ELENA ISARDO
Enviada
especial
MUGELLO (ITALIA).- El
abrumador dominio de Ducati desde el
arranque de la temporada -lidera las tres
clasificaciones: pilotos, equipos,
constructores- ha sembrado dudas en el
paddock de MotoGP. Muchas preguntas
y algunos recelos han surgido después de
que una pequeña y artesanal fábrica
europea, con 1.043 trabajadores y una
producción anual de 32.312 unidades (2006),
haya sido capaz de batir a gigantes
japonesas de la talla de Yamaha y Honda. La
marca del ala dorada, que acumula 17
títulos mundiales en la categoría reina y
produce 10 millones de motos cada año,
posee un departamento de competición cuyo
personal es tan numeroso como toda la
fábrica italiana de Borgo
Panigale.
La adaptación de Casey
Stoner a la nueva Desmosedici GP7 -ayer
realizó el mejor tiempo en la primera
jornada de entrenamientos del Gran Premio
de Italia- ha sido tan espectacular que, en
su primera temporada con la marca
transalpina, ya acumula tres victorias que
le han llevado a comandar la categoría, con
una ventaja de 21 puntos sobre Valentino
Rossi, que ayer sufrió una caída bajo un
intenso diluvio. Tanto llama la atención su
progresión y la de su montura que, tras su
victoria en Shanghai, la moto número 27 fue
requerida por la Federación Internacional
de Motociclismo (FIM) para pasar una
revisión técnica, donde se inspeccionó su
motor. «Ha sido un control de rutina. La
cilindrada de la Desmosedici GP7 es
perfecta», aseguró Mick Webb, director
técnico de la FIM, después de que
circularan comentarios malintencionados que
apuntaban a que el aussie corría con
una máquina de 990 cc. No satisfechos, la
FIM también supervisó la capacidad del
depósito y la temperatura del combustible
utilizado por el equipo italiano.
Resultado: todo en regla.
El Mundial
llega ahora a Mugello, circuito propiedad
de Ferrari y campo de pruebas de Ducati.
También es territorio favorable para Il
Dottore, que acumula aquí cinco
victorias consecutivas en MotoGP (desde
2002). A las balas de la fábrica de
Bolonia, situada a 80 kilómetros de la
pista toscana, les beneficia la recta de
meta -la segunda más larga del Mundial, con
1.141 metros- donde pueden exhibir su
aplastante potencia.
Desde su
desembarco en el Mundial de MotoGP en 2003,
nunca antes Ducati había dominado el
campeonato con semejante firmeza. Cuando
esta temporada todo el mundo partía de cero
con la llegada de la nueva cilindrada (800
cc), la reducción del depósito de gasolina
a 21 litros y la nueva reglamentación de
los neumáticos, pocos podían imaginar el
poder del huracán rojo, que ha sido capaz
de encontrar la pócima mágica. «Nuestro
objetivo era crear la moto más rápida del
mundo, por eso decidimos dar prioridad a la
máxima fuerza, aquello que más críticas nos
costó en el pasado. Sirviéndonos de las
características de nuestro motor, hemos
obtenido más caballos y menos consumo»,
explica Filippo Preziosi, director general
de Ducati Corse, la división de carreras en
la que trabajan un centenar de personas, y
creador de la Desmosedici GP7.
Bajo
el impulso de Alan Jenkins, ex ingeniero de
la Fórmula 1, Ducati ha hecho de la
aerodinámica una de sus prioridades para
mejorar enormemente su velocidad punta.
Magnetti Marelli, una empresa pionera en la
creación de tecnología aplicada a las
carreras y presente en los Ferrari de Massa
y Raikkonen, también tiene culpa del
éxito gracias a un sistema electrónico que
controla la tracción de la moto y el
consumo de combustible. La pieza que cierra
el círculo perfecto la compone Bridgestone.
La fábrica japonesa ha conseguido unas
gomas que se adaptan a la perfección al
espíritu de Ducati, carácter ganador.