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  Domingo, 15 de abril de 2007 Actualizado a las 01:03
 

TEATRO /
El Mikado

Sencillez, ingenio y soberbias interpretaciones


Dagoll Dagom

El Mikado / Escenario: Auditórium de Palma / Fecha: 13 de abril.

Calificación:

FERNANDO MERINO

PALMA.- El año 1986 el Auditórium de Palma fue el primer teatro en tener noticia de la adaptación al catalán de la opereta, El Mikado, uno de los primeros espectáculos musicales, con ambición, producidos en España. El Auditórium, ahora, es el espacio encargado de darle al botón y apagar su renacimiento 20 años después del estreno. La gira comenzaba en noviembre de 2005 y finaliza esta noche aquí.

La celebración de los 30 años de Dagoll Dagom se ha centrado en la reposición de Mar i Cel y de El Mikado, dos clásicos entre los clásicos en el repertorio de la compañía. Ambos han vuelto a la sala magna, y visto lo bien que aguantan el pasar del tiempo, es en cierto modo una tragedia que la escena española, el espectador en definitiva, se quede huérfano de tan gratificantes propuestas.

El Mikado que ha regresado de la buhardilla es básicamente esa misma propuesta que nos sorprendiera hace dos décadas, y es esta constatación (los cambios son matices, no en profundidad), la que nos pone sobre aviso de la excelencia de aquella primera visita a la obra de Gilbert y Sullivan, autores hasta entonces desconocidos en nuestro país. Es aquella sencillez, la forma ingeniosa de dar la más simple de las soluciones a las servidumbres de la puesta en escena, el principal aval de un espectáculo que descansa su fuerza en la soberbia interpretación del cuadro de actores.

En este regreso a una de las piezas memorables de Dagoll Dagom se debe reconocer, y felicitar, el sobresaliente trabajo de Miquel Periel, en su condición de director de casting. Creo no equivocar la apreciación si aseguro que desde hacía años no se reconocía en un musical representado en la isla tanta calidad en el reparto visto en su conjunto. No hay vacíos en este inmenso mar interpretativo.

El peso de la acción recae en el personaje de Ko-Ko cuyo patético perfil reclama obligatoriamente una desbordante comicidad, y sin lugar a dudas Josep Maria Gimeno clava su recreación. Pero no se queda solo. Las réplicas son deslumbrantes: Albert Muntanyola en la piel del 'polifacético' Pooh-Bah; Maria del Mar Maestu (Yum Yum); Toni Viñals (Nanki-Poo), y desde luego la 'bruja' Katisha tan bien encarnada por Meritxell Coma. Ellos son los principales, ciertamente, pero debo insistir: ahí están, y lo están deliciosamente sujetados por el resto del reparto.

Siguiendo la costumbre de esta pieza, que desde sus orígenes hace 125 años incorpora morcillas sobre la actualidad, en la revisión de El Mikado se hace lo propio, aunque sin estridencias: lo justo, y siempre con esa elegancia que es sello de la casa. En definitiva el espectador se desliza a través de dos horas de continuo frenesí.

Hoy se despide El Mikado y no solamente de Palma, pues ahora regresa al baúl. De manera que, si usted no ha tenido oportunidad de verla, no entiendo a qué está esperando.

 
   
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