M. A. RUIZ
PALMA.- El teniente
coronel Manuel Rivas González ha cesado
como delegado del Instituto de la Vivienda
de las Fuerzas Armadas (Invifas) en
Baleares, para asumir un nuevo destino en
la Dirección de Mantenimiento de la
Jefatura de Apoyo Logístico (JAL), con sede
en Madrid.
Este destino de libre
designación tiene «carácter forzoso» y
Rivas deberá ocuparlo por un período máximo
de cinco años, según la resolución
publicada el martes por el Boletín Oficial
de la Defensa (BOD) y firmada por el jefe
de Estado Mayor de la Armada, Sebastián
Zaragoza Soto.
Durante su etapa al
frente del Invifas en Baleares, Rivas ha
protagonizado numerosos conflictos con los
residentes de las viviendas militares de
Mallorca. La Asociación de Vecinos del
Baluard del Príncep había solicitado
reiteradamente al Ministerio de Defensa la
destitución inmediata del teniente coronel
por sus actuaciones «totalmente
desafortunadas, arbitrarias e indignas de
un estamento militar».
El presidente
de esta asociación, Ginés Ayala, presentó
el pasado mes de noviembre una denuncia
ante la Comisaría del Cuerpo Superior de
Policía contra el delegado del Invifas por
presuntas amenazas y coacciones. El
colectivo de vecinos de las viviendas
militares, señalaba Ayala en su denuncia,
«ha tenido en la persona de Manuel Rivas a
su peor enemigo, siendo muchas las
situaciones violentas que se han creado por
su incorrecto proceder y muchas las
denuncias interpuestas contra él ante la
Dirección General del
Invifas».
Allanamiento de
morada
Pero uno de los incidentes
más graves protagonizados por el delegado
del Invifas tuvo lugar el pasado 31 de
agosto. La esposa de un alto mando de la
Base Naval de Porto Pi, Isabel Pascual del
Pobil, denunció a Rivas ante la Guardia
Civil por los presuntos delitos de
allanamiento de morada y amenazas. Según
consta en la denuncia, Rivas ordenó
descerrajar la puerta de la vivienda de la
Armada en la que estaban residiendo Isabel
Pascual, y sus tres hijos de seis, 11 y 13
años, a los que pretendía enviar «a dormir
a la calle», según la expresión que él
mismo utilizó.
Los hechos ocurrieron
en un pabellón de cargo de Porto Pi, donde
acababa de instalarse Isabel Pascual del
Pobil con sus hijos, después de que su
marido, capitán de corbeta de la Armada,
fuera destinado a la isla como alto mando
de la Base Naval.
A pesar de que el
Invifas les había adjudicado esta vivienda
oficialmente varios meses antes, el 4 de
abril de 2006, el teniente coronel Rivas se
negó en redondo a que la ocuparan, alegando
que tiene que hacer unas obras
presupuestadas en 70.000 euros, que se
prolongarían durante diez meses.
Tras
permanecer alojados provisionalmente
durante un mes en la isla, con todos sus
muebles almacenados en el puerto a la
espera de poder instalarse, Isabel Pascual
decidió el 30 de agosto ocupar junto a sus
tres hijos el pabellón que les ha asignado
el Invifas.
Al día siguiente, Rivas
se presentó en la casa instando a la
denunciante a desalojarla de inmediato:
«¡Os vais a dormir a la calle!», le espetó
colérico ante los pequeños. Acto seguido,
ordenó a un cerrajero que cambiara la
cerradura para que los nuevos inquilinos no
pudieran volver a entrar en ella. Como
Isabel Pascual llamó de inmediato a su
marido, Rivas se conformó con dejar la
puerta sin cerradura, según la denuncia.
El teniente coronel abandonó el
lugar profiriendo nuevas amenazas: «¿Sabéis
cómo va a terminar esto? Con una demanda
judicial y acabaréis sin casa, en la calle
y sin compensación económica».
Tras
estos hechos, Isabel y sus hijos
continuaron viviendo en el pabellón militar
con la puerta descerrajada durante varios
meses, mientras que su marido tuvo que
recibir la baja por motivos médicos.