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  Viernes, 11 de mayo de 2007 Actualizado a las 03:15
 

LA TELARAÑA
La barbarie

JUAN PLANAS BENNÁSSAR


A Ramón Llull le dio por irse de evangélico turismo al Magreb. Unos meses en la cárcel debieron de dejarle alguna huella. No sabemos si alcanzó a padecer el síndrome de Estocolmo o si el síndrome sobrevivió a sus huesos y ahora lo quieren resucitar en el espacio inmaculado de La Lonja, intacto su lustre, su sombra afilada como una espada siempre propicia al duelo dialéctico entre quienes desean, todavía, especular con las civilizaciones y las culturas. Tampoco sabemos qué pinta Gabriel Janer en esta pescadería, pero duele -tanto como la soga vándala de las cruzadas- verlo empeñado en sacarle todo su brillo metálico a la cruz ensangrentada y a la devastadora media luna, como si todo fuera lo mismo. No lo es, pero así la interculturalidad obra sus milagros y tiende sus peculiares puentes, sus vanas extrapolaciones, su curioso tratamiento de las cosas de la memoria, de la lengua, de lo que debiera de ser el conocimiento y no pasa de ser una mala broma.

La paradoja nos mantiene expectantes. Ya no hace falta viajar en el tiempo para asistir a la antigua explosión de una estrella o al nacimiento de un universo. Tampoco para reencontrarse con la barbarie. Sobra con el video de la lapidación de una joven yezidi que tuvo la mala idea de enamorase de un musulmán. Las imágenes son tan borrosas como esclarecedoras y nos demuestran que la muerte se esconde en la vida, igual que la verdad se disuelve y aniquila entre los códigos de honor y familia, de sexo y serpientes, de entrañas abiertas a un diablo que no importa si tiene origen yezidi, musulmán o cristiano.

Los yezidi no se afeitan el bigote ni comen lechuga. No sé si la ignoran o la transforman en visones, como hace Munar con sus trece millones. Cada cual debiera elegir sus propios dioses y hasta sus demonios y luego hacer con ellos lo que le plazca. En esa tesitura no se sabe si sobran, o faltan, los preservativos y lubrificantes del Bloc. Habrá que preguntárselo al «Consell de Gays». Ellos sabrán.

 
   
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