duda, que Mitos Colom proyecta su visión exterior, como si de un extraterrestre se tratase, a una realidad extraña también en el tiempo, puesto que toda la acción que se narra transcurre, tras un silencio nuclear, y cuando toda ya no es lo que era, ni será jamás como lo hemos contemplado, 6 octrenos después (ya diremos luego de qué), teniendo en cuenta que el planeta Mimetrón tarda 8 octrenos en dar la vuelta completa a la estrella Ross 42, y que Mimetrón es el séptimo planeta de la galaxia Axioneta, formada por 23 planetas en órbita alrededor de la estrella Ross 42.

El futuro con nosotros

El juego entre realidad, ciencia-ficción y creación artística es de tal intensidad que, como en el caso de algún trabajo celebérrimo de Joan Fontcuberta, reconocido por Colom como uno de sus padres espirituales, uno pierde el sentido de lo posible y se encuentra de bruces en un mundo en el que todo está compuesto por restos ordenados de residuos industriales, estructurados con una funcionalidad incomprensible para nosotros, pero cuya estética se impone con abrumadora potencia. Fruto de la utilización de tecnologías multimedia y de procedimientos de tratamiento industrial de la imagen y de su reproducción fisicoquímica, entre los que destaca la incorporación de plotters capaces de imprimir sobre soportes rígidos, la exposición se desarrolla bajo el prisma de la novación de la realidad, y la atmósfera metálica que nos inunda hace que después, al salir a la supuesta calle denominada vía Can Verí donde estaba en el siglo XXI la galería La Caja Blanca, desconfiemos de lo que las fuerzas de la ortodoxia nos proponen de manera banal como sustrato indiscutible por el que transitar 6 octrenos antes.

Como en toda gran obra que se precie, existe un plan previo, y además la estrategia ha sido urdida con inteligencia, sentido del humor y capacidad contextualizadora en lo que se refiere a la historia del arte. Las imágenes, se nos da a entender, han sido conseguidas después de un arduo trabajo de desencriptado por parte del Dr. Omarkatic, tras muchos keytos de investigación (un octreno se compone de 8 keytos), de la información contenida en un objeto de forma circular, seguramente uno de los dos discos de oro lanzados al espacio a bordo de las sondas espaciales Voyager I y II en 1977.

En ambos discos se encuentra grabada una selección de hora y media de música de varias culturas de nuestro mundo actual, saludos en 55 idiomas y, sobre todo, 115 imágenes donde se dan informaciones sobre nuestro sistema solar, características de la Tierra y el cuerpo y sociedad humanos. Parece ser que en el proceso de desencriptado se ha producido una alteración creativa, o tal vez la información contenida en el disco es tan fidedigna que contiene no sólo la reproducción del pasado, sino también su tránsito hacia el presente tras el estallido de un silencio en el que todas las imágenes se han defragmentado para luego alcanzar un orden de nueva lógica.

En este mundo los árboles y los edificios están formados por el ensamblaje de elementos industriales de nuestro tiempo. Mitos Colom ha fotografiado árboles reales de Barcelona, y después ha urdido con artesanal tecnología punta las imágenes de nuestro actual desorden fabril para componer, bajo una luz metálica en blanco y negro, la naturaleza amenazante que enerva nuestra mala conciencia.

La yuxtaposición de imágenes de edificios contemporáneos de Londres o Barcelona para formar unas nuevas formas de agresiva apariencia, como mausoleos vivos donde se destila el sentido del poder y de la opresión que reside de manera subrepticia en la estética Gothan de nuestros días, se culmina con el hallazgo técnico de utilizar en la elaboración de la imagen final el propio fondo del soporte, en este caso de aluminio, que se incorpora a la obra confiriéndole una realidad más cruda si cabe, que además destella diferente según el ángulo de nuestra mirada. Todo ello se consigue gracias a aquellos plotters antes citados, que son capaces de imprimir sobre el aluminio rígido que constituye a la postre el cuerpo cierto de la obra.

En la base teórica de ese mundo recompuesto con una nueva lógica y un nuevo orden podría citarse, por su carácter maligno bajo el suspiro del buen fin, aquel célebre razonamiento del último Kurt Vonnegut: «Nada impide que el bien triunfe sobre el mal, bastaría con que los ángeles se organizaran al estilo de la mafia». Cada fragmento tiene una razón de ser constructiva, bondadosa podríamos decir, pero el nuevo orden nos habla de una mafia de ángeles que pretenden saber lo que nos conviene. Y esa es, como todo el mundo reconoce, la semilla del auténtico mal.

Los mimbres del mal

La imaginería se completa con el perfil asexual del artista, a modo de un Antony Hegarty futurista, que emerge paulatinamente desde el silencio, como viajero del tiempo e intérprete de la nueva realidad que nos avecina, al fin y al cabo somos nosotros los productores de los elementos ensamblados por el nuevo orden. Y también, desde luego, con el libro editado al efecto por la galería La Caja Blanca, titulado Misión 1977... y se hizo el silencio, cuyos textos misteriosos hemos comentado a lo largo de estas líneas.

Nos encontramos, pues, ante un artista total, una nueva voz que promete aventuras artísticas insospechadas, que se ha erigido en su primera exposición individual con una contundencia inusual que presagia el claro relevo generacional tantas veces vaticinado en los corrillos isleños del mundo del arte. Una muy afortunada forma de hacer realidad un proyecto a medio camino entre la iniciativa institucional y la privada, con la colaboración del departamento de cultura del Consell de Mallorca y la Asociación de galerías de arte de Baleares AIGAB, denominado Noves Presenciès, y que en nuestra opinión ha alcanzado una de sus dianas con esta magnífica exposición, así como con la edición del libro de artista con los textos de Nöel Zinc y las imágenes de ese mundo metalizado que nos espera al otro lado del estallido del disco de oro.

 
   
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