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  Viernes, 11 de mayo de 2007 Actualizado a las 03:15
 

LA MIRADA
El dilema

JAVIER LEGORBURU


Jaume Matas, ya lo hemos dicho, es un prestidigitador; pero el hombre, como buen Libra, es dual y tiene dos oficios: también es gestor. Si hacemos balance de sus dos profesiones, no le arriendo la ganancia a la primera. Como mago, ha tonteado con Maria Antònia Munar, el bi-tri-lingüismo, la ranita Janer y, recientemente, se ha sacado de la manga un jocker espectacular: el Teatro de la Ópera. En tanto que tecnócrata, ha construido dos autopistas, dos hospitales, un metro; ha mejorado el ferrocarril, recuperado el turismo tradicional, proyectado un Palacio de Congresos requerido a gritos, así como un no menos demandado recinto ferial; asimismo ha bajado el Impuesto de Sucesiones y, entre otras cosas, estimulado la iniciativa privada al proporcionar confianza al mercado. Ante este largo elenco de logros, la cuestión que se nos plantea a mucha gente de centro-derecha es si hay que castigarlo por su torpe ilusionismo o si hay que perdonarle la vida en consideración a los servicios efectivamente prestados. Hipótesis primera: llega un Pacte de Progrés nuevo, en el que Xisco Antich, que en el fondo no era tan cortico como el rabo de la boina de su abuelico, ha aprendido sabiamente de su innegable fracaso y, como buen Escorpión-Ave Fénix, ha resucitado de sus cenizas. Hipótesis segunda: se garantiza la buena marcha de la economía, al coste de tener cabreada a la basca. El viernes pasado, me manifesté, como residente de Calvià, por el voto útil a Carlos Delgado, que no es dado a las magias. En lo que respecta a Matas, confieso que todavía no he logrado salvar el dilema que impregna los amores kármicos: actuar con la mente o hacerlo con las tripas.

 
   
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