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  Jueves, 15 de marzo de 2007 Actualizado a las 01:48
 

EN VENA
Se busca héroe

ROMÁN PIÑA VALLS


En vísperas del estreno en los cines de 300, la película basada en el cómic de Frank Miller sobre la batalla de las Termópilas entre griegos y persas, les pregunto a unos chavales de 12 años si tienen algún héroe. Me imagino que me van a decir que sí, que Fernando Alonso, que Ronaldinho, que Jorge Lorenzo o que Rafa Nadal. Sin embargo me responden que no. Me huelo que no tienen muy claro qué es un héroe. Escarbo un poco y uno de ellos me dice que es «alguien que te salva de un peligro». Me extraña a bote pronto esta definición, pero luego entiendo que ha superpuesto sobre «héroe» la noción de «superhéroe». Superman, Spiderman o Batman han puesto el listón un poco alto. Les digo a estos chavales de 1º de ESO que los héroes son gente normal. Sin ir más lejos, por ejemplo, sus padres, los dos o uno de ellos, o él o ella, o sus madres, o sus padres adoptivos ambos machos y matrimonio homosexual, seguramente son héroes. Los chicos no son tontos y comentan en seguida, «claro, por aguantarnos».

Tolkien nos enseñó que para ser un héroe no hay que tener superpoderes, que una raza de pequeñajos como los hobbits pueden alcanzar gestas más altas que las que le suponemos a un apuesto guerrero. Un signo triste de nuestros tiempos es, como descubrimos por la encuesta improvisada a unos chavales de 12 años, la incapacidad de nuestra sociedad por descubrir y encumbrar a los verdaderos héroes de su tiempo. Normalmente protestamos por ver en un pedestal a héroes falsos. Ahora ni eso, porque se hace imposible el consenso para distinguirlos. El único que por estos pagos se me ocurre puede que sea Tomeu Català, recientemente reconocido con un Premio Ramon Llull. José Antonio Abellán, que pasó el lunes por Palma, a mí me parece un héroe. Para ganarse la vida a esas horas de la noche y en permanente contacto con la nata del fútbol, hay que tener más aguante que Frodo camino de Mordor. Un héroe no es un santo, es un tipo con claroscuros, con bajezas, como Ulises, pero también capaz de hacer algo grande. A veces hacemos héroes a personas completamente mediocres, cuyo único mérito es haber soportado un linchamiento social.

José Luis Núñez puede que nunca haya gozado de las simpatías de grandes masas. No lo tenemos por un altruista y un modelo humanitario, sin embargo en cuanto ha denunciado ante el juez a Barbie y a los consellers que aprobaron la venta de Can Domenge, se nos ha convertido en un héroe. Es un «héroe por accidente» como aquél que interpretó Andy García en una deliciosa comedia. Los que el sábado se manifestarán contra Matas por salvar Mallorca han renunciado a la heroicidad que se les pone en bandeja: la de intentar separar ecología e izquierda. Como si las grúas y el PSIB no tuvieran una larga y estrecha amistad.

 
   
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