M. R.
SA POBLA.- La climatología
no acompaña a la tercera fiesta de Pascua.
Los días grises, de lluvia y poco
primaverales no son la mejor invitación
para irse de romería. Y la de Sa Pobla, que
suele ser la más concurrida del martes de
pancaritat en la Part Forana, vivió
una jornada pasada por agua; la segunda en
los últimos diez años.
Aunque el
cielo ya anunciaba un chaparrón, la
sociedad civil se preparó para esta diada
popular de carácter religioso como si de un
día primaveral se tratara. El día aguado
provocó, sin embargo, que menos
poblers madrugaran en este día de
fiesta oficiosa. Otros peregrinos, en
cambio, se congregaron como todos los años
en las puertas de la parroquia de Sant
Antoni Abad.
La lluvia respetó la
misa
La procesión subió a la
ermita de Crestatx, que desde mucho antes
del 1820 es el cuerpo espiritual de Sa
Pobla, armada de paraguas e impermeables y
con la imagen de Santa Margarita. La lluvia
respetó la misa y las actividades festivas
posteriores, pero a la 13 horas empezó a
caer con el arroz en su inicio de cocción.
Algunos poblers decidieron
esperar a que el aiguat amainarana,
mientras que otros desistieron retornando
al pueblo. No obstante, pocas horas después
ya no quedaba nadie en la ermita. Sólo las
brasas humeantes. El president Jaume Matas,
quien acudió con algún retraso, el ex
primer edil, Jaume Font, y el actual
alcalde, Antoni Serra, aguntaron el tirón
cobijados bajo los toldos habilitados y el
vino tinto, que seguro les alivió el frío.
Pero la celebración del inicio de la
primavera y del final de la Pascua se
trasladó a otro escenario: al de las calles
del núcleo de Sa Pobla. Allí, las
asociaciones de vecinos y la sociedad civil
tenía preparada una alternativa a la
romería.
En sus casas, acabaron esos
productos de Semana Santa con fecha de
caducidad: las panades,
robiols y crespells. Eso sí,
las actividades posteriores con vocación de
ser al aire libre fueron todas suspendidas.
Paradójicamente, la lluvia se adelantó a
este rito que tradicionalmente ha estado
relacionado con la invocación a la lluvia y
la fecundidad del campo.
Campanet,
Montuïri, Petra, Llubí y Algaida también
celebraron, como cada año, las
tradicionales pancaritats. El punto final
de la Semana Santa, sin embargo, tuvo el
mismo denominador común en los pueblos de
la Part Forana: poca afluencia por la
lluvia. No hay más que ver el aspecto que
ofrecía la ermita de Sant Crist a las 14:00
horas sólo tres o cuatro familias comían
protegidos por un toldo.