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  Viernes, 11 de mayo de 2007 Actualizado a las 03:15
 

ELECCIONES 27M / Las propuestas de EL MUNDO (V)
Educación: trilingüismo obligatorio y cheque escolar


Algo no está funcionando en nuestra educación pública cuando, tras volcar ingentes recursos económicos y humanos como nunca antes se habían volcado, seguimos estando a la cola de España en prácticamente todos los indicadores educativos.

La delincuencia, el consumo de drogas, el bullying, la falta de autoridad de los profesores, el buenismo de los orientadores psicopedagógicos que por no traumatizar a una manzana podrida permiten que se pudran los demás, el profundo malestar entre el profesorado que observa atónito cómo los recursos se dirigen a lo superfluo y no a lo básico y necesario, el descenso de nivel ante la cada vez peor preparación básica y la pasividad familiar, el fracaso y el abandono escolar antes de concluir la ESO, la utilización de metodologías de aprendizaje cuyos resultados prácticos están a años luz de los que se obtenían antes, éstas son las principales lacras que planean sobre nuestro sistema educativo.

Por si fuera poco, a este malestar se añade la percepción de una politización en los centros públicos que no ha amainado después de cuatro años de gobierno del PP. El actual Govern se ha mostrado temeroso de enfrentarse al sindicato mayoritario de profesores y a las directivas infiltradas de catalanistas, que han boicoteado todas y cada una de las medidas del Govern, tibias y experimentales por lo demás, que han intentado liberalizar y airear el patio.

Trilingüismo. El trilingüismo es un objetivo plenamente compartido por este periódico. Que al terminar la ESO, nuestros alumnos salgan hablando castellano, catalán e inglés no sólo es un reto deseable sino que, en un mercado competitivo y globalizado como el actual, resulta del todo necesario. De ahí que desde este periódico creamos conveniente que a partir del próximo curso el trilingüismo deje de ser un plan piloto para implantarse obligatoria y universalmente en las etapas de infantil y primaria para irse generalizando progresivamente a secundaria.

Ahora bien, tampoco abandonamos el realismo ni cierto grado escepticismo cuando nos enfrentamos a la cruda realidad: ahora mismo al final de la ESO un porcentaje muy alto de nuestros alumnos salen de las aulas como analfabetos funcionales en castellano o en catalán. ¿Será capaz nuestro sistema educativo, aun volcando más recursos de todo tipo, de lograr el objetivo trilingüe cuando ni siquiera ahora es capaz de conseguir unos niveles de lecto-escritura satisfactorios en una de sus dos lenguas oficiales? No debemos olvidar que la motivación política detrás del trilingüismo -que no resta un ápice a sus loables objetivos- estriba en intentar suavizar las consecuencias derivadas del Decreto de Mínimos que el PP impulsó en 1997 y que obligaba a que como mínimo el 50% de las clases fuera en catalán, margen de discrecionalidad que el profesorado, en su mayoría filocatalanista, aprovechó desde el primer momento para que en no pocos centros públicos y concertados el catalán se convirtiera en la lengua de la enseñanza en casi un 100%, relegando al castellano de la educación.

El pavor de nuestros actuales gobernantes a los sindicatos de profesores les ha llevado hasta ahora a contemporizar dejando en agua de borrajas las demandas de unos padres a los que se les está atropellando en sus derechos de elegir la lengua, el centro y el tipo de educación que desean para sus hijos. Una contemporización que también hasta ahora ha afectado la implantación del modelo trilingüe en aquellos centros donde los padres se han mostrado partidarios de acogerse a él.

La normativa trilingüista aprobada por el Govern da la última palabra a la directiva del centro y no a los padres ni a la Administración a la hora de implantar la enseñanza trilingüe. Es evidente por tanto que la Administración no puede tolerar ya más resistencias y demoras del catalanismo instalado en las aulas y que, o una de dos, o deroga el famoso Decreto de Mínimos, o debe hacer obligatorio el proyecto trilingüista.

Cheque escolar. Aunque con la llegada del Govern del PP se han mejorado aspectos educativos en materia de libre elección de centro y en materia de sujeción de los alumnos a un domicilio como condicionante del colegio donde deberán educarse, lo cierto es que en materia de lengua vehicular -en catalán- poco se ha mejorado. Parece claro que hay que liberalizar el sistema, aireándolo, eliminando las sujeciones, trabas e intervencionismos que lo atenazan y recuperando esta libertad educativa cada vez más regulada y encorsetada por los poderes públicos.

Empezando por la libertad de elección de centro, libertad que no sólo no existe, conculcando una de las libertades fundamentales de las familias, puesto que la asignación de un alumno al centro depende de parámetros objetivos: domicilio familiar o laboral, renta familiar, etc., no de la voluntad de los padres. Hay que recuperar la libre elección de centro en toda su plenitud, es decir, que los padres tengan la libertad de escoger el centro que les dé la gana para la educación de los hijos.

El cheque escolar sería, indudablemente, una de las fórmulas a tener en cuenta para abordar tantas libertades conculcadas. La fórmula es muy sencilla. La Conselleria de Educación, en lugar de pagar directamente a los centros educativos y a los profesores, extiende un cheque a cada padre por la cuantía equivalente al coste que le supone a la Conselleria la educación de su hijo.

El padre, con el cheque, elige el colegio -público o privado- al que desea llevar a su hijo. El mercado se introduce así en la educación, los centros educativos empiezan a competir entre sí para adaptarse a las demandas del mercado, es decir, a los padres. De implantarse el cheque escolar, la Educación dejaría de estar pastoreada por los profesores y los políticos y volvería a donde nunca debiera haberse ido, a los padres.

 
   
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