MIQUEL SALOM. PAISATGES DES DE
L'INTERIOR.
Capella de la
Misericòrdia de Palma. Hasta el 9 de
abril.
ASUN CLAR/ CARLOS
JOVER
PALMA.- La capella de la
Misericòrdia, revistiendo de negro sus
paredes y techos, se ha convertido en una
singular cámara oscura para albergar los
últimos trabajos artísticos del fotógrafo
Miquel Salom (Mallorca, 1951). Se recrea
así un doble interior: el de la cámara
fotográfica y el del propio artista ya que,
como él nos dice, desde ahí se han gestado
los paisajes que se muestran.
Numerosos años de trabajo como
fotógrafo profesional avalan la gran
maestría técnica con la que resuelve cada
imagen. Tan sólo cuatro nos separan de su
primera exposición como artista, y en este
corto periodo su obra ha recorrido
territorios fecundos apoyados en motivos
variados: primero la naturaleza, presente
en las piedras de la exposición
Mons, (2004) y en los frutos en
descomposición de su exposición del 2006 en
Sóller; en esta muestra, aunque presente en
algún detalle, se prescinde de este
registro de una naturaleza que apuntaba a
lo simbólico para centrarse en
representaciones que apuntan a criterios
más estrictamente abstractos.
Una
estudiada composición, con formas de
incierta referencia, definidas por el juego
y el contraste lumínico, configuran unas
imágenes que se aproximan al juego formal
practicado desde procedimientos pictóricos.
La diferencia es el modo de confeccionar
estas formas sensibles. Salom conoce muy
bien cómo debe iluminar los objetos o los
tiempos de exposición a los que debe
someter a los objetos que retrata, y los
utiliza con gran pericia para crear unos
efectos tonales que, sorprendentemente, no
han sido manipulados por ningún programa de
creación de imágenes.
Los elementos
con los que trabaja mantienen su referencia
a objetos reales. Es posible distinguir
bolas de posidonia, gasa y papeles
transparentes o fragmentos de piezas
mecánicas. Esto los sitúa en un terreno
real invertido, ya que su semántica
pertenece a otro ámbito, comportándose como
ensoñaciones a mitad de camino de la
realidad. En este sentido la utilización de
la imagen fotográfica se asemeja a la que
realizaran los surrealistas, creando estas
nuevas percepciones no dirigidas a ningún
exterior perceptible, sino entresacadas de
visiones mentales. Es la fotografía, que en
palabras de Rosalind Krauss, se comporta
como «índice», al tomar la realidad como
representación y como signo.
El
acento puesto en la reproductibilidad de la
imagen como característica esencial de esta
técnica, es prácticamente eludida por Salom
al concebir cada obra como única (aunque
incluye una caja de artista con tiraje de
quince unidades de cinco obras),
recurriendo de nuevo a recuperar el aura
benjaminiana atribuida a las piezas
exclusivas.
Así pues, entre la
alternativa de explorar este terreno más
ligado a las pretensiones del lenguaje
pictórico, o incidir en profundizar en las
propiedades que son exclusivas del medio
fotográfico, se inclina a favor de la
primera. El cuidado exquisito por el
soporte y la impresión, y sobre todo, el
impacto de los efectos tenebristas del
contraste lumínico que las confunden con el
blanco y negro, (opción que queda
descartada con la presencia de detalle de
color), así lo confirman.