Pongamos por caso que un OVNI entra en barrena sobre la vertical de Mallorca, el marciano lanza el consiguiente «¡mayday-mayday!», acciona el eyector y se lanza en paracaídas. Pongamos por caso que se da también la circunstancia de que aterriza sobre alguno de los 3.680 kilómetros cuadrados de Palma. ¿A que no adivinan qué sería lo primero que verían sus ojos? Estadísticamente tendría todos los boletos para darse de bruces con la no muy simpática cara del nada simpático Miquel Nadal en una de las decenas de vallas que ha alquilado. «Huy, éste debe ser el alcalde», colegiría en un instantáneo proceso deductivo. Tal conclusión quedaría apuntalada si a continuación se encontrase tirado en un banco un ejemplar de Última Hora, lo abriera y lo hojease. «Miquel Nadal, Miquel Nadal, Miquel Nadal, veintisiete veces Miquel Nadal, un par de veces una tal Catalina Cirer y media una Aina no sé qué. Está claro quién manda aquí», apostillaría interiormente.
La verdad es que paseándose por Ciutat o leyendo el antes sensacionalista y ahora tan sensacionalista como nacionalista Última Hora da la impresión de que en Palma no hay batlessa sino batle y de que el que ostenta la vara de mando es Nadal y no Catalina Cirer. Vamos, de que el mundo está tan del revés como en ese Consell comandado por la presidenta que no eligieron los mallorquines. Hay tantos carteles del autosubsidiado émulo de Lindbergh que parece que en cualquier momento saltará del cartel, te asaltará cepillo en mano y te pedirá una «limosnita» para satisfacer su prohibitivo hobby.
¿Y a santo de qué le dedica El Egipcio tres veces más espacio a un partido extramunicipal como UM que al que defensor del título (el PP) o al lógico y legítimo aspirante (el PSOE)? Esto es como si El País, EL MUNDO o el desconocido Abc hicieran el triple de caso a la Falange, al Partido Humanista o al hilarante pero real como la vida misma Partido Pirata Español que al PP, el PSOE o Izquierda Unida. UM es a Cort lo que la Falange, el Partido Humanista o el Partido Pirata al Congreso de los Diputados. O sea, nada. La explicación está en las encuestas. Cada vez que MAM se enfrenta al cristal demoscópico y le formula el interrogante de rigor -«Espejito, espejito, ¿cuál es el partido al que más ama Mallorca?»- se topa con idéntica respuesta: «El PP».
Perder el Consell es para la santísima dualidad Egipcio-MAM sinónimo de roto económico de campeonato. Para el primero porque se quedará sin los 3 millones de euros que la segunda le larga con cargo a nuestros bolsillos y para la segunda porque, como bien sabe el primero, cuatro años más de Presidencia significan 1.460 días más de gravas, carbones, piñatas, can domenges, protocolos y cajas fuertes. Entre las encuestas y el efectazo Estaràs-Font al imperio del mal les están aguando la fiesta. Los pronósticos de EL MUNDO/Sigma Dos les sacan directamente de quicio. Por una sencilla razón: saben perfectamente, porque tontos no son, que en 2003 fueron los únicos que lo clavaron.
Pedro Serra y su socia se han aplicado el cuento ése que aconseja «no poner todos los huevos en la misma cesta». El bien superior se llama mantener como sea el Consell y el mal menor lograr que nadie tenga mayoría absoluta para poner en práctica sus perversos métodos en Cort: «Dame la Alcaldía, la Concejalía de Obras, la de Urbanismo y tú quédate con todas demás que a mí no me interesan».
La táctica es obvia: meter a Nadal y a su dos, que seguramente será la mucho más presentable Cristina Cerdó, en Cort y luego tumbarse a la bartola a la espera de que PP y/o PSOE inicien la puja. La táctica de El Egipcio es indiscutiblemente inteligente: ignorar y consiguientemente despreciar a Cirer y ningunear a una Aina Calvo que para ellos no existe mientras ensalzan a El Aviador poco menos que como si fuera Kennedy.
Topan con un primer inconveniente: que normalmente quien gana en la capital de una comunidad autónoma, repite victoria en la comunidad autónoma. La cuestión es matemática y psicológica a partes iguales: parece lógico que para conquistar el Ejecutivo regional haya que conquistar también el municipio más poblado. La mayoría de capitales está en las mismas manos que los ejecutivos regionales: Sevilla y la Junta de Andalucía en las del PSOE, Valencia y la Generalitat en las del PP, Barcelona y la Generalitat en las del PSC, Zaragoza y el Gobierno de Aragón en las del PSOE, Pamplona y el Gobierno Foral en las de UPN, Valladolid y la Junta de Castilla y León en las del PP y otra vez Madrid y la Comunidad en las del PP.
Al imperio del mal le importa un pepino la lógica electoral y las encuestas, lo suyo es la realidad virtual. ¿Qué, si no una democracia virtual, es lo que se ha vivido en los últimos 12 años en el Consell? Una de sus tácticas favoritas consiste en dejar que se les escapen los ceros: ¿que Miquel Nadal protagoniza un acto con 30 personas?, da igual, ponen 300 y santas pascuas, ¿que el susodicho se reúne con 100 jubilados?, pues tampoco pasa nada, multiplican por diez y aquí paz y después gloria. Y pelillos a la mar. Su nivel de manipulación hace palidecer al del Grupo Prisa con el 11-M.
El alocado objetivo del holding UM-UH es, obviamente, cargarse a Cirer por la vía de cargarse su mayoría absoluta. Es la única que a día de hoy puede conseguir los ansiados 15 concejales, Aina Calvo todo lo más los logrará arañando los del Bloc. Lo más esquizofrénico de todo es que Catalina Cirer acepta continuar de columnista deportiva de «Don Pedro» mientras veinte páginas más atrás le pegan sin piedad o la ignoran mientras hacen patéticos y antideontológicos publirreportajes del futuro alcalde de Palma. Una posibilidad, esta última, que no sé si da más miedo o risa.
Da la impresión de que ni MAM, ni El Egipcio ni, por supuesto, el interesado saben muy bien con quién se juegan los cuartos. Catalina Cirer no es Aina Calvo ni Aina Calvo Catalina Cirer pero ambas comparten una honradez ética e intelectual a prueba de bomba. La una y la otra han dicho hasta en radio taxi que bajo ningún concepto le entregarán la Alcaldía a Miquel Nadal como sugieren, día sí, día también, desde el diario sensanacionalista Última Hora y desde el rotativo independentista Balears. Un mensaje que lanzan a ver si cuela como si fuera la cosa más normal del mundo, como si las destinatarias del mismo se chupasen el dedo y como los ciudadanos fuéramos tontos de baba.
La mera posibilidad de que la segunda cabeza pensante de un Consell presidido por la corrupción pueda ser alcalde es motivo más que suficiente para incitar al voto a la populista candidata del PP o a la inteligente apuesta del PSOE. Pues eso querido lector: vote a Catalina o vote a Aina pero ni por lo más remoto se le ocurra quedarse en casa u optar por formaciones minoritarias. Pues eso: que si quiere que Palma sea ingobernable o gobernada por UM ya sabe lo que tiene que hacer.
No creo yo que un tipo que emplea dinero público para pagarse su afición aeronáutica y que compatibiliza la Vicepresidencia de Mallorca con el despacho que tiene abierto y bien abierto en Palma sea lo más recomendable moralmente. A mí me parece muy bien que quiera parecerse a Lindbergh, a Ruiz de Alda o al mallorquín de adopción Ramón Franco, pero que se lo pague de su bolsillo y que deje de pasarnos la abultada factura a los mallorquines.
Así como María Antonieta da por perdido el Consell Insular, su lugarteniente da por hecho que entrará en Cort y será decisivo para la gobernabilidad. Es tan fantástico certificar que la una tiene razón en sus cenizos pronósticos como estremecedor llegar a la conclusión de que el otro tampoco va descaminado en sus optimistas augurios. Encuestas en mano está tan claro que la democracia volverá al Palau Reial como que hay riesgo cierto de que UM gobierne legal pero ilegítimamente el Ayuntamiento de Palma. Abona esta tesis el generalizado pesimismo de un centroderecha que dan tan perdido Cort como recuperado el Consell o mantenido el Govern. No creo pero todo puede ser.
En contra de Catalina Cirer juegan los dos primeros años de legislatura en los que la improvisación fue la norma, la fuga de concejales la rutina y la chapuza el santo y seña. A su favor están las dos últimas temporadas, que han sido tan buenas como malas las dos precedentes. Y no sólo eso: su populismo y su popularidad -que parece lo mismo pero no es lo mismo- amén de su indiscutible honradez robustecen el producto electoral. Ser honesto ha pasado de ser la norma a convertirse en la excepción en este mundo en el que el becerro de oro es el dios de moda. Y más en un microcosmos como el municipal en el que con un simple dibujo en el mapa puedes hacer archimillonario al ladrillero de turno.
Ahí está por otra parte una gestión que se resume en haber logrado que el eterno proyecto de la Falca Verda pasase de los planos a los hechos, en la puesta en marcha de esa otra asignatura pendiente que era el Palacio de Congresos, el derribo de Es Baluard des Príncep, la Fachada Marítima, el nuevo Parque de las Estaciones, la estación en sí, la eliminación del muro que separaba Son Oliva y Hostalets con el impecable paseo de Jacint Verdaguer, el enterramiento de las vías del tren, el metro, 14 casals de barri, la congelación del leonino precio del agua -menos da una piedra-, el frenazo dado a la presión fiscal, la construcción de nueve polideportivos y ese Velódromo que es mejor que el Madison Square Garden, el gallardoniano Palacio de los Deportes o el Madrid Arena. No está nada pero que nada mal, es más, la primera alcaldesa de la historia de Palma lo tiene fácil para tapar la boca a los que la tildan de «incapaz».
Aina Calvo o Catalina Cirer, eso si me apuran es lo de menos, lo importante es que sea una de las dos pero sin necesidad de tomar prestados los hipotéticos concejales de UM para auparse al poder. El préstamo podría salirnos carísimo a todos. Yo creo que tanto la brillante foto del cartel socialista como el sensato rostro del popular deben reunirse cuanto antes para fijar las reglas del juego con un objetivo claro: que gobierne el que más apoyos reúna dejando fuera de juego a ese Partido Pirata de verdad que es UM. Y, entre tanto, me pregunto de dónde sale el pastón que se está gastando Miquel Nadal en su americanísima campaña. ¿Cuánto cuesta tanto derroche? ¿600.000 euros, un kilo, dos millones de euros tal vez?
Convendría que el eficaz delegado de la Agencia Tributaria, Raúl Burillo, enviase un par de inspectores a escudriñar las cuentas del titular de un efecto Nadal que puede terminar como terminó el Partido Reformista en 1986 tras pulirse en la campaña más que nadie -3.000 millones de los de entonces-: con un cero patatero. En fin que sólo faltaba que muerto políticamente el vampiro uemita del Consell renaciese de sus cenizas un rabioso clon que se dedicase a chupar la sangre a la vuelta de la esquina, es decir, en Cort.
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