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  Martes, 27 de marzo de 2007 Actualizado a las 00:33
 

EN VENA
Elecciones 2007 (V)

ROMÁN PIÑA VALLS


La última noticia científica es que los hombres no son más que mujeres con exceso de testosterona. Contra todos los mitos sobre el origen de la especie humana, casi todos con barro por en medio, la ciencia confirma ahora las fantasías más delirantes recogidas por Platón acerca de los hermafroditas. Todos al final, por lo visto, somos hermafroditas, estamos hechos con el molde de Hermafrodito, el hijo de Hermes y Afrodita. Siempre he sospechado que los hombres éramos mujeres. El ser humano, por tanto, es hembra en principio. A una hembra un día se le cruzaron los cables, se puso gallito discutiendo con una paisana y empezó a rezumar testosterona, lo que provocó la mengua de sus pechos y una degradación de su entrepierna. Esa enfermedad con clarísimos síntomas entre las ingles es conocida hoy como aparato sexual masculino.

El hombre, ya según la ciencia, es un ser humano evolucionado o enfermo, lo que reduce el ámbito de los derechos humanos de nuevo a dos bloques: a un lado las mujeres con sus pokemon evolucionados, o sea los hombres, y al otro los simios. La ley de paridad recién aprobada presume de feminista, y bien que lo es, porque una cuota del 50% para las mujeres incluye (la ciencia manda) a los hombres, y la otra no la ocupa de momento nadie, porque hombres, lo que se dice hombres, no hay. Sólo nos quedan simios. Esta es la ley que Zapatero no ha tenido ovarios (decir huevos es machista y un error científico) de proponer, es la que de verdad el planeta aplaudiría: poner la mitad de simios en los consejos de administración de las empresas y en los ministerios.

También ha demostrado la ciencia que somos animales de costumbres. Leónidas de Esparta demuestra en la película 300 que ensartar persas en la pica es pura rutina, y los españoles estamos demostrando que nuestra raza no puede pasar tres días sin una manifestación. En Madrid el domingo me tropecé con una de trabajadores de Correos, y mañana tendrá que haber otra, apuesten.

Miquel Nadal también es mujer. Los hombres somos mujeres pero bravuconas, con ganas de gresca, un poco locas, como el señor Feraud de la novela El duelo, de Joseph Conrad. Miquel Nadal, que quiere ser alcalde, ha buscado un gancho para pescar votos porque se ve descalabrado en las encuestas, y no ha encontrado otro que prometer un alcalde para Establiments. La idea puede ser buena, sólo que no se nos ocurre cómo ponerle alcalde a una población que no puede votarlo. El alcalde de Establiments será un misterio como el del huevo y la gallina, no sabremos qué será antes, si el alcalde o la alcaldía. Nadal, tal vez, como buen ejemplar humano, pueda dedicar su parte femenina a gobernar Palma, que ya está acostumbrada a dejarse tratar por una mujer, y la masculina a Establiments, que está un poco alto y necesita la visión del terreno de un aviador.

 
   
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