Dagoll Dagom
El
Mikado / Escenario: Auditórium de Palma /
Fecha: 13 de abril.
Calificación:
FERNANDO MERINO
PALMA.- El año
1986 el Auditórium de Palma fue el primer
teatro en tener noticia de la adaptación al
catalán de la opereta, El Mikado,
uno de los primeros espectáculos musicales,
con ambición, producidos en España. El
Auditórium, ahora, es el espacio encargado
de darle al botón y apagar su renacimiento
20 años después del estreno. La gira
comenzaba en noviembre de 2005 y finaliza
esta noche aquí.
La celebración de
los 30 años de Dagoll Dagom se ha centrado
en la reposición de Mar i Cel y de
El Mikado, dos clásicos entre los
clásicos en el repertorio de la compañía.
Ambos han vuelto a la sala magna, y visto
lo bien que aguantan el pasar del tiempo,
es en cierto modo una tragedia que la
escena española, el espectador en
definitiva, se quede huérfano de tan
gratificantes propuestas.
El
Mikado que ha regresado de la
buhardilla es básicamente esa misma
propuesta que nos sorprendiera hace dos
décadas, y es esta constatación (los
cambios son matices, no en profundidad), la
que nos pone sobre aviso de la excelencia
de aquella primera visita a la obra de
Gilbert y Sullivan, autores hasta entonces
desconocidos en nuestro país. Es aquella
sencillez, la forma ingeniosa de dar la más
simple de las soluciones a las servidumbres
de la puesta en escena, el principal aval
de un espectáculo que descansa su fuerza en
la soberbia interpretación del cuadro de
actores.
En este regreso a una de las
piezas memorables de Dagoll Dagom se debe
reconocer, y felicitar, el sobresaliente
trabajo de Miquel Periel, en su condición
de director de casting. Creo no equivocar
la apreciación si aseguro que desde hacía
años no se reconocía en un musical
representado en la isla tanta calidad en el
reparto visto en su conjunto. No hay vacíos
en este inmenso mar
interpretativo.
El peso de la acción
recae en el personaje de Ko-Ko cuyo
patético perfil reclama obligatoriamente
una desbordante comicidad, y sin lugar a
dudas Josep Maria Gimeno clava su
recreación. Pero no se queda solo. Las
réplicas son deslumbrantes: Albert
Muntanyola en la piel del 'polifacético'
Pooh-Bah; Maria del Mar Maestu (Yum Yum);
Toni Viñals (Nanki-Poo), y desde luego la
'bruja' Katisha tan bien encarnada por
Meritxell Coma. Ellos son los principales,
ciertamente, pero debo insistir: ahí están,
y lo están deliciosamente sujetados por el
resto del reparto.
Siguiendo la
costumbre de esta pieza, que desde sus
orígenes hace 125 años incorpora morcillas
sobre la actualidad, en la revisión de
El Mikado se hace lo propio, aunque
sin estridencias: lo justo, y siempre con
esa elegancia que es sello de la casa. En
definitiva el espectador se desliza a
través de dos horas de continuo frenesí.
Hoy se despide El Mikado y no
solamente de Palma, pues ahora regresa al
baúl. De manera que, si usted no ha tenido
oportunidad de verla, no entiendo a qué
está esperando.