Según el recuento realizado el pasado
mes de enero -que se hace en toda Europa el
mismo día para tener una noción de las aves
repartidas por todo el continente-, se
contabilizaron en el Parque Natural de
s'Albufera de Mallorca un total de 9.804
aves, de las que 6.905 fueron anátidas,
1.365 limícolas, 917 fochas y 653 garzas,
mientras que el resto se reparte en grupos
menores.
Tras una contemplación más
detallada de esos resultados obtenidos por
los ornitólogos que atienden s'Albufera,
destaca el que el número de patos cuchara y
cercetas (anátidas) se haya elevado esta
temporada hasta los 2.675 ejemplares,
cuando en un año normal se contabilizan
alrededor de un millar de estas aves
típicas de este paraje en invierno. Cifra
que contrasta con el descenso de hasta un
25% en la llegada a s'Albufera de avefrías,
con 754 residentes en el humedal este
invierno, frente a las mil que se suelen
contabilizar otros años, o con la completa
ausencia de ejemplares de ocas y gansos,
que usualmente están representadas con una
quincena de animales y hasta por medio
centenar en algunos años.
Algunos
científicos apuntan al calentamiento global
como causa de que aves tradicionalmente
migratorias, como las cigüeñas, el milano o
las águilas, hayan empezado a suspender
estos viajes que les suponen un gran
esfuerzo, alteración que se irá percibiendo
gradualmente en otras especies. Por otra
parte, la suspensión de la migración por
parte de aves del centro y el norte de
Europa también ha tenido un efecto
beneficioso para Baleares, puesto que ha
mantenido a las islas en unos límites bajos
de riesgo de aparición de algún foco de
gripe aviar.
El cálido invierno
también ha tenido sus efectos en la flora.
Algunos árboles adelantaron su floración,
como las encinas y el olivo, lo que originó
que se dispararan los casos de alergia.