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  Miércoles, 11 de abril de 2007 Actualizado a las 01:42
 

AL GRANO
Cirer, una 'mosquita muerta' de armas tomar

ANTONIO ALEMANY DEZCALLAR


La democracia ha resultado muy positiva para Palma que, con sus luces y sus sombras, se está convirtiendo en una gran capital. Todos los consistorios democráticos han hecho grandes aportaciones a la ciudad, en términos ornamentales y en términos de servicios. Ramon Aguiló legó el soberbio Parque del Mar -que no me gusta porque es arquitectura en lugar de jardinería, lo cual no obvia que sea una magna obra- y una excelente labor de adecentamiento y embellecimiento de las barriadas, cuyo máximo exponente es Santa Catalina. La era Fageda aportó, como obras cumbres, el parque de Sa Faixina y toda la red de estacionamientos urbanos.

Pero, cuando Palma ha pegado el gran estirón, en unos términos cualitativos y cuantitativos impresionantes, ha sido durante el mandato de Catalina Cirer. En su contra está, a mi juicio, la política circulatoria que está museificando y expulsando la vida de los cascos históricos, amén de alterar su centralidad vital vigente durante más de dos milenios, y el dudoso gusto de algunas reformas -la plaza de España o la plaza de Santa Eulàlia, por ejemplo- que han ignorado el genius loci en beneficio de lo anodino estandarizado.

Estos aspectos que, a mi, al menos, no me gustan, no obstan para reconocer el formidable paso adelante que ha dado la ciudad. Tras esta imagen, entre entrañable y folclórica, de la alcaldesa se oculta un sorprendente dinamismo que se ha traducido en una de las épocas más creativas de la historia palmesana.

Comenzando por lo que parecía imposible: instaurar un servicio de transporte público digno -lástima de los mastodónticos autobuses- de este nombre a la altura de cualquier capital europea. Y lo ha hecho rompiendo el círculo infernal de una demanda y una oferta que, se decía como excusa, se ignoraban mutuamente. Lo sorprendente ha sido la modernidad de la decisión municipal, practicando una política de la oferta que, de acuerdo con la mejor tradición liberal de Say, ha acabado por generar una demanda que nunca había existido habida cuenta los usos inveterados de los palmesanos en materia de transporte. Sólo este gran éxito en el transporte público ya justificaría un mandato municipal. Pero lo más espectacular e importante han sido actuaciones urbanísticas, de las que destacan, por su trascendencia presente y futura, cuatro: la Cuña Verde, el parque de las Estaciones, Jacinto Verdaguer y la reforma del Borne-Antonio Maura.

Cirer ha sido la primera alcaldesa que ha hincado el diente en una aspiración palmesana que arrancaba de lejos, nada menos que del Plan Calvet. Estamos hablando del mayor espacio verde que se incorpora a la ciudad a lo largo de su historia, alterando un déficit ancestral en materia de parques, esta vez y por sus dimensiones, habilitando un parque de verdad.

El Parque de las Estaciones es, a mi juicio y por su nuevo diseño, un parque destinado a tener un masivo uso ciudadano y si no al tiempo. Umbroso -cuando se desarrolle la vegetación-, cómodo, abierto a los populosos barrios que lo rodean, con espacios que invitan al paseo, a la tertulia o, simplemente, a papar moscas y de excelente factura estética, este gran logro urbano ha sido insultado, maltratado y herido por las venganzas personales de Munar y la estúpida protección de los antiguos edificios de las Estaciones que alcanza, no ya a sus valores arquitecturales -más que dudosos por lo demás- sino a su mismo uso.

Ha habido ahí una deliberada voluntad de dañar a los palmesanos que deberán a Munar las horribles casetas de plástico para ocultar la ventilación de la estación intermodal que debía ubicarse en los antiguos edificios protegidos. Deberían colocarse inscripciones en estas casetas recordando a los palmesanos quién ha sido la responsable de la infamia.

Jacinto Verdaguer ha sido otra gran obra: sus vecinos se pellizcan y no se lo creen. De vivir en una de las zonas más degradadas de Palma han pasado a vivir en una de las mejores y con mayor futuro. De hecho, el valor de las viviendas se ha disparado y me pregunto si, tras este absurdo movimiento que quería un parque -tienen el de las Estaciones al lado- no hay una pura presión especulativa tendente a incrementar, más aún, el valor de las viviendas. Un auténtico pelotazo sólo que disfrazado de un absurdo y egoísta pseudo ecologismo. El único error de esta espléndida calle es haber cedido en parte a las pretensiones de los vecinos en lugar de habilitar un nuevo canal circulatorio, tal y como precisa la que se va a convertir en una de las principales entradas de la ciudad.

La reforma del Born y de Antonio Maura ha quedado estéticamente espléndida. Lástima que las enfebrecidas teorías circulatorias del ingeniero devalúen la excelencia urbanística, creen de forma artificial atascos y caos y que hayan primado los criterios de cuatro gatos en el uso circulatorio de las dos vías del paseo.

En resumen, una alcaldesa que provocaba chistes malévolos porque se vestía de payesa o de cavallet y se declaraba hincha furibunda del Mallorca, ha resultado ser la impulsora de la mayor transformación, cuantitativa y cualitativa, de Palma. Ha hecho honor, en términos políticos, a las teorías de las mosquitas muertas que suelen ser, al final, de armas tomar. Cirer ha sido una alcaldesa de armas tomar en el más noble y positivo significado del término: ha revolucionado la ciudad y lega a la Historia una formidable transformación urbana. Encima con una imagen intachable de honestidad y rectitud que todo el mundo reconoce.

Yo no sé si las urnas le van a ser favorables o si, como pronostica el DM, será desalojada de Cort. Si así fuera, estaríamos ante una gran injusticia con la que, por sus realizaciones, ha sido la mejor alcaldesa en lo que llevamos de democracia.

 
   
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