MAYTE AMORÓS
PALMA.- Tal y como se
pronosticaba, amaneció un día de Sant Jordi
soleado. Los riachuelos de jóvenes
estudiantes desfilaban ayer por la calle
Sant Miquel portando satisfechos su rosa y
su libro. Hacía un sol de justicia y la
agudeza comercial de algunos planeaba sobre
el comprador de libros, que cambió la rosa
por el sombrero. Sin duda, era el mejor
dueto.
En la plaza de Cort empezó la
actividad de buena mañana. El expositor del
Ayuntamiento de Palma proponía un
bookcrossing. «Se trata de convertir
el mundo en una gran biblioteca», explicaba
la bibliotecaria de Son Cladera, Luísa
Martínez, sobre esta iniciativa. «Consiste
en coger un libro gratis con el compromiso
de leerlo y regalarlo a otra persona». Más
de 150 libros, todos en catalán, comenzaron
ayer su periplo en este
stand.
La alcaldesa Palma
cumplió con la tradición y se la pudo ver
comprando L'ombra del vent, de
Carlos Ruiz Zafón. De la rosa se encargaba
la librería; venía de regalo en las
gremiadas. Posteriormente, hicieron un
recorrido por el casco antiguo de Palma.
Tampoco faltó el conseller de Cultura,
Francesc Fiol, quien este año se decantó
por la obra del mallorquín Antonio Vidal
Ferrando, L'illa dels dòlmens.
También quiso rememorar las crónicas y
ensayos periodísticos del recientemente
fallecido Ryszard Kapucinski, además de la
novela de Paul Auster Viajes en el
Scriptorium. «Sant Jordi es una jornada
importante porque es un día que anima a la
gente a crear el hábito de la lectura»,
declaró Fiol.
Por su parte, el
presidente del Govern, Jaume Matas, hizo
entrega de un lote de libros a 60 alumnos
de 12 centros educativos de las cuatro
islas en un acto donde animó a todos los
presentes al hábito de la lectura. «Leer os
hará fuertes, preparados, y os permitirá
vivir la vida de otra manera», sentenció el
presidente.
A primera hora las ventas
tenían un público claro: el infantil y
juvenil. Los niños, acompañados por los
profesores, prefirieron los cómics manga en
catalán como Naruto, o la
recopilación de artículos de la antigua
revista Tebeo, aunque la apuesta
segura fue Mortadelo y Filemón.
«Algunos de ellos han comprado el libro
porque regalábamos la rosa», explica
condescendiente el responsable de Norma
Comics, Daniel Morey. También Toni
Fernández, de la librería Baobab, se mostró
satisfecho con la afluencia de público
juvenil, que se decantó por la literatura
fantástica como Harry Potter, Crónicas
de Narnia y Eragon. Todos los
libros de la editorial El Barco de Vapor se
agotaron, así como El barco pirata del
Capitán Escorbuto, un libro desplegable
que se convertía en barco. Fernández
explicó que entre las niñas lo que más
gusta es el libro Las Antibarbies,
que por cierto nada tiene que ver con el
polémico libro de Román Piña Valls, ni
tampoco con la que se le pudren los
visones.
La librería Literanta volvía
a sumarse al Día del Libro por segundo año
consecutivo y aseguraba que el público era
similar al del anterior año. El sol y el
calendario laboral parece que no se notó
tanto, aunque sí fue favorable. Entre los
muchos libros vendidos, la responsable de
Literanta, Marina Pons, destacaba el éxito
de Viajes por el Scriptorium de Paul
Auster, Kafka en la orilla de Haruki
Murakami, El esnobismo de las
golondrinas de Mauricio Wiesenthal,
La aventura de viajar de Javier
Reverte y Nocilla Dream, de Agustín
Fernández Mallo.
Otros títulos
solicitados en la librería Quart Creixent,
según Miquela Serra, fueron La mort de
l'ànima de Maite Salord, mientras que
en Llibres Mallorca sonaron títulos como
Ungles perfectes de Antònia Vicens y el
segundo volumen de Possessions de
Mallorca de Tomàs Vibot. No ha habido
unanimidad este año en cuanto a títulos
favoritos, pues «se ha vendido de todo»,
dice Marián Colom, directora del gremio de
libreros. Ella misma destaca El corazón
helado de Almudena Grandes, pero
reconoce que no ha habido un best
seller que destacase. Respecto a la
valoración de la jornada responde con
prudencia, aunque satisfecha por las ventas
y el público. «Hasta que no nos reunamos
todos, no sabremos cómo ha sido este
año».
Veinticinco librerías salieron
a la calle este año. Sus expositores se
podían encontrar en la plaza Mayor, en la
calle Olmos, en la plaza de Cort, en el
Corte Inglés, en la calle San Miguel y en
la popularmente llamada plaza de los
Patines, aunque muchas librerías
prefirieron quedarse en casa sin expositor.
Una fiesta del fomento de la lectura que se
vio reforzada con las múltiples actividades
infantiles realizadas en la biblioteca Can
Salas, la representación teatral de
marionetas en la plaza de Cort, la
iniciativa bookcrossing y los
descuentos en algunos libros. Eso sí, la
tarde fue más fructífera que la
mañana, aseguró Colom. El Día del Libro se
despidió con la visita de la cofradía de
los caballeros de Sant Jordi a Catalina
Cirer, a quien obsequiaron con un libro y
una rosa. Luego ofrecieron un recorrido por
el casco antiguo de la
ciudad.
Agotado el día, hoy sí en las
mesillas de noche reposaba algo más que la
lamparilla.