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ELMUNDO OPINA
Ni pies ni cabeza
No es de sentido común que una norma
elaborada por una administración, en este
caso autonómica, sea modificada a los pocos
días de su entrada en vigor. Esto es lo que
acaba de suceder con la Ley balear del
Ruido que entró en vigor el pasado 16 de
marzo. El decreto que el Govern ha
elaborado a la medida de los intereses del
Grupo Cursach Ocio vulnera la Ley balear
del Ruido e impide que los ayuntamientos
tengan la última palabra sobre la
regulación de los ruidos en sus términos
municipales. El nuevo decreto es una
enmienda a la totalidad de los aspectos que
perjudican los intereses del grupo de ocio
en la zona de la Playa de Palma. Estamos
por tanto ante un «decretazo» aprobado por
la administración autonómica que beneficia
directamente a Cursach. Cort con este
decreto permanece atado de pies y manos. El
Ayuntamiento ha sido la única institución
que hasta hoy se ha mostrado partidario de
anteponer los intereses de los vecinos y
empresarios de la zona al mando y ordeno de
Cursach. ¿Quién defenderá ahora al
vecindario de las molestias de la
'discoabadía'?
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