Hemeroteca Agenda cultural Cartelera Titulares

Tienda Restaurantes De copas Loterías
 BALEARES
 24HORAS
 Opinión
 Illes Balears
 Palma
 Menorca
 Part Forana
 Deporte
 Cultura
 Ibiza y
 Formentera
 SUPLEMENTOS
 La Economía
 Balear
 Fora Vila Verd
 EDICIÓN
 NACIONAL
 España
 Internacional
 Economía
 Deportes
 Cultura
 Ciencia
 Tecnología
 60 segundos
 Edición
 impresa
 Catalunya
 Madrid24horas
 OTROS
 Fotos del día
 Álbum
 Vídeos
 
  Domingo, 8 de abril de 2007 Actualizado a las 01:38
 

LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES
Baleares va bien

EDUARDO INDA


«¿Qué crees que va a pasar hoy»?, le disparé a quemarropa a primera hora de la mañana del 12 de marzo de 2000 a una de mis grandes fuentes en el Gobierno Aznar, un centrista pata negra procedente de ese ejemplar partido que fue la UCD. «La gente vota con el bolsillo y cuando el bolsillo está tan lleno como lo está ahora, el éxito está asegurado. Vamos a tener una holgada mayoría absoluta», auguró a bote pronto. Dicho y hecho: Aznar se metió en el petate ocho diputados por encima de la mayoría absoluta al lograr 183. Los españoles le entregaron en 1996 una economía hecha unos zorros y cuatro años después él, milagros Rato mediante, se la devolvió limpia como los chorros del oro. Consecuencia: el premio gordo.

«Más sabe el diablo por viejo que por diablo», reflexiona el refrán. Como quiera que mi interlocutor del 12-M no es un diablo sino más bien un alma cándida, cabe colegir que dio en el clavo simplemente porque tiene más mili que nadie. Por suerte, Juan Español vota más con el bolsillo y con la cabeza que con las vísceras. A Calvo-Sotelo le dieron boleto en forma de tunda en 1982 por un mix llamado crisis financiera-crisis política y a Felipe lo jubilaron en 1996 por su galopante corrupción pero también por la garrafal política económica. Lo de Aznar el 14-M es obviamente harina de otro costal.

La politología comparada abona esta particular teoría: Thatcher llegó a Downing Street después de que los británicos largasen a un James Callaghan sinónimo de huelgas e hiperinflación, a Reagan le dejó el camino expedito a la Casa Blanca la recesión provocada por el sin fundamento de Jimmy Carter, a Bill Clinton le sucedió ídem de ídem en 1992 con un Bush padre que le sirvió la Presidencia en bandeja y a Gerhard Schröder no lo mandó a su casa Angela Merkel sino más bien una calamitosa trayectoria que se resume en 5 millones de parados.

Dado que Juan Balear no es un marciano hay que deducir que la butxaca tendrá también buena parte de la culpa del veredicto el 27 de mayo. Y, si así fuera, Jaume Matas está en condiciones de llevarse un resultadón de la misma manera que Francesc Antich se calzó un justo bofetón en 2003 debido a su inempeorable legado económico.

Vayamos por partes. Más que favorables, todos los guarismos macroeconómicos son demoledoramente favorables a Jaume Matas (JM). El más elocuente de todos, el Producto Interior Bruto (PIB), demuestra que si bien todas las comparaciones son odiosas algunas merecen el epíteto de escandalosas. Cuando Juan Balear le volvió a arrendar el Consolat hace cuatro años menos dos meses nuestra economía no era el pedazo de AVE que él había dejado en herencia en 1999 creciendo al ¡¡¡7%!!! No. Más bien parecía una mala réplica de la renqueante locomotora que allá por 1850 consumó el primer trayecto ferroviario en España: el Barcelona-Mataró.

El último año de Pacte de ¿Progrés?, 2002, echó el cierre con un PIB escuálido tras pegar un insignificante estirón del 0,8%. Esto es, nueve veces menos que cuando en 1999 Antich ganó el poder tras perder los comicios. Esta interpretación de las cosas es ciertamente benévola porque hubo trimestres de 2002 en los que en lugar de crecer, decrecimos, una situación jamás vista desde los primeros 80. Claro que cuando tienes un ministro de Economía (Sampol) que apuesta pública y ostentóreamente por «ralentizar el crecimiento económico» lo normal es darte un golpe de aquí no te menees.

Parafrase- ando al Guerra antipático -el simpático, obviamente era el torero- cabría sentenciar que 46 meses después del 25 de mayo de 2003 a Baleares no la reconoce ni la madre que la parió. El PIB engordó el año pasado un 2,7% y este ejercicio lo hará un 2,9% según los pronósticos más moderados y un 3,2% si atendemos a los más voluntaristas. Los ¿progresistas? que nos llevaron a la estanflación relativizarán este pequeño gran éxito argumentando que está por debajo de la media nacional. Cierto, pero tan cierto como que es mucho más fácil destruir que construir y no digamos que reconstruir. Además, tampoco andamos ya tan lejos del promedio español: nuestro en números redondos 3% está a tiro de piedra del 3,7% nacional previsto para 2007.

En una comunidad como la nuestra en la que tres de cada cuatro euros los genera el turismo la otra gran vara de medir es el número de visitantes. Aquí el PP arrasa a un Pacte de ¿Progrés? cuya gestión se resume -ahí es nada- en 800.000 turistas menos. Ochocientos mil turistas menos que, traducidos a euros, supusieron un roto de 600 millones tirando por lo bajo. El flaco Flaquer le ha dado la vuelta a la tortilla resucitando el círculo virtuoso de una economía que hace no tanto, tanto como ocho o diez años, era la envidia de toda España y el asombro de media Europa. Ojo al dato: los 12,2 millones de visitantes de 2006 constituyen un récord histórico y están a años luz de los 10,7 del último año enterito de retroprogresismo (2002). Resumiendo que es gerundio: además de recuperar los 800.000 que perdieron los Alomar, Sampol y cía han cazado otros 700.000 de propina.

Qué lejos quedan filosóficamente hablando las declaraciones de la tan coherente como a ratos equivocada Margalida Rosselló y qué cerca están temporalmente. Nuestros principales clientes aún no han olvidado la ofensa que supuso para ellos las intempestivas palabras que la consellera de Medio Ambiente soltó hace 7 años en ¡¡¡Alemania!!!: «En Baleares sobran siete millones de turistas». Si a esta genialidad le unimos una ecotasa mal planteada y peor ejecutada no es de extrañar que el desastre estuviera servido. Esto es como si el ministro de Economía alemán viniera a España advirtiendo voz en grito que los BMW y los Volkswagen «se averían cada dos por tres», como si Bill Gates aconsejara urbi et orbi no comprar productos Microsoft o como si el Rey Abdulá de Arabia pidiera públicamente que no se consuma petróleo.

¿Y de la inflación qué? Los economistas modernos sostienen que sin contención de precios no hay crecimiento sano que valga. Es una especie de colesterol pero en versión financiera que marca la salud micro y macroeconómica. Una asignatura, la del Índice de Precios al Consumo, que España sigue aprobando por los pelos (3,5%) y en la que Baleares progresa adecuadamente con un algo más meritorio 3%. Un hito al lado del nefasto 2002 en el que pese a crecer un 0,8% según el Instituto Nacional de Estadística y a decrecer un 0,5% según la Caeb los precios se dispararon un 3,8%.

Gran parte de la culpa de que Baleares haya vuelto a ser lo que fue la tiene una política de obras públicas que se resume en haber hecho en cuatro años más que en los 20 anteriores. Veinte residencias, cinco autovías o, mejor dicho, tres pedazos de autovías y dos autovías enteras, no sé cuántos colegios, el un tanto faraónico metro a la UIB, el parque de Sa Riera, la estación de tren de Palma, los hospitales de Inca, Mahón y Formentera, el centro de Alzheimer y algún que otro proyecto que me dejo colgado sintetizan una gestión difícilmente criticable. Como todas las obras públicas que en el mundo han sido han producido un doble bienestar: el bienestar consustancial -no es lo mismo ir a Llucmajor ahora que hace cuatro años- y el bienestar que en forma de tirón económico causan siempre estas actuaciones.

Y como no hay dos sin tres hablaremos también de la ocupación. Dos guarismos lo dicen todo: el paro (39.000 personas inscritas) se sitúa en sus niveles más bajos en seis años gracias a la creación de -se dice pronto- 50.000 puestos de trabajo desde 2003.

La curva de Laffer, la infalible ecuación del liberalismo de nuestro tiempo, va poco a poco cumpliéndose en Baleares. El tijeretazo al Impuesto de Sucesiones, que ha pasado de un tipo máximo del 40% al 1%, y el bajonazo del 40% al 7% del de Donaciones van a dejar libres 60 millones de euros anuales, 60 kilos que contribuirán a darle marcha a nuestro cuerpazo económico.

Sólo un nubarrón en lontananza: el de una deuda pública autonómica que asciende a la friolera de 2.300 millones. Dos mil trescientos kilos que serían 1.800 si el Gobierno central no fuera un moroso que se niega a pagar la pella de 400 millones que nos ha dejado a cuenta de las carreteras y los veinticinco que nos racanea por las residencias. Los acuerdos firmados, señor presidente, están para cumplirse. Un nubarrón que podrían haber sido dos si JM hubiera optado por sostenella y no enmendalla con una metedura de pata supina bautizada como autotasa.

La psicología es clave en economía. Así como el Pacte hizo de espantapájaros, el PP ha jugado el rol del psicoanalista que devuelve la confianza al deprimido paciente tras tumbarlo en el diván. La conclusión es obvia: con estos fríos pero objetivos datos en la mano, JM debería meter un golazo por toda la escuadra a esa hidra tricéfala (PSOE-Bloc-UM) que son sus rivales. Especialmente teniendo en cuenta que el portero del equipo contrario es el mismo que ya perdió el match en 2003. Y eso que, todo hay que decirlo, el centrado Antich de ahora no es el Antich de hace cuatro años: el de ahora predica la ortodoxia económica, el de hace cuatro años ni la predicaba ni la practicaba.

Si segundas partes fueron malas, segundos pactes serían aún peores. Que Dios coja confesada a nuestra economía si el pentapartito reconvertido en tripartito regresa al Consolat de Mar. Escenario bien diferente sería un PSOE gobernando en solitario sin bultos sospechosos pero eso se antoja imposible a día de hoy. Pero lo cierto es que así como en 2003 se olían, se intuían y se palpaban los vientos de cambio, ahora ni están ni se les espera. Vencer a Jaume Matas es teóricamente posible para Francesc Antich pero vencer a la confianza generada por Jaume Matas me temo que le va a resultar imposible. O casi.

e.inda@elmundo.es

 
   
BUSQUEDAS

Otros buscadores
 LA VIDA MÁS FÁCIL
Hemeroteca
Agenda cultural
Cartelera
Restaurantes
De copas
Busca piso
Rutas de viajes
Callejero
Farmacias
Horóscopo
Televisión
Aeropuertos
Estado de la mar
Líneas Marítimas
Teléfonos útiles
Tráfico
Gasolineras
© EL MUNDO / EL DIA DE BALEARES
Política de privacidad