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  Miércoles, 11 de abril de 2007. Actualizado a las 01:56
 

UC
Educando al yonqui

JORGE MONTOJO


La familia Boncostum inicia una cruzada en las escuelas baleáricas para alejar a los niños de las drogas. Se dirige a aquellos de edades comprendidas entre tres y nueve años, ya que la caída en la drogadicción es cada vez más temprana. Ojalá tengan éxito sin caer en las posturas talibanes de una ministra Salgado con aspecto de estar muy poco sana. Lo de la droga es un problema de cultura. Y si verdaderamente educáramos en las escuelas en lugar de crear moldes y rebaños, la gente sería libre para decir sí o no, y conocerían las consecuencias y riesgos de una actividad tan vieja como el hombre y que tiene estrambóticos defensores como aquellos que afirman que el homo sapiens empezó a pensar gracias a unos hongos que crecían en un campo de África… Aberrantes son las medias tintas en que se mueven las autoridades. Parece que todo el mundo saca tajada del mercado de la droga –el que más beneficios ofrece después de las armas–, porque si no, no se entiende la ambigüedad dominante. Hoy en día cualquiera puede conseguir cualquier tipo de droga en cualquier rincón del planeta. Se sabe quiénes son los camellos, los traficantes que envían a sus cachorros a asépticos colegios de Suiza, laboratorios…, pero no se quiere hacer nada porque el pringue está tan generalizado que la batalla se da por perdida. Tal como está el panorama la única solución sería la legalización. Eso comprendería un control sanitario garantizador del producto, un mayor respeto y conocimiento de los efectos. Y el final de las mafias. Tuve el placer de conocer en una gozosa comida de Pascua a un whitehunter y vagabundo del dharma. Me cantaba las bondades de la ayahuasca, una planta amazónica que abre nuevas sendas de consciencia. Pero el cazador se hacía acompañar de un chamán como guía. Lo transformaba en rito. Eso demuestra un respeto ante las substancias que nos llevan a otras realidades. Algo que se ha perdido entre los adocenados palurdos que sólo salen si tienen sus pastillas en el bolsillo y se aferran a su botellín de agua antes que a la cintura de su amante para seguir el ritmo monocorde del Dj de turno. Lo del sex&drugs&rockandroll queda ya en el parque jurásico de Flower Power. Antes podía haber un mayor respeto al modo de los secretos de Eleusis y los viajes iniciáticos expandidores de la psique que sólo los místicos como San Juan de la Cruz pueden emprender sin alguna ayudita artificial. Ahora se lleva perder la consciencia sin ningún motivo porque no conocen el goyesco adagio de que el sueño de la razón produce monstruos. El vacío de los aburridos existencialistas regresa en una época en que se adora al Tener por encima del Ser. Ojalá enseñen a los niños a usar su imaginación…

 
   
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