Es consciente de que está apurando el
último tramo de una exitosa carrera, pero
Carlos Moyà está dispuesto a dar todavía
mucha guerra. La transición de siglo cayó
como una losa sobre el palmesano, que
estuvo dos años sin ganar un título tras
una sucesión de lesiones y ocasiones
perdidas. Ahora, Moyà está acostumbrando a
sus seguidores a buenos principios de
temporada, aunque después su tenis se va
apagando de forma progresiva. Su caída en
el ranking de la ATP tampoco le ayuda a
volver a sacar la cabeza, porque siempre
debe medirse a los más grandes del
escalafón en las primeras jornadas de los
torneos.
Pese a todo, el ex número
uno del mundo y campeón de Roland Garros ha
firmado esta temporada muy buenas
actuaciones, con dos finales -Acapulco y
Sydney- y las semifinales en Chennai.
Decepcionó en Buenos Aires, que era uno de
sus torneos fetiche, y cayó víctima del
sorteo en la primera ronda del Abierto de
Australia, tras caerle en suerte el
estadounidense James Blake. La gira
americana ha concluido con una meritoria
actuación en Indian Wells, donde cayó en
octavos de final ante su compatriota David
Ferrer, y un pequeño chasco en Miami, donde
perdió en segunda ronda frente al francés
Fabrice Santoro.