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  Domingo, 15 de abril de 2007 Actualizado a las 01:24
 

'CASO CURSACH' / El nuevo trato de favor institucional
El ‘decreto Cursach’ del Govern también vulnera la Ley del Ruido que aprobó Matas hace un mes

La ley de contaminación acústica deja en manos de los ayuntamientos la última palabra sobre horarios y límites sonoros El nuevo decreto anula la ordenanza de Cort para que Cursach tenga música 'disco', go-gos, pinchadiscos y conciertos al aire libre

  A D E M A S
 El Ejecutivo lo mantiene
 Ni pies ni cabeza
 El decreto será revisado por el Consell Consultiu
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ESTEBAN URREIZTIETA

PALMA.- El nuevo decreto elaborado por el Govern para beneficiar al empresario Bartolomé Cursach vulnera su propia Ley del Ruido, que cuenta con apenas un mes de vida. El Ejecutivo balear aprobó hace el pasado 16 de marzo la Ley 1/2007 contra la contaminación acústica de las Islas Baleares.

El texto destaca su «carácter municipalista», establece unas directrices generales y deja en manos de los ayuntamientos la útima palabra en materia de ruido. De hecho, contempla expresamente la potestad de los consistorios para restringir, siempre y cuando lo consideren oportuno, los límites sonoros dispuestos en esta normativa de rango autonómico.

Varias semanas después, el mismo Govern que legislaba en estos términos «municipalistas» ha aprobado inicialmente un decreto que contradice a su propia normativa. Tanto como que anula de golpe todas las competencias acústicas municipales en favor del rebautizado popularmente como decreto Cursach en honor a su principal beneficiario.

El artículo 10 de la Ley balear del Ruido del Ejectutivo popular especifica que «las ordenanzas municipales pueden establecer valores límite de evaluación sonora más restrictivos en aquellos casos que lo estimen oportuno». Pero es que en su artículo 6 traslada también a los ayuntamientos la posibilidad de «modificar, en caso necesario y de forma motivada, la hora de inicio o finalización de dicho periodo de tiempo». Es decir, que la decisión última reside en todo caso en los ayuntamientos.

El nuevo decreto elaborado por la Conselleria de Interior y aprobado inicialmente por el Consell de Govern, no sólo borra la última palabra municipal sino que deroga las ordenanzas en vigor, tal y como establece en su «disposición derogatoria». Una vez desprovistos los ayuntamientos de sus competencias, el decreto Cursach pasa a fijar nuevos límites sonoros y nuevos horarios que, curiosamente, permiten al mayor empresario de ocio de Baleares vulnerar las prohibiciones expresas que ha dictado contra él Tribunal Superior de Justicias de Baleares en la discoteca con forma de abadía gótica que tiene en la Playa de Palma.

La única rectificación

Así, en un principio el decreto Cursach llegó a elevar el límite sonoro a los 85 decibelios frente a los 65 que permite la ordenanza municipal. Sin embargo, el escándalo desatado por este punto entre vecinos y hoteleros de la zona ha obligado a la Conselleria de Interior a dejar los límites sonoros tal y como estaban. Eso sí, el Ejecutivo balear se ha negado a variar el resto de preceptos del decreto que contradicen la normativa del Ayuntamiento de Palma y que nacen para que Cursach eluda los dictados de la máxima instancia judicial de Baleares que anulan los principales atractivos de la discoteca MegaPark de Cursach.

El dictamen del TSJB

El Tribunal Superior de Justicia de las Islas ya se ha pronunciado sobre el caso concreto de Cursach y ha prohibido al empresario de ocio en su establecimiento todo lo que no sea «música ambiental», pero también cualquier tipo de espectáculo al aire libre. Esto es, bailarinas, pinchadiscos, conciertos de música y proyección de espectáculos a través de pantallas.

Su decisión la argumentó basándose en la ordenanza municipal, que prohíbe todas estas actividades al aire libre. Pero también sopesando las molestias que el infierno sonoro del discotequero había venido ocasionado a sus vecinos. Desoyendo esta resolución judicial, el decreto Cursach permite conciertos al aire libre y todo tipo de retransmisiones audiovisuales. Es más, contempla la posibilidad de que cuando estas sean «de gran interés social» se pueda ampliar el horario fijado para las mismas.

Asimismo permite la celebración de conciertos de música al aire libre, un atractivo que también venía explotando Cursach en su establecimiento hasta que el Tribunal Superior de Justicia decidió prohibírselo.

 
   
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